Ramón Villa retoma sus signos de identidad en el Mihacale de Gordoncillo

‘Retornos’. Ramón Villa.

El Museo de la Industria Harinera de Castilla y León (MIHACALE) situado en la localidad leonesa de Gordoncillo acoge a partir de este fin de semana y hasta el 31 de diciembre una exposición del artista leonés Ramón Villa. Bajo el título ‘Retornos’, propone un amplio recorrido por su obra, formada por escultura, pintura y serigrafía. “Regreso al proceso creativo retrocediendo a mis primeros gestos, a mis signos de identidad”, explica en el texto de presentación de la muestra. Se inaugura este sábado 26 de septiembre, a las 18:00 horas.

Ramón Villa (1949) lleva más de media vida volcado en la creación. La escultura fue el motor de una trayectoria de más de cincuenta años y de esa etapa quedan testigos silenciosos en la ciudad, como los grupos escultóricos de RENFE y de la Universidad de León. Una primera exploración que le conectó más allá del volumen y las formas con la pintura. Disciplina a la  que dotó de un sello personal, con el foco puesto en la materia y la gestualidad, y a la que ahora mira para recobrar aquellos primeros impulsos, como él mismo reconoce. Y de ahí a la ilustración y la serigrafía. Ha realizado murales, carteles, libros gráficos…

Desde su primera exposición en 1970 ha participado en centenares de muestras individuales y colectivas. Y ha sido reconocido con premios como la ‘Medalla de Oro en el XX Certamen Nacional de Pintura de Luarca’ o el premio ‘Integración Cultural 2000’ de Montevideo.

Sobre esta exposición, que cuenta con 36 obras, el artista leonés explica que resume su retorno “regreso al proceso creativo retrocediendo a mis primeros gestos, a mis signos de identidad”.

Reproducimos el texto de Ramón Villa que acompaña a la muestra en el MICHACALE.

‘RETORNOS’

Cuando llevas más de cincuenta años dedicado a la creación artística, te das cuenta de que tu vida es como un palimpsesto, ese manuscrito en el que se vive sobre las huellas de una escritura anterior.

Los carteles, trípticos y catálogos de mis exposiciones se pegan unos sobre otros en mi memoria, formando capas, texturas, sustratos sobre los que crecer, con fechas de muestras, conferencias, coloquios, premios…

Suma curricular de mi propia historia artística, personal y familiar. Recuerdos de toda una vida que me ha enseñado a comprenderme, a tolerarme…

Me siento como el “uroboro”, ese dragón o serpiente que se come su propia cola. El ciclo eterno de las cosas, su naturaleza, “el eterno retorno”. En ese instante presente en el que estás a punto de rematar una idea y esta se rompe, obligándote a comenzar de nuevo. Un círculo cerrado donde el principio y el final siempre se reencuentran.

Conceptos y formas que vuelven a mí y se plasman en mi obra, una y otra vez a través de los años y a pesar de las acciones para impedírselo.

Regreso al proceso creativo retrocediendo a mis primeros gestos, a mis signos de identidad, y en cada reinicio se irán puliendo defectos que acercarán mis obras a la inexistente perfección.

El esfuerzo inútil…

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