JAVIER CODESAL: “El lugar en el que sitúo los cuerpos de los actores cumple la función de un espejo adonde yo miro”

Javier Codesal.

Por CAMINO SAYAGO

Más conocido por su faceta como videocreador, acaso más que como fotógrafo y poeta, Javier Codesal es un referente para entender el arte audiovisual en España. Fue pionero con un trabajo apuntalado por temas muy diversos, como el paso del tiempo, la memoria, la incomunicación, la pérdida y la muerte, lo real y el deseo. En su último proyecto, ‘Evangelio mayor’, que se presenta este 18 de marzo en el Domus Artium DA2 de Salamanca, aborda el  envejecimiento y la enfermedad en el contexto de las personas LGTBIQ+. Una película, una serie fotográfica y una pieza mural componen la partitura de este trabajo que le condujo a la residencia pública para mayores Josete Massa (Madrid), primera en su género en el mundo, para ahondar en el imaginario de este colectivo.

La película, de dos horas y media de duración, es uno de los ejes sobre los que gravita este actual proyecto de Javier Codesal  (Sabiñánigo, Huesca, 1958), rodado en gran parte en la residencia Josete Massa para mayores LGTBIQ+ de Madrid, justo durante la reforma del edificio previa a su puesta en marcha, entre 2019 y 2020. Y ha sido posible gracias a la Fundación La Caixa que se ha encargado de la producción en el marco del programa Apoyo a la Creación. Julia Sieiro, su ayudante desde hace más treinta años, le ha acompañado en la realización de este evangelio fílmico, como su propio autor lo define.

La exposición en el Domus Artium DA2 de Salamanca , que se podrá visitar hasta el 16 de mayo, incluye además de esta película, una serie de 33 fotos que se exhibirán en tres filas de 11 superpuestas y una pieza mural que incluye una fotografía en gran formato, además de un texto escrito en verso por el artista,  que ha titulado ENSAYO. Y como es habitual en muchas de sus obras, en ‘Evangelio mayor’ fija el objetivo de la cámara en una representación de los cuerpos al margen de los cánones establecidos, juventud y belleza, y ensaya una relectura de los Evangelios desde puntos de vista LGTBIQ+, usando un lenguaje diferencial.

– Siempre has estado muy interesado en los temas sociales. Evangelio mayor está relacionado con otro de tus proyectos, ‘Evangelio en Granada (Meta)’, sobre la violencia política en Colombia en el que dabas voz a los campesinos afectados por el conflicto. ¿Te animó esa fórmula que combina ficción y realidad para darle continuidad en un nuevo trabajo?

– Para mí es difícil soportar la gramática de los géneros. A pesar de que mi trabajo a menudo se puede colocar en la celda del documental, yo no quiero esa camisa y tampoco la entiendo; ni siquiera pensaba así cuando, y es un viejo ejemplo, en 1988 hice casi a la vez Sábado Legionario (documental) y Centauro (musical jotero), pues uno y otro tocaban por el mismo lado la presencia corporal y el desencuentro del presente con nuestros cuerpos, siempre arcaicos cuando dejamos caer la ropa (lo más arcaico es la muerte, la vida, ¿no es cierto?). Esa cosa fuera de lugar del cuerpo del soldado, el legionario en grado ultra, o del cuerpo de la jota en un mundo de sonoridad pop industrial, se corresponde con una manera de abordar los géneros audiovisuales ya entonces extraña, porque la verdad que yo buscaba en Sábado legionario no era discursiva sino poética, razón por la cual no llegó a emitirse por televisión, al negarme a incluir una voz en off de carácter informativo. He practicado sobre modelos diferentes con intenciones y operaciones formales similares y siempre me guié por algo que no está propiamente en la imagen sino en un margen que pide sentido, aunque por otra parte lo mejor respecto al sentido sea sacudirlo. Desde luego, no soy predicador. Así que, volviendo a lo que preguntas, la mezcla aparente de registros semióticos opuestos me interesa mucho y no habría sabido concluir este trabajo sin que aparecieran esas diferencias.

‘Evangelio mayor’. ©Javier Codesal.

– Ahora son los gais, lesbianas, transexuales y otros disidentes sexuales mayores los que nos hablan del proceso de envejecimiento en este colectivo y de todo lo que le acompaña, dolor, enfermedad, soledad, exclusión… ¿Cómo surge la idea de ahondar en esta temática?

– Las ideas son reflejo siempre de una necesidad (de una necedad también a menudo, pero vamos a ponernos en lo mejor). Así que mis identificaciones tienen que ver con carencias propias, con preguntas personales inevitables. Solo así se justifica hacer tantos esfuerzos para sacar adelante un proyecto. Ósea, soy homosexual, me hago mayor, la fuerza merma, que no el deseo, comparto con los actores de Evangelio mayor muchas cosas, o las compartiré, y respecto a lo que no compartimos exactamente al menos siento un escozor suficiente como para acercarme a ello y mirarlo; quiero decir que lo que no comparto me mira. Pero en esta película se ve que la edad no solo aporta limitaciones, achaques o soledad, porque el deseo aflora, el pensamiento, los cuidados, no en vano el escenario es una residencia para mayores en reconstrucción. La película, entendida como conjunto de actuaciones, responde en primer lugar por el trabajo y el gozo de hacerla, y eso se diferencia de un lamento.

– Por cierto, la exposición en DA2 se desarrolla en torno a tres hilos conductores, la propia película, las obras en la residencia y los testimonios. ¿Cómo se hilvanan?

– Hay que decir que este proyecto se hizo a lo largo de dos años y unos meses, y que no partíamos de un guión. El tiempo de relación y de trabajo es fundamental en este caso; poco a poco fuimos entendiendo por dónde podían ir las cosas. Por ejemplo, uno de los participantes es taquígrafo; eso sugería la idea de escritura, de escritura antigua incluso, dada la forma de los signos que emplea en su trabajo y su carácter enigmático para alguien que desconozca la taquigrafía; me pareció que podía asociarse a la figura del evangelista como aquel que anota lo que oye, por lo cual esa persona quedó identificada con San Juan.

El componente testimonial lo aporta sobre todo Moncho (aunque los cuerpos, las voces, los gestos e incluso los atuendos de cada personaje sean tan declarativos como la palabra); en un momento dado, Moncho menciona el “efecto lázaro”, en otras palabras lo experimentado por aquellos enfermos que esperaban una muerte próxima y gracias a los tratamientos combinados lograron sobrevivir al sida; eso nos dio pie para grabar la escena de la resurrección de Lázaro y, a partir de ahí, a hilvanar imágenes tomadas de situaciones reales, como velatorios o ritos fúnebres, que en el momento de ser grabadas no tenían acomodo. Hubo un pasar continuo de sugerencias personales a fragmentos de representación y también en sentido contrario.

Las obras para la reforma de la residencia de mayores donde transcurre la mayor parte de Evangelio mayor adquieren un carácter fuerte, casi con entidad de personaje y, desde luego, alguno de los trabajadores tiene tanto peso como cualquier otro partícipe. El espacio o la luz que había allí en cada momento determinaron grandemente las acciones e incluso los contenidos. Pero a veces los roles están cambiados o las cosas que vemos no eran así en la realidad, pues finalmente fue el montaje lo que reunió las partes por similitud, de manera analógica, o por la mera lógica de la sucesión y el ritmo, sin excluir algunos efectos de posproducción más o menos patentes.

– La película se ha rodado en distintos escenarios, pero el principal ha sido la residencia Josete Massa para mayores de Madrid, gestionada por la Fundación 26D. ¿Cómo entras en contacto?

– Yo viví veinte años en Lavapiés; y aunque quería trabajar en el barrio, siempre lo hacía lejos; hasta que me mudé a otro extremo de  Madrid y entonces contacté con la Fundación 26D, que resultó estar situada en la calle contigua, a pocos metros de donde yo vivía antes. Federico Armenteros, presidente de la fundación, fue receptivo al proyecto desde nuestro primer contacto; la cercanía con la Fundación 26D nos permitió conocer a gran parte de las personas que terminaron integrando el elenco de Evangelio mayor, y también fue clave para ocupar ese espacio que ahora tendrá un fin práctico, cuando sea ocupado por residentes, pero que en nuestro uso era un escenario magnífico, visual y simbólicamente. Al principio, en 2017, tenía la idea pero no los medios para abordar el proyecto. Pasó más de un año hasta que, gracias a la Convocatoria de producción de la Fundación La Caixa logré el apoyo económico que permitió comenzar el trabajo.

– Empezaste a rodar en 2019 y en 2020 tuviste que hacer un parón debido a la explosión de la pandemia. ¿Cómo afectó a todo el proceso?

– Gran parte del esfuerzo, y del gozo, de este proyecto estuvieron ocupados en la preparación: conocer a las personas que han colaborado, ir entendiendo la relación y las formas del relato. Y gran parte del material inicial resultó tentativo y poco aprovechable. El confinamiento llegó en el mejor momento, cuando por fin fluía el rodaje. Nos cayó con un porrazo, igual que a todo el mundo. Pero nunca se sabe, porque una vez terminado el encierro logramos un mejor enfoque y un ritmo muy productivo. Yo diría que tuvimos suerte.

– Para poder trabajar imagino que has establecido previamente una relación estrecha con las personas con las que trabajas para comprender cómo es y ha sido su vida. ¿Cómo se gestó?

– A eso me refería antes. Desde un punto de vista interno, para Julia (mi colaboradora desde finales de los ochenta) y para mí, lo más interesante ha sido establecer esas relaciones y encontrar el entendimiento y complicidad de las personas que nos han acompañado. No era tan fácil porque nosotros tocamos algunos tabúes; del mismo modo que para una mentalidad conservadora puede parecer atrevida nuestra lectura de los tópicos del Evangelio, para muchas personas del colectivo LGTBI, la mera aproximación al tema puede resultar chirriante.

‘Evangelio mayor’. ©Javier Codesal.

– En tu obra destaca el interés por lo corporal. En este filme la representación de los cuerpos va más allá de los estereotipos. Todos son mayores, y además viven situaciones complejas. ¿Cómo presentas sus diferencias? ¿Tienen sus cuerpos el lugar que les corresponde?

– Todos los cuerpos envejecen. En eso estamos también los que hicimos Evangelio mayor. Todo cuerpo tiene brechas, los jóvenes y los mayores; y los cuerpos llaman. El reconocimiento del cuerpo es interminable, hablo desde el mío, y parece que esto se tramita a través de los demás cuerpos. Desde ahí trabajo, de manera que el lugar en el que sitúo los cuerpos de los actores cumple la función de un espejo adonde yo miro, igual que harán los espectadores. Hay una escena en la que Selena, reflejada en un espejo que apenas se descubre como tal, repite este verso de Garcilaso: “Ya caigo en ello, el cuerpo se me ha ido”. Ahí está el punto.

– La película también hace memoria del sida, otra pandemia de la que fuiste uno de los primeros artistas españoles en darle visibilidad. ¿Se aprecia aún más, si cabe, la fragilidad del cuerpo cuando le azota la enfermedad?

– Yo temo la pérdida, de manera que para mí es bien cierto lo que dices de la fragilidad. Pero escuchando a Moncho sobre su experiencia como enfermo de sida en el peor momento de la pandemia, al menos para países como el nuestro, y escuchando su reacción a largo plazo, me parece que si se habla de fragilidad ha de ponerse al lado una rara fortaleza. Mi impresión ante su relato, lo que se impresiona en mí, es la fuerza del eros mucho más que la quiebra evidente causada por la desgracia.

– Junto con los participantes en la película llevas a cabo una relectura de los Evangelios muy particular, en la que se mezclan las propios elementos reales de su experiencia con su interpretación. ¿Ha sido complicado fundir ese doble papel, de personas y personajes?

– Me interesaba esa mezcla desde el comienzo, y diría que lo más complicado fue lograr que los actores adoptaran cómodamente sus personajes. Por cierto, que la relación actor-personaje no es estable; cualquiera pudo desempeñar un papel que ya había sido de otro o de otros. Y cada cual interpretó varios personajes.

– La revisión y reencarnación de textos bíblicos no tiene en esta obra valor religioso sino cultural”…de hecho el texto que llamas ENSAYO, que organiza los primeros minutos de la película y que aparece también por fragmentos en el pie de las 33 fotos, hace hincapié en su dimensión antropológica. Uno de los versos dice así: “…en este evangelio de imágenes de palabras y/ de vidas ¿por qué/ no leer de nuevo/ y de un modo nuevo/ las viejas palabras…si otro cuerpo las pronuncia/ inevitablemente serán distintas?”

– Si utilizo textos de los evangelios es porque son letra vieja, letra que fue para todos durante siglos, lo quisieran o no, y que tal vez ahora ya no pertenece a nadie. Y prefiero fragmentarla, como restos que llegan del pasado y pueden combinarse de nuevo, desnudándolos o invirtiéndolos si es preciso. La palabra ata (y mata: Inquisición, ley sobre peligrosidad y rehabilitación social, etc.) aunque también podemos tratarla con soltura para construir frases nuevas. Además, utilizando fragmentos de un texto literario canónico, practicando por tanto el collage, evito ese terreno verdaderamente trillado e imposible del guión bien armado y obediente a su causa (la causa, lo previo, no el suceso), excluyente de cualquier fisura por donde pase el aire. En este sentido, buena parte del cine actual me produce ahogo: procura ser tan veraz a base de cercar lo legible verosímil que solo entrega sus malas artes y nunca otro objeto, aunque insiste, y esto es lo malo, en considerarse transparente. Es la impotencia satisfecha de sí misma. Y vuelvo a los actores. No sabes cuánto agradezco la generosidad con que han aceptado ocupar un espacio indeterminado, afrontando lo inmediato sin expectativa. Por decirlo así, se instalaron en mi duda, no en mis certezas, porque de esto tengo menos.

‘Evangelio mayor’. ©Javier Codesal.

– Ya por último, resulta evidente que toda tu obra está marcada por la vertiente poética que no puedes eludir. En este texto hay muchas referencias…

– Desde luego. La poesía es el sustrato de lo que deseo, un campo entre la voz y la falta de comprensión. Lo abierto de la respiración. También es un lapso entre el ojo abierto y cerrado: parpadeo de la mirada, el sueño o el cine. Y siempre he añorado la poesía como si nunca hubiera llegado a ella. Tal vez la huelo, presentida, pero ella no se deja tomar, o no plenamente. Manuel Asín, en un hermoso texto que ha preparado sobre Evangelio mayor, observa algo cierto y curioso. Durante mucho tiempo mis vídeos apenas contenían palabras, ni diálogos ni voces en off, o bien se trataba de episodios puntuales. Hacía vídeos mudos, aunque sonoros. Es a mediados de los noventa, con la instalación de vídeo titulada La habitación de rada (1995-1997) cuando la palabra entra de modo fuerte en mi obra visual, ya que la escritura de poesía ha sido constante desde muy joven. He llegado a construir piezas largas enteramente volcadas en la voz (Menese, 2008; Testimonio de Frederman, 2019), otras todavía sin palabras (Longevos, 2008) o que plantean una disociación total entre lo sonoro y la voz, por un lado, y lo visual (Retrato de Francisco del Río, 2014). Evangelio mayores por momentos locuaz o callada, y se trama con citas. Cabe pensar que esas citas se dicen de memoria, asumiendo toda la deriva o abuso que la memoria ejerce sobre lo recordado. Aunque las citas son tratadas con literalidad, su localización y combinatoria obedecen al patrón esfumado de la memoria. Luego he querido equiparar las palabras de poetas actuales como Gloria Gervitz, Eduardo Milán, Olvido García Valdés o Manuel Olveira, y del pasado reciente como Pasolini o Leòn-Gontran Damas, y alejados, Garcilaso de la Vega, con las frases bíblicas, señalando así una perspectiva de la escucha que debe orientar, a mi juicio, la recepción la obra. Visión o escucha poética se refieren a la amplitud con que se atiende a los detalles de las relaciones y a las posibilidades de componer nuevos contextos a partir de lo visto y oído. Lo poético es complejo.

‘Evangelio mayor’. ©Javier Codesal.

:: Sobre Javier Codesal

Javier Codesal es licenciado en Ciencias de la Imagen Visual y Auditiva por la Universidad Complutense de Madrid. Considerado uno de los pioneros del videoarte en España, en su trayectoria destacan el interés por lo corporal y la música –presente en producciones tan distintas como Centauro, Sábado legionario, Los remotos países de la pena o la exposición Ponte el cuerpo-, el abordaje de temáticas como el dolor, la muerte o la enfermedad –por ejemplo, a través de la serie DÍAS de SIDA- y una serie de retratos que incluye La habitación de Rada (sobre la guerra de los Balcanes), Mario y Manuel, Retrato de Francisco del Río o Mayte.

En sus obras e instalaciones se plasman con regularidad otras dos de sus facetas artísticas: la poesía y el dibujo.

Deja un comentario con tu nombre

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .