Las siete maravillas del mundo leonés / #9 / E la nave va

Por LUIS GRAU LOBO

Antecedentes. Con fecha 13 de diciembre de 2018 tuvo entrada en este registro administrativo la solicitud de la Junta vecinal de Caramillo del Calvario que instaba a la reparación o sustitución del canalón existente en la pared oriental exterior del denominado ‘claustro’ en el edificio monástico de San Miguel de las Cinco Estrellas, Bien de Interés Cultural declarado con fecha 27 de septiembre de 1931, petición inscrita con el número de expediente 5366/2018. Según consta en la solicitud, es probable pero no seguro que el conducto de desagüe se haya caído en fecha indeterminada como consecuencia de falla de agarre a la cornisa por ausencia de mantenimiento, hecho coadyuvado por las copiosas precipitaciones de las últimas semanas. Desplazado el técnico de este Servicio de Auspicio Monumental y Adobo de las Bellas Artes al lugar de los hechos, informó de manera favorable sobre la reparación con la prescripción: «se deberá instalar una bajante de aspecto acorde con la singularidad del edificio, en cobre dorado y refulgente». Con fecha 25 de febrero de 2019, se aprobó informe de proposición en la Comisión Provincial de Intercesión Monumental y Demás Averías. Previamente al mismo, el Perito en Lunas de la Dirección General de Presunciones visitó la zona para comprobar la existencia de elementos a proteger o que pudieran ser afectados por las obras de reposición del dispositivo citado en pared tan ruinosa como antigua.

El pasado 25 de noviembre de 2019, el expediente 245/2019 de contratación de la bajante en cuestión fue objeto de reparo por la Intervención Delegada a causa de un defecto formal consistente en la elección de un modelo no homologado. Dicho defecto ha sido subsanado mediante informe técnico del señor aparejador municipal que se adjunta, suscrito el 12 de marzo de 2020, en que propone uno exactamente igual, pero con sello distintivo. Se encarga a la empresa Hermanos Melón.

Hechos. Ha madrugado más que de costumbre porque ha recogido uno de los canalones en un almacén lejano. Está de mal humor, así que para en la cafetería de siempre, tira de mascarilla en la puerta y fuma, ahora que no le ve nadie conocido. Después entra y se toma un carajillo antes de que apriete el calor. La cosa mejora. Aparca en la misma tapia del convento, baja de la furgoneta y carga el canalón. Pone la escalera y lo encaja y clava enseguida aprovechando los huecos del anterior. En cuarenta minutos acaba. El de su cuñado le llevará más, piensa, es muy pejiguero con su chalé. Ya conduciendo se percata de que se ha equivocado de canalón, ha colocado el de PVC en el monasterio. Da igual. Seguro que a su cuñado le gusta el dorado. No sabe cuál de los dos es peor negocio. Cuando cobre el de la administración ya no recordará por qué le pagan. Su cuñado se lo paga con la barbacoa del domingo, pero él tiene que llevar la bebida.

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 30 de agosto de 2020,
en una sección de verano titulada “Las siete maravillas del mundo leonés”)

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