Se paga y punto

Por LUIS GRAU LOBO

Hay fórmulas mágicas y soluciones de manual, pero en el universo que habitamos ambas pasan por pagar. Una vez establecida la tarifa y su correspondiente entramado de gestión, puede que la cosa siga sin funcionar, pero será culpa de quien paga, no de quien decidió que se pagara. ¿O han visto alguna vez que lo de pago, cuando quiebra o acaba por ser ‘rescatado’ con dinero de todos, conlleve alguna petición pública de disculpas o algún acto de contrición por parte del ideólogo del negocio? En esto del capitalismo el capital siempre libra y a menudo gratis.

Todavía quedan quienes defienden que las cosas gratuitas se valorarían (o se valorarían más) si se pagasen. Quedan sí, a pesar de lo que ha pasado en el último año y medio, pero se oye menos porque la argumentación es más embarazosa. Esa afirmación siempre fue una tontería, pero durante los difíciles momentos de este periodo hemos valorado más que nada en el mundo lo que no se pagaba, mucho de ello porque ya estaba pagado (se supone que equitativa y distributivamente) entre todos.

Por su parte, los servicios privados suelen aumentar beneficio a medida que la cosa marcha. Quizás por eso, lo público, alcanzados rodaje y una cierta masa crítica, se transustancia en privado. Para un funcionamiento «empresarial» se afirma, suponiéndolo mejor. O, más bien, «se apuesta». Resulta curioso cómo los llamados a solucionar los problemas de financiación o gestión de lo público sean tan dados a privatizarlo, de una u otra manera, con la excusa de lo mal que funciona la administración, cuando ese funcionamiento es, precisamente, su responsabilidad. Para ‘arreglarlo’ así no hacía falta mucha ciencia ni tanto cargo. Además, si algo no funciona pero es fundamental, obligatorio o patrimonial, ponerle precio no es complicado, que ya hará negocio alguien. O no. Pero se le pone precio. Después, la culpa será del que paga que no paga suficiente, que debería pagar mejor, que resulta caro o barato…

Pongamos por caso Las Médulas. Estamos perdiendo la oportunidad de contar con un lugar a la vez Patrimonio Mundial y récord Guinness: no habrá muchos con tal lista de desatinos. Tampoco aquí debería objetar nadie que pagar motivaría una mejor valoración cuando hablamos de personas que se desplazan desde lejos para conocer algo valorado hasta por la Unesco. Sin embargo, la solución pasa por poner una taquilla. Para dar mejor servicio, se comenta, aunque uno se pregunta a qué se esperaba para darlo, pudiendo, y si se podría dar ese servicio pagado de forma complementaria, permitiendo que sigan sin pasar por caja aquellos que no quieran o no puedan. Y, por descontado, que locales y naturales no resulten perjudicados. También buscarán un apoderado/gestor/regente/comisionado/virrey/sheriff… Ya hubo quien llevó un nombre así y seguro que redactó panaceas en un par de cuartillas con media docena de obviedades y una solución mágica: se paga y punto.

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 31 de octubre de 2021)

Deja un comentario con tu nombre

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.