Paula Rodríguez: “Calderón y Shakespeare siguen vivos porque reflejan lo más esencial del ser humano”

Paula Rodríguez frente a la Tate Modern de Londres. Fotografía: Maya Goldstein.

Por ISAAC MACHO

Hemos conversado con la actriz y directora Paula Rodríguez, residente en Londres, sobre su modo de acercarse a los clásicos desde un planteamiento innovador. Cofundadora de la compañía Teatro Inverso y directora del Our New Gold (Festival Clásico Internacional Digital), la también traductora, escritora y productora vallisoletana señala que, como dramaturga, le interesan las cuestiones de género, el tema de la igualdad y el rol que tiene la mujer en la sociedad. El próximo sábado 24 de junio actuará con Auric/Canciones del Siglo de Oro en el museo Casa de Cervantes, en Valladolid; el 1 de julio estará en el Festival Clásicos en Alcalá (Madrid) y el 15 de julio en el Festival International de Teatro Clásico de Almagro (Ciudad Real).

Vivir a caballo entre Inglaterra y España ¿es desquiciante?

Lo llevo bien porque es una experiencia que enriquece mucho ya que puedes disfrutar de lo mejor de dos culturas aunque eso supone afrontar ciertos retos. Sin ir más lejos, y sin caer en topicazos, el clima que aquí es duro y no hay primavera. Pero a mí me gusta el cambio y tener la oportunidad de alternar entre dos maneras diferentes de entender el mundo tanto en lo profesional como en lo personal.

¿Convives con dos almas?

Se podría decir así… Mi familia está en España, mis grandes amigos también aunque ya tengo una comunidad muy grande aquí, en Londres, donde puedo decir que comparto afectos. Mantener una carrera en dos países, a veces, es difícil. Ser artista y creadora teatral es una actividad muy fluctuante que tiene un lado muy positivo pues dispongo de más oportunidades. Estar en un avión, muy a menudo, requiere más tiempo, más esfuerzo y a la hora de crear proyectos como directora de teatro, como creadora, pues tengo que pensar en que van dirigidos a dos públicos que hablan idiomas distintos. Entonces es verdad que la vida, de repente, es bilingüe y te sucede como a las monjas del siglo XVII que estaban bilocadas. Yo también ando en esta bilocación espiritual y práctica aunque, naturalmente, es una elección personal e intento aceptarlo con una visión positiva.

¿Quién te acompaña más, Shakespeare o Calderón?

Calderón me lleva acompañando desde que empecé a hacer teatro con 14 años en el Centro Cívico El Campillo de Valladolid con la maestra Cruz García. Él es una figura clave, empezando por mi último año de carrera donde estrené una obra suya. Luego, al licenciarme,  como tuve la suerte de estudiar en la RESAD con una profesora maravillosa que es Nuria Alkorta, gran especialista en teatro del Siglo de Oro y, en concreto, en Calderón, pues hice varios montajes de este dramaturgo con su compañía Delabarca.  Y antes de venir a Londres trabajé también En la vida todo es verdad y todo es mentira, producido por la Compañía Nacional de Teatro Clásico, dirigido por Ernesto Caballero. Pero ha habido más… De Shakespeare casi puedo decir lo mismo. He aprendido mucho no solo de Shakespeare sino de cómo se hace Shakespeare aquí en Inglaterra, de lo mucho que se ha desmitificado y estudiado en este país. Sus obras se han llevado a escena con mucha valentía y con propuestas muy innovadoras, eso me inspiró mucho en ese momento. Yo vine aquí a estudiar un Master en Interpretación Clásica en 2013 y la mirada que pude descubrir de Shakespeare me fascinó.

¿Por qué crees que siguen vivos?

Porque guardan las esencias.  Siempre han estado en la consciencia y en el inconsciente de la humanidad. Los clásicos son la misma historia contada una y mil veces. Los propios autores del siglo XVII como Shakespeare y Calderón no tienen que ver solo con la nacionalidad sino con este momento. Los autores del Renacimiento y el Barroco del Renaissance estaban en un momento en el que decidieron volver a mirar a los clásicos para contar historias que ya existían, que ya pertenecían a legados de tradiciones anteriores, fueran de los griegos o los romanos u otro tipo de tradiciones ancestrales. Se trata de relatos eternos que han existido antes que nosotros y que reflejan lo más esencial del ser humano y, de alguna manera, están conectándonos con las cuestiones más profundas y más misteriosas de nuestra existencia.

‘Rosaura’, primera obra de Teatro Inverso. Fotografía: Festival de Almagro.

¿Puede hablarse de que el tratamiento a la mujer de los clásicos es actual teniendo en cuenta la moral de aquella sociedad?

El mundo evoluciona muy despacio, pero está cambiando desde los siglos XVI o XVII. Sus textos fueron escritos en un momento determinado y aunque para mí muchos de estos autores y sus personajes están abogando por una pregunta hacia el tema de género, hacia el tema de la igualdad, hay personajes femeninos muy fuertes, muy valiosos en el Siglo de Oro. Yo creo que ahora es importante reinventar, revisitar y celebrar aún más, darle más espacio a los personajes femeninos y también a las autoras del Siglo de Oro. De eso tratará mi próximo montaje titulado Éxtasis místico, centrado en el mundo de las autoras, de las mujeres que escribían en la época, como en el tema de la mística y lo femenino, y que forma parte del proyecto Auric.

¿España tiene la vida teatral que ofrece Inglaterra?

Cada casa tiene su sello y creo que hay cosas muy positivas en la experiencia teatral de ambos países. En estos últimos diez años, en los que yo me ido desarrollando como creadora, me he dado cuenta de que en España se han abierto muchas puertas a la innovación, a la experimentación con clásicos y ahora ya existe un montón de compañías abogando por esa búsqueda. En Inglaterra es algo que se lleva haciendo desde hace muchísimo tiempo, que está ya muy evolucionado. Hay muchas compañías y muchos creadores que han abierto ya el campo en este ámbito y es fascinante, muy enriquecedor. En Inglaterra, a veces, es más difícil ver teatro internacional. La industria del inglés está muy centrada en el teatro que se produce y se crea aquí en Inglaterra y, sin embargo, en España, sin ir más lejos, el Festival de Almagro o el Festival de Otoño a Primavera de Madrid incorporan producciones internacionales de teatro clásico fascinantes. Es verdad que la industria del teatro en Inglaterra es gigante, mucho más grande que en España, pero se puede decir también que está un poco cerrada en sí misma en la manera de hacer las cosas, en la manera de proponer y creo que eso es algo que se podría mejorar. Los artistas internacionales que trabajamos aquí en Inglaterra ahora mismo estamos abogando por que se nos dé ese espacio y podamos tener más voz. Es muy enriquecedor poder ver esas dos caras de una misma industria.

Europa cuenta con bibliotecas y archivos que disponen de abundantes fondos y documentación teatral, cosa que aquí parece que no nos preocupa… ¿Tú sientes esa laguna?

En Inglaterra todo está documentado, es alucinante. Para mí es más fácil acceder a estudios del Siglo de Oro en inglés, desde aquí, escritos por profesores e investigadores ingleses o americanos, que hacerlo a través de España. Yo colaboro mucho con universidades y festivales y es verdad que en EEUU hay muchísimo interés por el Siglo de Oro español, pero sorprende que sea más fácil acceder a esta información fuera que en España. De todos modos, es algo que está cambiando y se está trabajando por ampliar esas posibilidades y crear más espacios de información. Tampoco podemos olvidar que internet es una fuerza muy poderosa y deberíamos ponernos al día en nuestro país. No obstante, hay muchos bancos de información en otros muchos lugares y se pueden encontrar estudios muy interesantes en ellos.

¿Cómo marida la música con los textos de los clásicos? ¿Es una labor arriesgada?

No sé cuál es la respuesta acertada. Puedo hablar de mi experiencia. Cuando empecé a trabajar en mis proyectos con teatro clásico, reinventándolo, llevándolos a la escena desde una perspectiva contemporánea, me di cuenta de que la música, el espacio sonoro, el lugar que ocupaba el sonido en la creación de las piezas, eran muy importantes porque estábamos trabajando con unos textos que por sí mismos son una partitura. Las palabras están escritas en verso y el verso recrea un ritmo.  El actor no solo nos está contando una historia a través de las palabras sino que nos relata un mensaje por medio de las emociones que genera el ritmo en el que se dicen estos textos y nos están dando información sobre lo que le pasa al personaje, de cómo está emocionalmente y eso es una manera de tocar al espectador. Es una flecha perfecta para llegar al alma de los espectadores porque es una combinación del texto y la palabra, una emoción que llega a través del ritmo, una manera de sentir en la que está escrito el verso. Para mí, la música está en la raíz y en el origen de cómo han sido escritos estos textos. Si eres Calderón, Lope o Cervantes no puedes sentarte a escribir si no estás conectado con la musicalidad, con el ritmo, con ese galopar que tiene la palabra.

¿Dónde cuesta arrancar más aplausos tras una representación?

Si generalizo, el aplauso en Inglaterra es un poco más tímido, más contenido y más corto que en España. Es algo que va en la cultura y en la manera de estar en el mundo.  Las palmas también guardan relación con la experiencia porque si el público está ahí contigo y resuena contigo y conecta más allá de que el aplauso sea más estridente o más externalizado, eso lo notas. Lo importante no solo es el aplauso sino el nivel de conexión que se dé entre el público y los actores. Desde luego, nos encanta un buen aplauso… En España somos generosos con los aplausos, por lo general, y es de agradecer.

‘Mirar a los mirones’, estrenada en Almagro. Fotografía: Pablo Lorente / Festival de Almagro.

Juan Mayorga asegura que el teatro vive permanentemente en situación precaria. ¿Lo vives así?

A Juan Mayorga tuve el placer de conocerle hace poco en un montaje de la Cervantes Theatre de Londres que se transfirió a la Abadía en enero de este año, que se llama Cartas Vivas. El espectáculo está basado en la correspondencia de cartas entre Elena Fortuny y Carmen Laforet, una experiencia maravillosa poder compartirla con el público gracias a la iniciativa Cartas Vivas y también a la Universidad de Exeter, aquí en Inglaterra. Creo que Mayorga es un hombre de teatro y sabe muy bien cuáles son las vicisitudes de esta profesión. Yo no vivo en la precariedad, por suerte, vivo en la libertad que es una elección que he hecho, en la libertad de hacer lo que me gusta. Sentir lo que hago es importante porque estoy contando una historia que creo que merece ser contada y eso tiene sus riesgos, sobre todo, en el mundo en el que vivimos hoy, pero para mí eso no tiene precio en todos los sentidos. A veces hay que tomar decisiones y en la actualidad se nos empuja mucho a pensar en el dinero. Por supuesto, soy defensora absoluta de que los artistas tenemos que comer y vivir de una manera digna. Nuestro trabajo tiene idéntico valor al de cualquier otro profesional y es necesario remunerarlo. Por desgracia, la precariedad afecta hoy día a muchas personas en infinidad de profesiones. Esta situación se ha extendido y se está normalizando, lo cual es muy preocupante. Es cierto que los artistas estamos acostumbrados a la inestabilidad, pero este no es un modelo a imitar. Es el precio que pagamos por seguir nuestra vocación, pero nadie se merece vivir en la incertidumbre y la necesidad. Ojalá que pronto podamos ver que las cosas van a mejor para los ciudadanos de a pie, para los que trabajamos cada día, sea cual sea nuestra condición. Todos nos merecemos una vida digna y tranquila. Este es un viaje, un proceso con altibajos y, por supuesto, no es fácil ser artista y vivir de ello. De todos modos, yo tengo fe en el arte e intento ser coherente con ello en mi vida de la manera que surge.

¿Cuáles son los temas que te interesan como autora de teatro?

Hay cuestiones actuales que me parecen relevantes como son la cuestión de género, la igualdad, el rol de la mujer en esta sociedad, cómo nos reconocemos entre nosotros y de qué manera podemos empezar a ocupar los espacios que nos pertenecen. Esos son asuntos capitales para mí. También hablaría de ocupar espacios cuando no vives en el lugar en el que has nacido, cuando estás en otro lugar del mundo, y cómo no hablar de la identidad y la libertad… En el teatro me interesan las historias que realmente nos llegan, aquellas con las que podemos encontrarnos hoy como comunidad, como civilización, aquellas que nos hagan pensar.

¿Por qué en muchas ocasiones sobre los escenarios se representa el dolor humano?

En el origen del teatro cuando nos referimos a la tragedia griega ellos hablaban de la catarsis, de esa necesidad de ver el dolor para procesar tu propio dolor. Estoy totalmente de acuerdo con eso. Cuando en teatro vemos ficción y podemos empatizar con lo que estamos viendo eso nos ayuda a elaborar nuestros propios sentimientos, nuestras propias emociones y también aprender. Yo creo en la labor pedagógica del teatro, es un espacio para pensar, para hacernos preguntas sobre quiénes somos, qué estamos haciendo en esta existencia, en este mundo y cómo crecer. El dolor bien orientado, procesado, te hace crecer como persona.

Decía Bergman que en el teatro hay una línea directa entre el autor, los actores y el público. ¿Qué sucede cuando vibran estos tres elementos al unísono?

Pues algo absolutamente mágico y místico. A mi modo de ver un escenario es un espacio virtual en el que vamos a encontrarnos, incluso yo no es que quiera corregir a Bergman, pero yo añado algo más a esa línea, y es que antes del autor estaba la historia, o sea, el autor es un médium que recoge esa historia que está pasando, la plasma en un papel que se lo pasa a otro médium que es el actor, que lo pone, lo encarna, lo trasmite y le llega al público. Entonces, es un círculo que conecta esa experiencia humana y efectivamente cuando se da esa magia y se genera esa conexión creo que el teatro es un espacio muy transformador y muy mágico en el que todos podemos compartir y crecer.

“Usted no puede vivir en la vida ruin de España”, le escribe Elena Fortún a Carmen Laforet en el espectáculo Cartas Vivas que tú representas. ¿Reconoces tú en algo a la España de ahora en las palabras de la escritora de literatura infantil y juvenil?

A la España de ahora no, yo trato de separar al pueblo de la política. Para mí, España no son los políticos. Para mí, España es donde está mi casa, mi madre, mi familia, mis amigos y eso no tiene nada de ruin. Al contrario, es una maravilla. Yo soy muy feliz en mi país de origen y me siento cómoda porque es mi cultura. Si entramos a analizar otros aspectos, desde luego, que tenemos muchos retos por delante como sociedad, como país, que hay que afrontar. Cuando Elena Fortún escribió este texto y se lo decía a Carmen Laforet estaba en mitad de una dictadura militar, entones sí que entendería la palabra ruin. Por suerte, no estamos ahí, las cosas han cambiado y esperemos que sigan así para mejor. Catas Vivas es también una biblioteca audiovisual que recoge textos olvidados y testimoniales escritos por mujeres pioneras de la cultura hispánica del siglo XXI.

Espectáculo ‘Cartas Vivas’. Fotografía: Elena Molina.

¿Por qué eres actriz y autora de teatro?

Porque no sé hacer otra cosa. Cuando tenía 18 años y tuve que elegir una carrera, la verdad es que ya había hecho teatro desde pequeña, elegí estudiar arte dramático, simplemente, porque me sentía más cómoda, más feliz, más viva, me encantaba esta experiencia de contar historias, de meterme en la piel de personajes y, bueno, me dejé llevar por lo que pensaba que podía hacer mejor. Creo también que lo que me ha hecho quedarme en este oficio es la idea de pensar que puedo llegar a los demás, que puedo seguir conectándome a nivel humano con el mundo, a pesar de elementos como la tecnología, la distancia, las pandemias, que nos llevan a estar aislados.

Si por un instante te convirtieras en consejera de Educación de Castilla y León, ¿qué harías con el teatro en colegios e institutos?

Jaja… Pues ponerlo en todas partes. Creo que hay dos grandes disciplinas que deben entrar de lleno en colegios e institutos que son el teatro y la psicología. Nuestra sociedad se beneficiaría muchísimo de estas dos especialidades que, además, están muy unidas. Este planteamiento nos ayudaría a profundizar en nuestra condición humana. Desde que somos muy jóvenes, nos conectaría con las historias clásicas, las podríamos tener muy presentes en nuestra vida, las sentiríamos como nuestras y esa experiencia nos abriría la puerta a una nueva capacidad, la emocional. Si hay algo que me ha servido como herramienta en esta vida es conocerme, entender mis emociones y poder trabajar con ellas tanto desde el punto de vista de actriz como de persona.

Esta temporada han programado tu montaje Auric en los festivales de teatro clásico de Almagro y Alcalá. ¿Qué es este espectáculo?

Auric es un proyecto que nace en Londres, en 2019, con el objetivo de reinventar los clásicos y llevarlos a audiencias internacionales. Nuestro primer espectáculo se llamaba Canciones del Siglo de Oro y puede resumirse en un concierto poético que se inspira en fragmentos de autores como Calderón de la Barca, Miguel de Cervantes y Lope de Vega. He adaptado y reinventado estos textos para llevarlos a escena hoy acompañados de la música que ha creado mi compañero en esta aventura, el compositor francés, Arthur Astier. He seleccionado algunos de los textos más bellos de este periodo para hablar de cuestiones universales en torno a temas como la libertad y la justicia. Junto al público, queremos establecer una conversación íntima con estos autores, un espacio de encuentro entre pasado y presente en el que, a través de atmósferas habitadas por melodías y versos, volvamos a escuchar estas historias desde el deleite y la reflexión. Jugamos con el bilingüismo del castellano y el inglés para rendir un homenaje a tantos referentes de la escena musical internacional y al origen de esta colaboración artística.

Y, ¿cuándo te invitarán a los certámenes de casa: Olmedo Clásico y la Feria de Teatro de Castilla y León en Ciudad Rodrigo?

Ojalá para el año que viene podamos ir a Olmedo y a Ciudad Rodrigo.

¿Cómo explicar que te incluyan en los festivales de fuera de tu región y en los propios no se enteren de que existes?

No es culpa de nadie. Todo depende, simplemente, del funcionamiento de cada festival, del tipo de convocatoria, de cuáles sean las vicisitudes de cada edición y también de mi capacidad de producción porque como lo hago yo todo, sola, pues no llego a todas las convocatorias. No hagamos enemigos, no tiene por qué ser directamente responsabilidad del festival. De hecho, he estado en contacto con Olmedo y ojalá que el año que viene podamos estar en la Villa del Caballero.

Y ¿el TAC?

El Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle de Valladolid es fascinante pero nunca me he especializado en teatro de calle. Este año por una cuestión de fechas tampoco lo he barajado, pero si hubieses oportunidad de presentar algo en lugares cerrados no lo descartaría. El TAC me parece uno de los grandes eventos anuales de Valladolid y me alegro mucho de que este festival esté presente en la vida cultural de la ciudad.

¿Por dónde crees que podría pasar el futuro del teatro en Castilla y León?

En Castilla y León tenemos numerosos espacios hermosos, lugares que merecen la pena mantener vivos y explorar para seguir generando ambientes culturales como festivales y eventos para revitalizar esos sitios maravillosos. Ahí tenemos a San Pablo, palacios, monasterios, museos, iglesias, edificios gigantes del patrimonio histórico, ancestrales, con una presencia poderosa. Actualicemos esos ámbitos y démosles un uso artístico. Sé que ya se está haciendo porque en Castilla y León tenemos una riqueza patrimonial alucinante, pero es necesario insistir en esa línea y seguir llenando esos lugares de arte y cultura, es un filón importante en nuestra Comunidad que no debemos desaprovechar.

En algún momento de debilidad, ¿has pensado volver a trabajar a tu tierra?

En un momento de debilidad lo primero que pienso siempre es irme a mi tierra. Me encanta reconectarme… Voy mucho y he trabajado mucho en Valladolid, he actuado en el teatro Calderón, en el Zorrilla, y hago también algo como creadora, además de generar mis propios proyectos con estudiantes, talleres, etc. Me he volcado también en la enseñanza y me encantaría volver y conectar con la Escuela Superior de Arte Dramático, me gustaría llevar a allí mi ilusión y desarrollar mis proyectos en sus escenarios… Yo siempre estoy abierta a volver y encantadísima de colaborar y compartir lo poco o mucho que he aprendido en los años que he estado por el mundo.

Escena de Auric. Fotografía: Gloria Gómez.

¿En qué proyectos trabajas de cara al futuro?
Después de estrenar Auric, estamos ya trabajando en el siguiente espectáculo que se llamará Éxtasis Místico. En esta ocasión nos centraremos en textos de autoras como Santa Teresa de Jesús, Ana Caro y sor Juana Inés de la Cruz, entre otras. Siento la necesidad de reivindicar estas voces, estoy descubriendo una gran belleza y una sabiduría infinita en su legado. Tienen mucho que contarnos hoy. Por otro lado, estoy creando un proyecto nuevo del que no puedo desvelar mucho, solamente decir que también ofrece una visión renovada y femenina sobre obras clásicas. En este caso, quiero rescatar y reclamar la historia de algunas famosas heroínas del teatro español. Como ejercicio poético, me gustaría darles la palabra y permitirles que cuenten su historia por ellas mismas.

La palabra de la mujer…

Sí, siempre me ha interesado contar historias sobre mujeres y cada vez me importa más. Disfruto igualmente de leer a las autoras del Siglo de Oro, también de escuchar podcast creados por mujeres en el Siglo XXI, Las Hijas de Felipe o Deforme Semanal Ideal Total, por nombrar alguno. Me parece importante que nuestra narrativa y la que se crea sobre nosotras siga expandiéndose, siga evolucionando, ocupando más espacios de forma paulatina. Me siento orgullosa de ser una mujer y quiero celebrarlo y sanar heridas a través de mi trabajo artístico. Tengo muchas ganas de seguir trabajando en España, quizá este sea el inicio de un proceso de retorno. Me gustaría poder traer de vuelta y compartir lo que he aprendido en mi pequeña odisea.

 Próximas actuaciones de Paula Rodríguez en España con Auric/Canciones del Siglo de Oro:

* Sábado, 24 de junio, 21 horas, Museo Casa Cervantes (Valladolid).
* Sábado, 1 de julio, 209:30, Festival Clásicos en Alcalá (Madrid).
* Sábado, 15 de julio, 22.45, Festival International de Teatro Clásico de Almagro (Ciudad Real).

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