Arropamiento

Por LUIS GRAU LOBO

Con objeto de preparar la inauguración, los empleados relacionados con el protocolo efectuaron 78 llamadas telefónicas, tres de ellas a números fijos, con un total de 134 minutos, aunque una en particular, de más de media hora, falsea la media (no ha trascendido por qué). Durante esas conversaciones, doce de las cuales se produjeron en horario no laboral, han tenido lugar dos percances domésticos (leves) y una trifulca conyugal sin secuelas aparentes. Como consecuencia del teletrabajo, una placa vitrocerámica no recuperará el brillo previo a una de esas llamadas. Los correos electrónicos sumaron 183, aunque agrupados por conversaciones no más de 45; 51 se recibieron sin ser contestados aunque se solicitaba expresamente. Todo ello sin contar las 687 invitaciones cursadas por el mismo procedimiento. Las conversaciones reales (o como quieran llamarse cuando los interlocutores se ven la cara al tiempo, o sea, conversan) han sumado 17, de ellas 3 videotransmitidas. Los insultos fueron 18, las palabrotas 302 y las órdenes directas y tajantes, 14. No se procede a registrar blasfemias.

Siete personas, durante 43 horas, escribieron y corrigieron las 4.517 palabras destinadas a pronunciarse durante el acto, de las que solo 1.201 lo fueron. Posibilitaron el evento siete chóferes, con un recorrido total de 1.156 kilómetros, 335 de ellos por autopista de peaje y 64 urbanos, con un total de doce horas y seis minutos de aparcamiento de pago y siete cañas con media docena de pinchos de tortilla y un boquerón en vinagre. Dos electricistas, un técnico de sonido, un carpintero y un mozo, de edad impropia para tal nombre, atendieron cuestiones técnicas previas y posteriores. Las banderas fueron lavadas en Tintorería Jacinto y acarreadas por un conserje, café con leche y churro incluidos.

Los que hicieron acto de presencia (nótese el metafísico sentido de la expresión) han de contarse en número de 51, pero descontar aquellos que se encontraban trabajando (19) o haciendo bulto por expresa petición de sus superiores jerárquicos (22). De entre los primeros, 14 eran periodistas, de los cuales cinco acudieron por inercia, ya que clavarían la nota de prensa elaborada para el acto pero les apetecía un poco de chafardeo; seis porque necesitaban una fotografía que, obtenida, les permitió abandonar apresuradamente el lugar, y dos se quedaron a preguntar sin éxito sobre asuntos que nada tenían que ver con el acontecimiento. Uno quiso informar sobre lo sucedido allí, pero allí no había sucedido nada, así que se encaminó enseguida a otro foco de la noticia, carajillo mediante. Han de restarse asimismo una señora de Vitigudino que asistió equivocada representando una empresa de marroquinería y un paisano que se marchó tras comprobar la ausencia de canapés y vino español al grito de qué vergüenza de país.

—Oye, ¿qué tal estuvo ayer el acto? ¿arropaste al jefe?

—Qué va, bajé a echar la Primitiva y cuando quise darme cuenta volví y había acabado.

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 7 de noviembre de 2021)

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