Viaje al Japón de hoy / “Las luces de Oita”, de Luis Ferrero Litrán


Las luces de Oita

LUIS FERRERO LITRÁN
Marciano Sonoro Ediciones,
San Román de la Vega (León), 2021

Reseña de “Las luces de Oita”, una novela inclasificable del abogado y escritor astorgano Luis Ferrero Litrán que se adentra en el fenómeno “hikikomori” (personas que voluntariamente deciden recluirse durante meses).

Por SUSO MOURELO

Situar una historia en Japón no es tarea sencilla. La vigencia de costumbres ancladas en la tradición, la subordinación del individuo a la sociedad y el peso de unas expectativas sociales y familiares difíciles de cuestionar, convierten al país en un lugar único, diferente, cuyas claves a menudo confunden al occidental, que las trata de una forma estereotipada y errónea. Por eso es encomiable la tarea de Luis Ferrero Litrán en su novela ‘Las luces de Oita’ (Marciano Sonoro Ediciones), en la que se mete en la piel de unos jóvenes japoneses y transita por sus vidas y angustias sin caer en tentaciones de exotismo.

De la mano de estos personajes, con sus inquietudes, esperanzas y desesperanzas, la novela nos muestra algunos de los males que aquejan al país y afectan a numerosos habitantes, sobre todo entre las nuevas generaciones, como la soledad y la falta de comunicación. Unas heridas provocadas en gran medida por esa sociedad exigente que, por un lado, pide a los hijos que actúen como sus padres y abuelos, y por otro, les niega la estabilidad –laboral, económica, social– que estos tuvieron. Además, ningún país es, en tiempos de globalización, el que un día fue y las viejas referencias han dejado de dar respuestas a quienes buscan su lugar en el mundo.

‘Las luces de Oita’ se abre con un elemento inquietante: la publicación de un anuncio de suicidio en un periódico local. A partir de ahí se establece un suspense –desconocemos al autor o autora del texto, si su intención es verdadera, si será capaz de cumplir su propósito, si los lectores conocerán el desenlace– y el desasosiego al sentir a todos los personajes incapaces de revertir esa amenaza.

En paralelo, conocemos a otros jóvenes, los denominados hikikomori, que en diversos grados son incapaces de relacionarse con los demás más que a través de internet, y asistimos a la utilización cruel, en un medio de comunicación, de la desgracia ajena para convertirla en espectáculo y negocio.

Ferrero va desplegando la historia poco a poco, abriéndonos ventanas de la existencia de cada personaje, hasta que todo se precipita. Sin sentimentalismos, sin finales felices ni moralejas, la novela nos lleva así a un mundo que es el Japón de hoy, bello y contradictorio y, tal vez, cualquier sociedad urbana dentro de unos años.

:: Sobre Luis Ferrero Litrán

Luis Ferrero Litrán emigró a China en el año 2005, desde entonces ha viajado y pasado largas estancias entre este país, Corea del Sur y Japón. Abogado de profesión, promotor de negocios en Asia durante 15 años para una multinacional española, muestra en esta novela sus dotes como escritor y una sensibilidad extrema para captar y describir emociones de un mundo que desde aquí parece lejano, pero que él es capaz de dibujar con maestría.

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