Phil Spector, artista genial, persona despreciable

Spector con Lennon, al que también le sacó la pipa.

Por CARLOS DEL RIEGO

Hace unos días murió Phil Spector (en la cárcel a causa del Covid 19), uno de los compositores y productores musicales más innovadores, influyentes y exitosos del siglo XX. En él coincide  la dualidad formada por la genialidad artística y la perversión humana, dicotomía que tantas veces se ha visto a lo largo de la Historia.

Todo el que tiene un mínimo interés por la música rock y derivados sabe de Phil Spector, de sus visionarios ‘inventos’ sonoros, de su magia en el estudio de grabación…, y también de la actitud irascible, colérica y violenta que lo volvía absolutamente odioso. Varias veces se ha visto esta duplicidad, este Jekill y Hide en el terreno artístico y literario (Voltaire, Paul Verlaine, Rousseau, James Brown…), por lo que ya no puede sorprender que el talento y la maldad coincidieran en Spector.

Expresiones como ‘muro de sonido’, superposición de capas sonoras o saturación de tonalidades y texturas siempre se asocian al productor neoyorquino. Es innecesario mencionar a todos los que aprovecharon su talento para tocar el éxito, ni las más de dos docenas de álbumes, los más de cincuenta singles que produjo (o compuso) y los incontables éxitos que, de un modo u otro, llevan su nombre; baste recordar que apenas tenía 21 años cuando ya había ganado su primer millón de dólares. Y tampoco hace falta enumerar los cargos y acusaciones que a lo largo de su vida lo llevaron ante la justicia, hasta que fue condenado por asesinato en 2009 y encarcelado hasta el pasado 21 de enero, cuando lo sacaron con los pies por delante.

Quienes trabajaron a su lado no lo olvidarán jamás, tanto por su lucidez artística como por sus inclinaciones violentas. Según cuentan algunos de los ingenieros y técnicos de sonido que trabajaron a su lado en los años sesenta, cuando hizo aquello tan viejo de grabar tres guitarras (o tres pianos) con sonido diferente y superponerlas, los profesionales del estudio pensaron que ese recurso era viejo, vulgar y facilón; sin embargo, cuentan, él cogía las grabaciones, las retocaba y manipulaba, y luego las mezclaba y difuminaba de un modo tal que resultaba imposible separar el sonido de una guitarra del de las otras, quedando una sonoridad diferente, impactante, muy diferente a la simple superposición de instrumentos. Y podía mezclar y remezclar una y otra vez, horas y horas, y cuando todos creían que ya estaba satisfecho decía que no le gustaba y que había que volver a empezar.

Pero también eran constantes sus reacciones coléricas; casi todos los que trabajaron con él coinciden en que experimentaba unos desconcertantes cambios de humor, de modo que por cualquier nimiedad pasaba de ser un tipo alegre y amistoso a un energúmeno gritón, amenazante, tiránico y rencoroso. Más que conocidas son las rabietas que le llevaron a tirar de pistola, como cuando se la sacó a Ramones o a Leonard Cohen, cuando pegó su frente a la de Lennon y se puso a disparar al techo… Y a ello se añaden las incontables denuncias por maltrato y abusos que presentaron casi todas sus novias y esposas.

En la parte artística no todos quedaron satisfechos con su trabajo. Así, Dee Dee Ramone (tal vez el más músico del grupo) explicó que el tipo hacía verdadera magia con las piezas lentas (el clásico ‘Baby I love you’ fue el tema más vendido de Ramones) e incluso con los medios tiempos (como ‘Danny says’), pero que con los temas rápidos no lo tenía tan claro.

Por su parte, Paul McCartney quedó muy decepcionado con el trabajo de Spector en el álbum ‘Let it be’, sobre todo con su ‘The long & winding road’. El beatle la había concebido para ser interpretada con piano, percusión suave y poco más, y sin embargo, Spector le añadió toda una orquesta. En cuanto tuvo ocasión, Paul editó la versión ‘desespectorizada’.

Como ‘atenuante’ a su personalidad Hide puede apuntarse un hecho tan terrible como que su padre se suicidara cuando él tenía nueve años; y también su tremenda adicción al alcohol y las drogas, que durante los años 70 lo llevó al descontrol total y a una especie de pasión por las armas de fuego (dicen que incluso cuando hablaba por teléfono hacía escuchar a su interlocutor cómo amartillaba el arma). El caso es que, por diversas causas, eran muy frecuentes sus arrebatos de ira salvaje.  

Al morir, con 81 años, Phil Spector era un hombre muy rico. Era propietario de un extenso listado de canciones de muy diversos artistas, como el ‘Let it be’, ‘Be my baby’, ‘Unchained melody’ o el ‘You`ve lost that loving´ feeling’ (el tema más reproducido del siglo XX en sus muchas y muy diversas versiones); sólo las dos últimas han generado más de cien millones de dólares, por lo que es fácil deducir que cada año ingresaría verdaderas fortunas. Tuvo que pagar millones a sus ex esposas, entregarles mansiones, automóviles de gran lujo, su avión privado…, y alrededor de un millón al año en abogados, y más aún para los que lo defendieron en el juicio que lo llevó definitivamente a la cárcel.

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