Minority report

Luis Grau Lobo, director del Museo de León, publica su séptimo artículo de la serie veraniega de opinión “Ovejas eléctricas”.

Por LUIS GRAU LOBO

En este 2121 donde hemos viajado tan estivalmente las empresas no se resisten, como tampoco lo hacían antaño, a evaluar la satisfacción de sus clientes, turistas futuristas, aunque, como se verá, no se esperan así por las buenas, las evaluaciones negativas. Tampoco eso ha cambiado.

A punto de acabar este viaje, las experiencias del contingente de viajeros se ponen en común en una especie de terapia de grupo tan innecesaria de entrada como contraproducente al fin. Mi vecino de asiento, que me ha cedido sitio entre él y su mujer, comienza la ronda inquisitorial sobre nuestra supuesta satisfacción:

—Díganos, don Federico, por favor, cómo valora usted la experiencia.

—Cojonudamente, y perdón por el arcaísmo de muy antaño –guiña el ojo–, sobre todo la barra libre, las chavalitas en licra y el safari de linces de polietileno, qué gozada…

—Ahora usted, don… como sea.

—Decepcionante, con sinceridad. No hemos podido ver nada del futuro inmediato, de aquel que hemos de vivir cuando regresemos. El pasado me ha resultado un tanto de plástico y el futuro, confuso, a trazo demasiado grueso.

—Lógico, lo contrario sería jugar con ventaja ¿No ha visto ‘Regreso al futuro’? Es nuestro libro de estilo empresarial. Además, ¿de qué se extraña? Eso sucede siempre ¿no se ha dado cuenta de que en su época pasa lo mismo?

—Entonces, ¿de qué sirve viajar al futuro si todo parece un puñetero chiste?

—Ah, pero ¿usted quería que sus vacaciones sirvieran de algo aparte de pasar el rato?

—Si lo sé marcho a Benidorm. Otra vez. O me traigo a los cuñados, para que revienten esta época como están haciendo con la nuestra.

—Un poco de balones fuera sí tira usted, ¿no?

—Soy el cliente, tendré derecho a opinar lo que me da la gana, ¿no?

—En eso tiene razón, anotado queda. Sigamos, doña Maricarmen, estamos escuchándola.

—Pues mire, a mí, aparte de los ‘chavales’, también muy apretaos (Fede, te vas a enterar al llegar a casa, susurra), me ha gustado lo cultural, es un gusto ver como uno se convierte en historia así, sin quererlo.

—Pero cómo va a ser un gusto, señora mía, –interrumpo– ¡ha sido horrible! Eso no es historia sino una barraca de feria y nosotros no pintamos nada.

—Oiga, que yo solo soy la señora de ese degenerado, faltaría. Usted, que no sabe divertirse.

—No se sulfure, don… como sea, que su turno ya pasó –tercia el empresario.

—¡Es pasado, mi turno es pasado! ¿Lo ve? El pasado no importa una m. Salvo para manipularlo.

El responsable de la cosa recoge velas ante mi salida de tono. Se ve que en el futuro tienen más paciencia o les dan igual los pasaditos. Total, está pagado con antelación y el ‘tripadvisor’ va a constar de treinta y cuatro comentarios positivos y el mío. A todo esto, el ciber-guía personal que me adjudicaron hace días que calla y otorga, aparte de chistarme de vez en cuando muy maquinalmente, como es él. Me queda el consuelo de haber descubierto que soy un hombre de mi tiempo. Como todos.

Seguirá.

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 22 de agosto de 2021)

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