Desde mi celda (3)

© Ilustración: Avelino Fierro.

El autor de “Querido diario” y “Calendario” se adentra aún más, con esta tercera entrega, en su nueva sección, de carácter epistolar, que ha titulado “Desde mi celda”, y que se extenderá durante los días que duren las medidas de contención del coronavirus —que recomiendan y obligan a los ciudadanos a permanecer en sus casas, con el objetivo de reducir al mínimo las posibilidades de contagio, y que han desembocado en la declaración del “estado de alarma, con el fin de afrontar la situación de emergencia sanitaria provocada por el coronavirus COVID-19, en todo el territorio español”—.

Por AVELINO FIERRO

Domingo, día 15. Hola Cristina, gracias por enviarme estas preguntas por escrito; me parece que esa entrevista para el periódico tomando un café –o dando un paseo por la ciudad, como hicimos la vez anterior– la tendremos que aplazar. La primera pregunta creo que está contestada en la entrevista que me hizo Juan Cruz para El País. Ahí cuento cosas sobre mi trabajo y la importancia de la lectura. Vamos con la segunda.

Pregunta.- Hablas del olor de los que se suben al tren. Dependiendo de donde vengan huelen o no a rancio. Lo has escrito antes de ver Parásitos, supongo. ¿A qué estamos predestinados los de León? Aunque, bien pensado, tengo que decirte que, si sigo el rastro que has dejado, lo correcto sería decir: dime dónde te has nacido literariamente y te diré dónde estás predestinado.

Respuesta.- Otra pregunta genérica, enrevesada, “transversal”… Es imposible contestar corto. ¿Te hablo de viajes en tren, de la provincia, del Grenouille de El perfume, de mi forja de plumífero, como decía Ferlosio?

Yo escribo mucho en los trenes; allí se desata la escritura, saco las cuartillas y no paro; el pretexto puede ser una luz, una viajera con vaqueros rotos, un olor. Los trenes y estaciones, el humo de las locomotoras, el silbato bajo la bóveda de cristal y hierro de las estaciones siempre ha sido muy sugerente, muy plástico. La pintura moderna nace con aquel cuadro, El ferrocarril¸ de Manet. Azorín tiene páginas muy hermosas acerca de esto. Hace poco he leído el Viaje a Rusia de Pla y habla del bosque y del tren. Y en dos de los poemas que más me gustan de Larkin, aparece el tren directa o indirectamente. Y está ese libro de Pablo Andrés Escapa, Voces de humo

Todos los que escribimos nos resistimos a abandonar la infancia. Y en la mía, la imagen desde el balcón de casa era la de unos prados con ropa tendida a veces, un reguero grande y las vías del tren. Casi me pongo nervioso todavía hoy al recordar las barbaridades e imprudencias que cometíamos a su paso, o cómo poníamos el oído en los raíles como veíamos que hacían los exploradores indios en las películas del Oeste.

Ortega habla de la afinidad entre lo más íntimo del escritor y una porción de universo, de la “razón topográfica”. La mía anda por esos parajes y luego se traslada más hacia el centro, a las calles de la ciudad. Pero da igual qué ciudad sea –esto lo dije ya en una entrevista para un periódico astur leonés–; lo importante es crear un espacio simbólico que sirva para trascender lo concreto o lo temporal. Ahí están Macondo, Santa María o Celama. Aunque ya sé que eso sirve para la ficción: escribiendo diarios estás más obligado por la verosimilitud y te tienes que sujetar más al terreno.

Yo amo a esta ciudad, porque amo a alguno de sus habitantes –esa es una frase a la manera de Durrell–, pero no tengo el gen del localismo. Si lo cuentas bien da igual el territorio, ¿no? El maestro Pereira hablaba del Noroeste, de la literatura de las ciudades de Poniente, una región con fronteras modeladas por la escritura. Abarcaba una de parte de Portugal, la Galicia de Cunqueiro, la Vetusta de La Regenta de Clarín, la Sanabria de San Manuel Bueno, El Bierzo y Astorga. En León lindaba con el Torío para que quedase dentro la catedral. En todo el Poniente –decía–, las tardes tienen una lumbre que les falta a las mañanas; lo decía mientras veía a un pastor y su rebaño en un atardecer en la planicie de Camposagrado.

A.

Un Comentario

  1. Fermín Gallego

    Gracias por esta literatura de vida interior que ayuda a sobrellevar nuestra vida cotidiana de reclusión solidaria.

    Fermín Gallego

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