Alquimí paradójico

Alquimí paradójico.

Por LUIS GRAU LOBO

A veces un nombre magnífico no significa nada. Saboréenlo: octosílabo, una aguda y una esdrújula, una palabra inusual, otra rara. ¿Qué es un alquimí? ¿Quién querría ser alquimista pudiendo ser alquimí? ¿Qué es un alquimista paradójico? ¿Alguien que desprecia el oro? El alquimí paradójico es un ratoncillo narigudo con zarpas al final de unas patas lampiñas. A veces parece sonreír y otras que amenaza con una fiereza algo cómica. Pero cuidado, es venenoso. Que se sepa, el alquimí paradójico no ha hecho nada por tener ese nombre tan pomposo, sacado de un cuento de hadas. Esta aparente musaraña solo vive en La Española, una isla antillana famosa en la geografía de los viajes históricos, que le otorga otra denominación no menos prosopopéyica: solenodonte de La Española, hispaniolo o hispánico. Tiene familia en Cuba pero no se hablan, algo muy hispánico. Algunos naturalistas barruntan que el alquimí ni siquiera es paradójico. En realidad, nadie sabe a ciencia cierta qué paradojas esconde tras su aspecto modesto y noctámbulo; y de tan feo y hosco, si no fuera por su tamaño, habría quien lo creyera fugado de una fábula sobre criaturas atroces enemigas de la humanidad. Como a tantos otros, se le juzga por su aspecto, cuando en realidad la humanidad le amenaza a él. Quizás eso sea lo más paradójico. El alquimí es una criatura tímida, esquiva, ajena a lo que se espera de su nombre. Ese retraimiento, cierta aspereza de modales y su predilección por lugares tranquilos le han puesto en la tesitura de desaparecer. Se le ha dado por extinguido antes, pero reapareció (¿otra paradoja?). También debe decirse que en cautividad se vuelve más agresivo que en libertad. En libertad es un maula. En efecto, el alquimí es paradójico. Y parabólico. Como los seres humanos.

Hay que tener en cuenta, por otra parte, que hablamos de un mamífero. Un familiar. De hecho, el alquimí es uno de los mamíferos más antiguos aún vivos, casi un fósil. Llegó a convivir con los dinosaurios y, después del famoso meteorito o de lo que fuera, les sobrevivió. De cierto modo debemos a parientes lejanos como el alquimí nuestra existencia actual. He ahí otra paradoja: nos dio cancha y acabamos con él. Quizás la paradoja seamos nosotros.

Otro día hablaremos del pangolín. O del desmán de los Pirineos ¿Quién necesita unicornios? Porque ¿no querrán ustedes hablar sobre el que dijo que la eutanasia servía para ahorrar dinero al Estado, o de la que distingue quién parece catalán, o de los que vetarían las enseñanzas que se imparten a sus hijos, o de las trampas de las eléctricas para desvalijarnos más, o de la nueva enfermedad que crece día a día, o de las empresas de móviles que no atienden cuando se les llama, o de las mesas de futuro y las apuestas por esta tierra, por tantas tierras solas? ¿A que no quieren? Sería paradójico, hoy, en domingo.

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 16 de febrero de 2020,
en una serie llamada “Las razones del polizón”)

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