El diálogo de Pablo y Mayaya en “Los lenguajes del sombrero”

Panorámica de la exposición ‘Los lenguajes del sombrero’ en CEARCAL. Fotografía: Juan A. Berzal.

El Centro de Artesanía de Castilla y León (CEARCAL) muestra, en la planta baja del edificio, una exposición de Pablo y Mayaya bajo el título “Los lenguajes del sombrero. Identidad, idiosincrasia y estilo”. Introducirse en esta capilla sixtina es entrar en un planeta imaginario donde lo primero que pide tu cabeza al asomarte a la muestra desde la puerta es detenerte: respirar hondo y escuchar en cascada una tormenta de preguntas. ¿A dónde mirar? Puede visitarse hasta el 14 de octubre.

Por ISAAC MACHO

El tul bordado, las plumas de pavo real, la pedrería, los fieltros, las delicadas telas de sinamay, todas esas voces te llaman al mismo tiempo. En un primer instante, no eres capaz de responder a todos los cantos de tan exóticos pájaros. Acaricia el reloj, es cuestión de tiempo.

Hace más de treinta años que estos dos creadores de altos vuelos se tiraron a la piscina de la artesanía y de la creatividad, seguros de sí mismos, aunque con la incertidumbre de por dónde los llevarían las agresivas leyes del mercado. Los sombreros les eligieron a ellos —no al revés— y sortearon la necesaria formación que necesitaban para enfrentarse a sus modelos, a particulares, tiendas, diseñadores y distribuidores. Las ferias, la amarga crisis de 2008, la apertura de su propio negocio Chapó, los complementos de otras firmas y el arranque de su propio taller fueron moldeando su horizonte en torno a la sombrerería.

En 2009, Pablo y Mayaya reciben —como agua de mayo— el Premio Nacional de Artesanía en la categoría de “Producto” con su colección Campo Grande. Olvidados, como estaban en su singular profesión, este maduro laurel “nos alegró por dos motivos”, señala Pablo. “Por un lado, fue el primero que se concedía en Castilla y León en el sector de la artesanía y como nos sentíamos unos bichos raros, a caballo entre la moda y la artesanía, el premio nos vino a confirmar de alguna manera que íbamos por el camino adecuado”.

Conscientes de que “la alta costura no casaba bien con la artesanía ya que, entonces, se tenía otro concepto muy diferente, algo que por ejemplo no sucedía en Francia donde se unen muchos gremios diferentes, el hecho de que nos apoyara Enrique Loewe, miembro del jurado en aquella convocatoria, nos alegró mucho, es cierto”.

Sombrero con patrón de Marlene Dietrich. Fotografía: Juan A. Berzal.

Para Mayaya, esta distinción de ámbito nacional no implicó gran cosa desde el punto de vista económico. “Nos vino a reconocer que estábamos trabajando bien, que la pasión que le poníamos al oficio merecía la pena para superar todas las vicisitudes con las que nos estábamos encontrando y, por supuesto, nos supuso un revulsivo para continuar con el taller artesano, nos animó a seguir adelante y a decir aquí estamos aunque pudiéramos haber fijado nuestra residencia en cualquier parte del mundo”.

Pero no todo ha sido bonanza, desfiles y pasarelas de grandes luces, semanas internacionales de la moda, encuentros de novias de España, Premiere Classe París o Premier Womenswear de Londres… ”Malos, malos, malos fueron los dos años de la pandemia”, saltan al unísono los dos solistas. “Ha sido la primera vez que nos planteamos seriamente tirar la toalla”, confiesan. “Fue la primera vez que no veíamos salida por ninguna parte, ni nacional ni internacional ni de ninguna otra forma posible, por ningún sitio. Nuestro público objetivo son personas que acuden a bodas y eventos, pero no había bodas ni eventos, es más, estaba prohibida la actividad de la que vivíamos”.

¿Qué hacer? Reinventarse como tantos miles de trabajadores que se dedican a la costura. “Nos dedicamos a hacer mascarillas como locos, mascarillas de autor, de lunes a domingo. Fue como volver a empezar de cero. Viéndolo con perspectiva, tuvo su parte bonita como si tuviéramos veintipico años. Nos hizo hasta ilusión, todo el mundo volcándose y comprándonos lo que fuera, no quiero ni recordarlo…”, remata Mayaya.

El sombrero como señal de identidad de quien lo porta. Fotografia: Juan A. Berzal.

Los sombreros de Pablo y Mayaya no están concebidos para proteger la cabeza contra los extremos del clima. Más bien están diseñados para romper los propios códigos sociales y de uno mismo, para afirmar la confianza y la identidad de quien los porta.

Si, por ejemplo, nos detenemos en uno de sus modelos, el Marlene Dietrich, este complemento “definiría a una mujer sofisticada, segura de sí misma, no atrevida pero que pisa fuerte, que se siente atractiva, una mujer que por un lado quiere mostrarse como es, pero por otro lleva un velo que significa que puede esconderse detrás de ese velo con un punto elegante y con estilo, signo de seducción femenina, entiéndase bien…”, matiza.

Este sombrero inspirado en un patrón de los años 30, “está rematado con unos cristales de Swarovski que tienen mucho brillo y hacen brillar, a su vez, la piel y la cara”.

El hecho de que sea negro “implica que es bastante versátil y las plumas, signo de liberad, son muy importantes en sombrerería y en artesanía. Mucha gente no sabe que el proceso de teñir las plumas es absolutamente artesanal. Hay que estar 30 minutos tocándolas, como hacen los patos con el pico cuando se mojan en el Campo Grande, porque si se seca la pluma sin haberla espolvoreado no queda esponjosa, no se elimina la grasa que contiene”, explica la creadora.

Los sombreros de Pablo y Mayaya son creaciones artesanas. Fotografía: Juan A. Berzal.

Pablo y Mayaya se consideran, desde sus inicios, artesanos y tienen a uno de los pensamientos de Walter Gropius, fundador de la escuela de diseño La Bauhaus, como uno de sus textos de cabecera. Este artista formaba parte de un movimiento de renovación estética que escribió: “Arquitectos, escultores, pintores, todos debemos volver a la artesanía, pues no existe un arte como profesión. No existe ninguna diferencia esencial entre el artista y el artesano. El artista es un perfeccionamiento del artesano. La gracia del cielo hace que, en raros momentos de inspiración, ajenos a su voluntad, el arte nazca inconscientemente de la obra de su mano, pero la base de un buen trabajo de artesano es indispensable para todo artista. Allí se encuentra la fuente primera de la imaginación creadora”.

Las poco más de treinta piezas que se presentan al público en la sala de CEARCAL forman un concierto de lenguajes, tal como indica el título de la exhibición. Desde el lenguaje del cine y el teatro, al geográfico, religioso, publicitario o jerárquico; desde el que nos muestra los modelos para novias, hasta la obra que nos narra la identidad de quien los lleva puestos, los signos del zodíaco, juegos, imaginación…e, incluso, los misterios de la mitología griega.

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La exposición
“Los lenguajes del sombrero” puede visitarse hasta el 14 de octubre en el Centro de Artesanía de Castilla y León (C/Valle de Arán, 7, Barrio España, Valladolid). Horario: lunes-jueves, de 10-14 y 17-20; viernes, 10-14.

 

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