Recordando a Miguel Cordero del Campillo, científico, humanista, político y ciudadano comprometido con las libertades

Miguel Cordero del Campillo.

En la madrugada del miércoles 12 de febrero de 2020 falleció, a los 95 años, el ex rector de la Universidad de León Miguel Cordero del Campillo (Vegamián 1925 – León 2020), veterinario de formación, pero también científico, humanista, profesor, ensayista y político independiente. Además de una eminencia en el campo de la parasitología animal, como ciudadano Cordero del Campillo fue un luchador por las libertades y una bellísima persona. Como muestra, rescatamos esta anécdota reveladora:

Carlos Pérez Alfaro, uno de los fundadores de la revista de poesía FAKE, ha recordado este 12 de febrero al catedrático Miguel Cordero, en las redes sociales, con el folio que se puede ver junto a estas líneas (el primero de siete folios de firmas) y estas palabras:

“En 1970, siendo Miguel Cordero del Campillo decano de la Facultad de Veterinaria, firmó, junto a 151 personas más, una petición dirigida a la Capitanía General de la VII Región Militar para que mis camaradas y yo, presos políticos, fuéramos puestos en libertad condicional. Todos los firmantes fueron visitados por la Brigada de Investigación Político-Social. Agradecido”.

El primero de los siete folios de firmas (1970).

La historia se remonta a 1968, cuando seis jóvenes leoneses, obreros y estudiantes de entre 17 y 24 años —Gerardo Gutiérrez, Carlos Pérez Alfaro, Wenceslao B. Rodríguez, Matías Martínez, Isabel ‘Chabe’ Serrano y José Luis Gavilanes Laso—, fueron detenidos, procesados por el Tribunal de Orden Público (TOP) y sometidos a consejo de guerra por “subversión”. El motivo: grafitear su rebeldía contra el régimen dictatorial franquista en la columna trajana (o “columna dori-cojónica”, como la denominó Victoriano Crémer en su día) erigida en la plaza de San Isidoro, y a punto de ser inaugurada en homenaje a los orígenes romanos de la ciudad de León. Después de la pintada, los seis jóvenes (los “niños de Mao”, como les llamaba la policía) se subieron al andamio que protegía el monumento y lo remataron colocando arriba una bandera roja y retrasando su inauguración (antes hubo que limpiarlo de las pintadas), lo que cabreó bastante al régimen. Tras ser detenidos, como contó en su día la periodista Ana Gaitero en el reportaje “El 68 leonés, entre rejas”, aquellos jóvenes sufrieron más cárcel que la estipulada en 1970 en la sentencia militar (“Isabel Serrano y José Luis Gavilanes estuvieron menos tiempo en prisión gracias a tener familiares del régimen”, recuerda Carlos P. Alfaro).

No toda la sociedad leonesa miró hacia otro lado en aquel entonces. Como se puede comprobar en el primer folio reproducido sobre estas líneas, Miguel Cordero del Campillo, Antonio Gamoneda, José Castro Ovejero, Andrés Suárez, Justino Burgos, Eduardo Zorita, Luis Saenz de la Calzada, Lucio García Ortega, María Manoja, Alejandro Vargas, Antonio López-Pelaez, Agustín J. Tomé, Belén Martínez, Amalia Trapiello, Marcela Trapiello, Pablo de la Varga, Jesús del Riego, María Isabel Urueña, Manuel Jular, Maribel Pérez Alfaro, Manolo Nicolás, Hernando F. Calleja, José Manuel Gonzalo… fueron algunas de las 152 personas valientes que estamparon su rúbrica para denunciar la situación de cuatro de los seis jóvenes procesados, que en ese momento llevaban ya un año encarcelados, y para pedir que fueran puestos en libertad condicional, apelando al sentimiento humanitario. (La totalidad de los nombres de los firmantes se publicó en su día en el periódico “Resistencia”).

Calos P. Alfaro comenta que “Miguel Cordero fue uno de los primeros a quienes se les dio a firmar la petición, para que se animaran otros profesores. Me lo contó Manolo Jular, que en muchos aspectos era mi memoria histórica”.

¿Qué pasó después? “Tardaron unos meses en excarcelarnos y cuando lo hicieron nos pusieron en prisión atenuada (arresto domiciliario, sin poder salir del edificio porque había un policía de vigilancia), hasta la celebración del Consejo de Guerra, que fue en el cuartel de Almansa”, recuerda Carlos P. Alfaro. ¿Y luego? “Nos fuimos de León. Yo llevaba a menudo un policía detrás, por lo que evitaba saludar a la gente que conocía, para no crear problemas. Nos hostigaban y nos fuimos”, añade.

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Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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