El cristianismo, que lo llamó ‘música demoníaca’, contribuyó al nacimiento del rock

Las congregaciones protestantes estadounidenses se revolvieron contra el rock, y eso que algunos pioneros surgieron en sus iglesias.

Por CARLOS DEL RIEGO

A pesar de que Estados Unidos instauró la primera verdadera democracia, siempre ha tenido una parte de población muy retrógrada, muy reacia a cualquier cambio que se enfrentase a sus herméticas y agarrotadas opiniones, como demuestran los ‘trumpistas’ que asaltaron el capitolio. Esa parte puritana de la sociedad estadounidense se movilizó en su momento contra algo tan peligroso como el rock & roll, al que acusaron de demoníaco, aunque las iglesias protestantes contribuyeron a su nacimiento.     

Nunca se sabe cómo responderá la persona o el grupo ante una novedad, por eso tampoco puede extrañar que la sociedad estadounidense (la primera que se ‘enfrentó’ al rock) se llevará una tremenda impresión cuando apareció esta música tan…, distinta. El sonido era muy grueso y agresivo para oídos sensibles y los cantantes eran muy descarados, vestían de modo extravagante y mostraban peinados nunca vistos; además, las letras y los bailes resultaban insinuantes y sexualizados; y a ello añadían que este tipo de artistas llevaban muy mala vida. Por ello, muchas asociaciones cristianas de Estados Unidos se revolvieron contra el rock. Sin embargo, lo más curioso es que algunas de las primeras estrellas del rock surgieron precisamente de las iglesias. 

Un historiador del rock & roll, Randall J. Stephens, afirma que las canciones que se cantaban durante los oficios religiosos en las congregaciones protestantes fueron “fundamentales para las primeras generaciones de grandes estrellas del rock”. Y así es: Jerry Lee Lewis, Little Richard, Elvis, Johnny Cash, James Brown, Aretha Franklin y muchos otros grandes nombres que construyeron los cimientos del rock (y otros estilos afines) ‘debutaron’ en la iglesia, y lo que allí aprendieron fue esencial para su posterior carrera como cantantes, algo que todos ellos han reconocido con agradecimiento; por ejemplo Elvis, cuyas primeras ‘actuaciones’ fueron en la congregación de la Primera Asamblea de Dios de Menphis, siempre destacó lo importante que fueron para él las cuartetos vocales, blancos o negros, que cantaban en esa iglesia, y explicó que él cantaba “como ellos, pues siempre me gustaron los cuartetos espirituales, que cantan así”.

Entonces, ¿por qué los cristianos protestantes de los cincuenta reaccionaron con repulsa contra la nueva música? Una respuesta sería que sintieron que esos nuevos cantantes se habían apropiado de modo irreverente de ‘su’ música y de lo que habían aprendido en ‘su’ iglesia; así, pentecostales, presbiterianos y similares acusaron a Ray Charles de blasfemar cuando trasladaba la música sagrada a los escenarios indignos de acogerla, o sea, afirmaron que Ray había secularizado la música santa que sólo debía cantarse en la casa de Dios. Es más, algunos denunciaron que el rock había “robado la música a la Iglesia y la había pervertido”, hasta convertirla en “música demoníaca”. Y luego está el racismo, que entonces era común en Estados Unidos, de modo que como casi todos los primeros músicos de rock eran negros, las congregaciones blancas del sur (las más activas y racistas) gritaban que el rock “es música de la jungla, ritmos tribales, puro salvajismo”. Otros, sin embargo, dijeron que lo que había hecho Ray era combinar el blues con el espiritual, el góspel, o que Aretha Franklin sólo había cambiado ‘Jesús’ por ‘baby’ (nena-nene).

También contribuyó a las primeras reacciones en contra del rock & roll la actitud desafiante ante las normas y el desprecio a la autoridad que aparecían en los versos de las canciones, llenos de mensajes “que pervierten a los jóvenes”. Ayudó a esta opinión el nacimiento del fenómeno fan con The Beatles; primero ridiculizaron su corte de pelo, “afeminado”, y sus trajes ajustados, pero luego se escandalizaron al ver la histeria que, primero con Elvis y luego con ellos, producía el rock en la juventud, de modo que los puritanos (y no pocos católicos) estadounidenses de los cincuenta se convencieron de que el rock estaba siendo un sustituto de la religión, pues los chavales compraban y escuchaban discos en lugar de leer La Biblia e ir a la iglesia, e incluso parecían ‘adorar’ a los Beatles… Aquello fue visto como algo intolerable.

Hoy todo aquello parece de risa, aunque el rock sigue manteniendo un punto de rebeldía, sobre todo el de sus décadas doradas. Pero lo mejor es que las guitarras eléctricas han entrado en las iglesias, e incluso hay canciones rock que, debidamente adaptadas, se han incorporado a la música que se canta durante los oficios, como el ‘Blowing in the wind’ (1963) de Dylan.

Resulta sorprendente y contradictorio que el rock, que nació en tugurios de mala catadura entre humo, drogas, peleas, licores, mujeres, juego, vicio y perdición (como describe el clásico ‘La casa del sol naciente’), también le deba parte de su génesis a los oficios dominicales. Claro que, tal vez, a ese presunto antagonismo se deba su encanto.

Visita el blog de Carlos del Riego.

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