De la fama a la desgracia, la caída a los infiernos de los expulsados de su grupo

El batería Pete Best siempre será recordado como uno de los grandes perdedores de la historia del rock.

Por CARLOS DEL RIEGO

Estar en la cima y, de repente, verte expulsado de ella tiene que ser una experiencia difícil de asumir y más difícil de superar. De hecho, muchos de los que militaron en grandes bandas y fueron despedidos  acabaron de las peores maneras posibles, muertos, dementes o convertidos en vagabundos. El rock no tiene piedad con los que fueron grandes y luego cayeron en la desgracia. Nombres como Barret, Pete Best o Brian Jones pueden ser considerados como los grandes perdedores del rock.

La fortuna es caprichosa. Da y quita, encumbra o hunde por cualquier motivo, incluso sin motivo. Así, cuando uno es despedido de una gran banda de rock puede dejarse llevar por sentimientos de frustración, culpa y vergüenza, lo que hace que, muchas veces, el que fue estrella se sienta estrellado y se abandone. En los años sesenta, cuando todo era muy distinto, se produjeron algunos casos muy sonados de despedidos que acabaron mal.

No hay ‘beatlemaníaco’ que no sepa que hubo un batería anterior a Ringo Starr en los Beatles, Pete Best, que fue despedido justo antes de que el grupo empezara a ser el más importante de la historia del rock. Desde entonces, cuando Best pensara en ello seguramente se sentiría traicionado, despreciado, cabreado. Se tiene por seguro que fue Brian Epstein quien lo echó: “No sé cómo decirte esto, pero los chicos te quieren fuera, y ya está arreglado que Ringo comience con el grupo este sábado”. ¡Cuántas veces en su vida pensaría en ello Pete Best! ¿Cómo evolucionaría su mente al ver el éxito imparable de sus ex compañeros y en lo que se convirtieron tras la separación? En 2010 dijo entre lágrimas: “La manzana de oro estaba al alcance de mi mano y me la quitaron”. También contó que lloró aquel día (16 de agosto de 1962) y muchos otros. Su vida cambió desde entonces, y siempre manifestó que nunca le dieron una razón y que, por su parte, nunca tuvo la menor idea del por qué de su despido; también dejó caer que el único que podría saber algo es Paul, pero nunca se atrevió a hablar de ello con él (se admite que fue una decisión puramente profesional, técnica, aunque quién sabe). A mediados de los sesenta, en pleno auge del que fue su grupo, Best intentó quitarse la vida, pero pasado ese momento consiguió el equilibrio suficiente para formar familia con hijos y nietos. Hoy, a punto de cumplir los ochenta parece haber asimilado el hecho de haber tocado la fama y la fortuna durante un instante.

Los ‘rivales’ de los Beatles, los Rolling Stones, también tienen su mártir despedido. El guitarrista y compositor Brian Jones fue uno de los fundadores del grupo, e incluso él tuvo la idea del nombre. El batería Bill Wyman recordaba: “Jones fue muy influyente, muy importante durante los primeros años, pero poco a poco dejó de serlo. Por varias causas desperdició su oportunidad y su talento”. La causa fue, claro, su tremenda y “paralizante” adicción a las drogas, pues “se presentaba en el estudio de grabación incapacitado para tocar, incoherente, perdido”. En mayo del 69 sus compañeros lo pusieron de patitas en la calle. Desapareció durante los dos meses siguientes, en los que, seguro, se metería de todo. Las circunstancias de su muerte nunca se han aclarado más allá de que fue encontrado flotando en su piscina a comienzos de julio del mismo año. El forense informó: “ahogado por inmersión en agua dulce, concurriendo una disfunción hepática grave y la ingestión de alcohol y varios tipos de drogas”. Aún hoy hay quien piensa que fue asesinato. ¿Hubiera acaba así de no ser despedido?

Muy conocido es el caso de Syd Barrett, fundador y principal compositor de los primeros Pink Floyd a mediados de los 60. Según sus biógrafos, cuando escribió y grabó el primer LP, ‘The piper a the gates of down’, ya consumía grandes cantidades de LSD. “Ya estaba perdiendo su tenue conexión con la realidad a causa de su incesante consumo”. En enero del 68 Pink Floyd empezó a tocar con un nuevo guitarrista, Gilmour, sin Barret y sin que éste se enterara. Un par de años después Barret declaró “Estoy desapareciendo. Lo siento, no puedo hablar con coherencia. Me resulta difícil pensar que alguien esté interesado en mí”. Terrible situación mental. Al poco tiempo Barret desapareció de escena, volvió a su pueblo, volvió a llamarse Roger Keith Barret y perdió todo interés por el resto del mundo. Murió de cáncer en 2006, aunque como alguien dijo, “había muerto mucho antes”.

El sello Motown produjo muchos números uno y muchos artistas de leyenda, no pocos de los cuales vivieron auténticas tragedias, como David Ruffin, de los Temptations. Entró en el grupo en 1963 y pronto demostró su talento escribiendo éxitos como ‘My Girl’ o ‘I wish it would rain”, con lo que Temptations se convirtió en el grupo de chicos más rentable de Motown, casi tanto como las Supremes. Entonces el éxito se le subió a la cabeza, empezó a reclamar un trato preferencial sobre sus compañeros y llegó a exigir que el grupo cambiara su nombre por David Ruffin and the Temptations. ¿Qué estaba pasando?, lo de siempre, drogas, kilos de cocaína. Su adicción y su soberbia y vanidad fueron causa de su despido en 1968, y ello a pesar de que todos en el sello reconocían su fantástica voz y su talento como autor. Luego, en solitario lanzó varios discos e incluso logró algún pequeño éxito, pero las drogas, su mal carácter (incluyendo maltrato a sus sucesivas mujeres), sus problemas con la justicia (robos, posesión, peleas) y con la hacienda (impuestos), armas de fuego, más drogas y muy malas compañías…, juntando todo no puede extrañar que en 1991 muriera de sobredosis en una ‘drug house’, una casa donde se traficaba y consumía crack y lo que fuera. Una larga caída con final previsible.   

Fleetwood Mac es un grupo único. Ha cambiado su estilo, sonido y formación varias veces y siempre con éxito. En 1968, un año después de la fundación de la banda, se incorporó el cantante, guitarrista y compositor Danny Kirwan, quien fue determinante en el fabuloso Lp ‘Then play on’ (1969), contribuyendo en todo, voz, composición y guitarra (antológica la que suena en el poderoso ‘Oh well’). Al parecer, él y alguno de sus compañeros trasegaban LSD como si fueran cacahuetes, de modo que, según los que estaban cerca, Kirwan empezó a tener problemas mentales que, a veces, le impedían tocar. A ello se añadían sus excesos con el alcohol. Entonces el grupo llamó a un nuevo guitarrista, Bob Welch, al que Kirwan se enfrentó… Fue despedido fulminantemente. Probó en solitario, pero no tuvo suerte. En los setenta se pierde su rastro, y se vuelve a saber de él cuando la Oficina de Personas Desaparecidas lo identificó en un albergue para vagabundos en Londres; dijo que vivía allí desde hacía años, cargando todas sus posesiones en una mochila. Murió en 2018 en otro lugar de acogida para gente sin techo. Tenía 68 años.  

De la cima al abismo.

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