Las inquietudes y miedos privados de David Bowie

Una de las úñtimas fotos de Bowie, hecha por su esposa en su cumpleaños, dos días antes de morir.jpg

Una de las úñtimas fotos de Bowie, hecha por su esposa en su cumpleaños, dos días antes de morir. 

Por CARLOS DEL RIEGO

Para los aficionados y conocedores del rock clásico, el mes de enero siempre estará asociado a David Bowie, pues en él nació y murió. El singular artista británico, del que se ha tratado extensamente en todas partes, ya fuera sobre su obra o su vida, dejó mucho más que música, pues su influencia fue bastante más allá de lo estrictamente musical. Pero esto es más que sabido por todo el que tuviera el mínimo interés. Sin embargo, la vida de Bowie dio para mucho más, incluso para una cara menos encantadora y menos conocida.

Como ocurre siempre, los años de un personaje de alcance, como es el caso, tienen mucha más vida que lo que queda en el imaginario popular. David Bowie, muerto en 2016 dos días después de su 69 cumpleaños, tiene muchas imágenes, muchas personalidades, pero algo que no cambió jamás fue su encanto, su clase, ese estilo único, esa presencia  poderosa con la que siempre complementó sus creaciones artísticas. Esto es lo que viene inmediatamente a la cabeza cuando se menciona su nombre. Pero también estuvo expuesto a desgracias y miedos de lo más común.

Una de las características de Bowie fue su facilidad para cambiarse a sí mismo, algo que tal vez tenga que ver con los antecedentes médicos de su familia. Según uno de sus biógrafos (M. Spitz), su madre (Peggy) manifestó síntomas de enfermedad mental, y “la esquizofrenia parecía estar arraigada profundamente en su código genético”. Al parecer, la madre de Peggy y abuela de Bowie, Margaret, fue una mujer cruel que descargaba todas sus frustraciones con quienes la rodeaban; otra tía de Bowie, Pat, dijo que su madre “fue una mujer muy fría, en ella no había amor”. Esos antecedentes fueron potenciados por los bombardeos nazis sobre Londres desde 1940 (y la posibilidad de que invadieran Inglaterra), de manera que las conductas desequilibradas de Peggy y sus hermanas parecieron multiplicarse desde entonces. Con todo esto, no extrañará que David Bowie sopesara más de una vez la posibilidad de tener agazapado el demonio de la enfermedad mental. Por otro lado, también se ha dicho que su continuo cambio de personalidad fue lo que desactivó sus posibles genes esquizofrénicos.

David Bowie tuvo un hermanastro, Terry, que nació fuera del matrimonio. En aquellos años eso era causa de vergüenza, así que fue entregado a la abuela Margaret, quien trató al pequeño Terry de un modo terrible física y emocionalmente. Aun niño volvió con su familia, surgiendo entre él y David  verdadero sentimiento fraternal; se asegura que fue Terry quien despertó en David la pasión por la música y la poesía. De todos modos, el desequilibrio mental de Terry iba en aumento; al estallar la guerra se alistó y sirvió en la RAF. Ya en los años sesenta, David y Terry fueron a ver a un nuevo grupo llamado Cream, pero el exceso de sonido desquició a Terry; salieron del local y Terry le contó a su hermanastro que acababa de ver cómo manaba fuego del suelo, y que tenía visiones de ese tipo a menudo. La cosa fue a peor, con Terry entrando y saliendo de hospitales siquiátricos hasta que, en 1986, se tiró al tren cuando tenía 47 años. David siempre temió que le ocurriera algo así.

Más allá de lo estrictamente musical Bowie también fue un pionero en cuanto a la sexualidad y la libertad sexual, pues ya en los setenta jugaba con la ambigüedad, dejando en el aire su condición. Se declaró gay en 1972, cuatro años después afirmó ser bisexual y, ya en 1993, dijo ser totalmente heterosexual. Sea lo que fuese, siempre le encantó dejar dudas, mantener la incógnita, el misterio…Era parte de él.

Otro distintivo del creador de Ziggy Stardust fue el diferente aspecto de sus ojos. Es sabido que se peleó con un amigo en su adolescencia por causa de una chica (Bowie estropeó una cita entre ellos a propósito), y que recibió un puñetazo en el ojo izquierdo que rasgó los músculos oculares, de modo que esa pupila permanecería permanentemente dilatada (afección llamada anisocoria). Esa peculiaridad en sus ojos aumentó el misterio, el encanto.

Como una gran parte de los músicos de su generación, no se salvó de caer en la trampa de la droga. Según otro especialista (P. Dogget), “la cocaína fue el combustible de la maquinaria de la industria musical de los años 70”. Al parecer, la usaba para mantenerse despierto, para pasarse en vela toda la noche o días enteros, trabajando o divirtiéndose. Sin embargo, trataba siempre de no colocarse hasta para perder el control, sobre todo cuando estaba en el escenario; a pesar de ello hubo conciertos en que olvidaba parte de una letra, entonces, según el guitarrista Carlos Alomar (que también acompañó a Jagger, Lennon, McCartney…), cuando Bowie parecía perdido era él quien dejaba de hacer el coro para convertirse en solista momentáneamente, hasta que David recuperaba el paso. Pero eso no fue lo peor, ya que la coca despertaba en él los problemas mentales y el propio temor a padecer “la maldición familiar”, como decía su abuela Margaret; incluso hubo momentos en que combinó coca y anfetas, lo que a punto estuvo de conducirle a la demencia; él mismo dijo en 1975 “veo demonios del futuro en el campo de batalla del plano emocional”…, no parece que entonces estuviera en su mejor momento. Afortunadamente se mudó a Berlín y dejó el polvo.

La coca también le condujo a soltar disparates y desvaríos. En esos locos setenta del siglo XX Bowie se dejó decir enormidades como “creo en el fascismo; lo único que puede proporcionar progreso es una derecha dictatorial” (1976). Igualmente dijo que sus cualidades eran “muy arias”. Comparó a Hitler con una estrella del rock, como un Mick Jagger, aunque “sólo por el modo de seducir al público”. Famosa es su foto en una estación de tren de Londres en la que parece hacer el saludo fascista… Cuando por fin se liberó de la droga y recuperó la cordura se desdijo de todo ello, señalando que entonces estaba “bajo atadura física y emocional”, tanto que llegó a dudar de su cordura. La cosa no es extraña, ya que se da en los adictos la psicosis de la cocaína, que cursa con alucinaciones, desvaríos de todo tipo, percepción distorsionada de la realidad, delirios…, como cuando un borracho no sabe lo que hace y dice.

Cuando peleaba por los derechos de autor y convencido de que la propiedad intelectual podía ser saqueada sin problemas, en 1997 tuvo la idea de emitir acciones sobre sus discos (otros le imitaron); así, guiado por un financiero, emitió los ‘Bowie Bonds, con los que ingresó millones y repartió beneficios entre sus ‘accionistas’. Pero ese mundo de las finanzas es muy voluble e imprevisible; la discográfica Emi sufrió pérdidas millonarias, sus acciones se desplomaron y fue comprada por otra empresa. Los ‘Bowie Bonds’ se liquidaron a precio de saldo diez años después.

Sus últimos conciertos (sin contar apariciones esporádicas, benéficas o como invitado) fueron en junio de 2004. En Praga se sintió mal y dejó el escenario antes de tiempo, y dos días después, en Alemania, volvió a irse al notar que algo iba mal, pero no llegó al camerino por su propio pie. En el hospital le detectaron graves problemas de corazón y circulación, así que fue operado de urgencia. Se lo tomó con calma y no volvió a la acción hasta 2013, cuando publicó su Lp ‘The next day’, su penúltimo disco, pero sin gira de conciertos. Al poco le dieron la peor noticia, tenía cáncer de hígado. Cuando presentó su disco, ‘’Blackstar’ (2016), asustó a todo el mundo al llegar sin pelo ni cejas a causa de la quimio. Como siempre, sus problemas particulares eran suyos exclusivamente y, por eso, nadie fuera de su círculo más cercano sabía nada. El disco trata asuntos tan trascendentales como la muerte o el más allá. Su eterno productor, Tony Visconti, al ver de qué iban las canciones le dijo “estás haciendo un disco de despedida”; Bowie asintió y le pidió, al igual que a los músicos, ingenieros y técnicos, que no dijeran nada acerca de su salud. Lo último que quería era dar lástima.

En las semanas previas a su fallecimiento grabó las maquetas de cinco nuevas canciones, asombrando a Tony Visconti. Y apenas unos días antes de morir Bowie le dijo al productor que se sentía tan bien que iba a grabar un álbum más. No tuvo tiempo.

Visita el blog de Carlos del Riego.

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