“La subida tan desorbitada del IVA contraviene la Constitución”

Una entrevista con CARLOS TAPIA

Presidente de Artes Escénicas Asociadas de Castilla y León (ARTESA)
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Por ISAAC MACHO 

Hubiera sido una gesta formidable haber resuelto esta entrevista sin mencionar la palabra crisis, pero estaríamos fuera de la realidad. El trance hay que salvarlo y el primer paso para superar el túnel –lo aconsejan los psicólogos– es admitir que tenemos horadados los cimientos de la cultura. Los teatros reclaman atención, unas veces, porque no llegan los públicos, otras porque la oferta carece de calidad, y ahora la queja hay que centrarla en que las arcas públicas están vacías y, además, en que el Gobierno —inconsciente o tozudo—  ha puesto por las nubes el impuesto del Iva. Los protagonistas de la escena no se amilanan y reivindican su derecho al pataleo. Es más, piensan que la gestión es altamente mejorable y asumen que el guión del siguiente capítulo es necesario escribirlo a dos manos, entre compañías y administraciones.

—¿Olvidamos, por una vez, la crisis y el Iva?
—Imposible.

—¿Cómo definiría el momento por el que pasan las artes escénicas?
Incertidumbre y miedo. En los últimos 30 años hemos tenido un modelo de las artes escénicas, criticable en algunos aspectos, que la crisis ha obligado a cambiar. Tenemos que admitir que a partir de ahora nuestro trabajo no puede depender tanto de las administraciones y será necesario buscar más autonomía sin renunciar a las obligaciones que el Estado tiene para que el ciudadano pueda acceder a la cultura. Se trataría de aceptar una forma de producción más abierta y en eso estamos. Claro que la subida en 13 puntos del IVA es una gran traba al modelo del futuro. Pero si el dinero no viniese de las administraciones habría que pensar en el mecenazgo —ahora mismo, ni está ni se le espera— y en los recursos de los usuarios que, bien pensado, sería un ataque a la línea de flotación para el nuevo patrón.

—¿Es la fiebre de los manifiestos?
El derecho a la protesta es irrenunciable y, desde luego, Artesa piensa utilizarlo con inteligencia y medida. Nuestra asociación es partidaria del diálogo y la persuasión. En esta línea, siguiendo las indicaciones de la federación estatal de Faeteda en la que estamos integrados, y para mostrar el desacuerdo de la profesión con las medidas impuestas por el Gobierno, vamos a llevar a los teatros, si nos lo permiten, la lectura de un manifiesto que deje constancia de nuestra posición. Desde luego, no renunciamos a plantear nuestras reivindicaciones con responsabilidad.

—¿Con qué fuerzas cuenta la Plataforma en favor de la Cultura que anunció Artesa y otros profesionales del sector hace unas semanas?
—Desde Artesa nos limitamos a lanzar esa idea pero, desde el mismo momento de su concepción, entendimos que la asociación no podía capitanearla. Sabemos que en Facebook tiene ya 1.000 seguidores pero no quiero que se nos malinterprete. Se trata de una iniciativa ciudadana que no debe tener protagonismos… Sí que me parece oportuno insistir en que sería deseable que las personas más relevantes de la cultura de Castilla y León, y del Estado, elaborasen un manifiesto como prueba de la preocupación que en estos momentos tiene la sociedad por el retroceso social y cultural al que asistimos.

—¿La Junta de Castilla y León tiene las ideas claras? ¿Cuenta con hoja de ruta?
—Sí, la Junta tiene una hoja de ruta: el Plan de Industrias Culturales. Lo que sucede es que el contexto económico está zarandeando cualquier tipo de proyecto y hará difícil llevarlo a la práctica. La Consejería de Cultura tiene que regular, a medio plazo, el texto de ese plan, algo con lo que estamos de acuerdo, pero sin olvidar que tiene que ir acompañado de recursos y otras medidas complementarias para llevarlo a efecto. A nadie se le oculta que con la reciente subida del Iva del 8 al 21% será muy difícil acometer ese propósito.

—¿Cuáles son las razones por las que Artesa todavía no ha sido capaz, hasta ahora, de reunir a la mayoría de las compañías de artes escénicas de la región?
—Esa pregunta habría que hacérsela a aquellas compañías que rechazan integrarse en la asociación. En estos momentos, Artesa aglutina a 18 empresas de las artes escénicas de Castilla y León, en todas sus modalidades, que representan el 70% de la facturación total y el 30% respecto al número de los grupos profesionales. Sería imposible aglutinar al 100% del sector, como sucede en la afiliación a los sindicatos o en cualquier otro tipo de organización. Lo más importante no es congregar a todos las compañías, sus razones tendrán para no hacerlo, sino saber que cuando nos reunimos con los responsables públicos lo hacemos en nombre de todas ellas y que los resultados que vamos obteniendo afectan, por igual, a todos sus integrantes. En una sociedad democrática, todos los colectivos debemos organizarnos para conseguir mejoras que beneficien a la profesión. Artesa no quiere excluir a nadie, pero quienes no se sienten representados también son libres para crear su propia representación sectorial…

—¿No hay hueco para la autocrítica?
—La hacemos en nuestro funcionamiento diario y, seguro, podemos cometer errores. Personalmente, dedico mucho tiempo al cargo y cumplo lo mejor que puedo con mi obligación. Estamos haciendo el trabajo y, naturalmente, unas veces hemos estado más acertados y otras, menos. Creo que hemos logrado situar la problemática de las artes escénicas ante la sociedad y los responsables públicos con planteamientos de responsabilidad. Realizamos estudios en y para  el sector al servicio de los ciudadanos y estamos empeñados en seguir haciendo cualquier esfuerzo que beneficie a los compañeros.

—¿Qué temas tenéis pendientes con la Junta?
—Una de las cuestiones que hemos tratado con los representantes del Gobierno regional han sido las ayudas, que tendrán un recorte muy importante, en torno al 50%.  A la espera de conocerse en detalle, solo quedan algunos trámites administrativos… En cuanto al Plan de Industrias Culturales, les hemos remitido nuestras propuestas y nos gustaría debatirlas en profundidad. El otro asunto que está sobre la mesa es el compromiso de la consejera de Cultura para colaborar con Artesa en la feria Mercartes que se celebrará en Sevilla los próximos días 14 y 15 de noviembre.

—Las artes escénicas figuran como son un sector estratégico para las administraciones. Con la que está cayendo, ¿esta prioridad está en suspenso?
—Yo creo que sí. Es un sector estratégico en toda Europa y en España. Aquí representaba, hasta ahora, el 4% del Producto Interior Bruto. ¿Quién piensa que con estas medidas se va a recuperar? Es una equivocación. Y aunque es pronto para fijar posiciones, los primeros indicadores que han aparecido después de la subida del Iva señalan que la medida está provocando una regresión en el ámbito cultural. Pienso que el incremento tan desorbitado del Iva lleva implícita una cuestión ideológica que contraviene la propia Constitución. No debemos olvidar que la Carta Magna recoge que los poderes públicos favorecerán el acceso de los ciudadanos a la cultura y, ahora, tratar a la cultura como si fuese un coche de lujo es contravenir nuestro propio marco constitucional. Es un grave error del Gobierno considerar a la cultura solo como puro entretenimiento.

—Red de Teatros, circuitos, festivales… ¿a dónde nos agarramos?
—Artesa ha hecho propuestas a la Red y a la Consejería de Cultura apostando por una fórmula mixta: estamos dispuestos a asumir que de cara al primer semestre de 2013, los ingresos provengan tanto de fondos públicos como de la taquilla. Por supuesto, pensamos que la Red y los Circuitos tienen que continuar cumpliendo su función, porque esa actividad facilita el acceso de la cultura a los ciudadanos sin perder de vista que los recursos son escasos y que es necesario racionalizarlos dentro del marco de lo que puede ser un nuevo modelo de gestión. Pero necesitamos tener unas alforjas que nos aporten, en cierta medida, seguridad. La restructuración es necesaria suprimiendo vicios anteriores.

—¿Asistimos a una especie de tiranía del poder financiero y económico con el apoyo de los poderes públicos?
—Hay una dictadura del poder económico porque una minoría está imponiendo sus criterios a la mayoría y, además, condicionan, controlan y manipulan a los representantes del pueblo.

—Agricultura ha lanzado varias campañas, en su ámbito, bajo el paraguas comercial de “Tierra de Sabor”. ¿Podría trasladarse esta experiencia al campo de la cultura?
—Desde la Junta, alguna vez nos han hablado de ello. Nos parece interesante pero contemplando las particularidades del sector. Hay que tener en cuenta que la cultura también tiene su lado comercial, aunque los valores de la cultura son desarrollar a las personas desde el aspecto humanista. Un ciudadano culto es una persona rica preparada para la convivencia, para el respeto, la crítica, el saber… son aspectos que no podemos olvidar.

—¿Los artistas, en este momento de dificultades, pensáis más en salvar cada uno su pellejo antes que navegar juntos para conseguir objetivos comunes?
—Es humanamente comprensible que cada uno mire por su situación personal. Yo me paso mucho tiempo pensando en cómo mejorar la situación del colectivo y, quizás, lo haga de forma egoísta, aunque creo que son situaciones que van unidas. Tengo claro que si logramos avanzar es a base de un trabajo colectivo sin olvidar tampoco la faceta particular pero, eso sí, dentro de las reglas del juego. Debemos progresar desde la honestidad.

—¿Existe desconcierto entre los profesionales?
—Yo creo que estamos ante una sociedad desnortada, en estado de shock. Navegamos en el interior de ese magnífico documental llamado “La doctrina del shock” a la búsqueda de crear conciencia en la sociedad ante un futuro muy oscuro. ¿Por qué? Porque las medidas que se están tomando son equivocadas y estoy convencido de que obedecen a una cuestión ideológica. Hay dirigentes que lo buscan, que están más cómodos en una sociedad de castas y quieren perpetuarla.

—Precisamente, “Shock&Show” es el título de un reciente espectáculo encabezado por Rayuela en colaboración con un puñado de compañías. ¿Es una manera de dar la espalda a la crisis?
—Hay que calificar a esa experiencia escénica de éxito sin paliativos. Sin duda, es una apuesta de nuevas líneas de actuación de un teatro, en este caso el Lava de Valladolid. Algo parecido ya probaron Azar Teatro con “El juicio de Dayton” y la compañía Teloncillo, ambas en el teatro Calderón de Valladolid. Estamos planteando que los espacios empiecen a trabajar de manera diferente, estable, a temporada y no por bolo, dando continuidad y vida a los diferentes espacios que están infrautilizados. Tenemos que encontrar esa nueva línea, una manera de racionalizar los recursos, optimizar la gestión y, por cierto, con un coste menor para los ciudadanos. Las iniciativas privadas podemos y debemos aportar nuestra experiencia, ofertas variadas y de calidad a los estamentos públicos. Juntos pondremos dinamismo a los teatros.

—Los últimos índices económicos concluyen que la comercialización en el exterior está salvando, en parte, las cuentas de resultados de muchas empresas. ¿Las compañías de artes escénicas han explotado suficientemente ese filón?
—No tengo suficientes datos, pero como empresas que somos buscamos constantemente nuevos mercados. Es cierto que las compañías de esta Comunidad se han movido bastante fuera, aunque hay que entender que esa incidencia en el balance de cada año es testimonial. No nos queda más remedio que explorar nuevas estrategias de venta en el exterior cuando el mercado nacional se ha venido abajo. En eso estamos, a pesar de que no podemos abandonar el mercado nacional. Latinoamérica es una posibilidad, desde luego, si bien se trata de un mercado sin excesivas garantías económicas. Fijándonos en Europa, el idioma es una dificultad añadida y, quizás, la vía más adecuada podría ser el teatro de calle, con los elementos audiovisuales, con más presencia de elementos técnicos…

—Y, ¿la experimentada fórmula de artistas o compañías en residencia?
—Las experiencias de compañías en residencia aquí están poco explotadas. Desde Artesa hicimos algunas propuestas en esta dirección a la anterior consejera de Cultura, y de hecho fueron aceptadas, pero nunca llegaron a concretarse. Sé que algunos ayuntamientos estaban dispuestos a involucrarse en esos proyectos… pero, de nuevo, nos topamos con la negativa situación económica que lo ha paralizado todo. Sin recursos, esas fórmulas de apoyo a las artes escénicas serán inviables desde la explotación privada.

—En la actual coyuntura, ¿peligra la ética del artista?
—Quien se decide a ser artista, lo hace por su compromiso ético y, por muchas dificultades que pase, siempre conservará su rasgo solidario. Si nos fijamos en las últimas producciones que están sobre los escenarios, en un momento de gran preocupación ciudadana, muchas de ellas recogen su compromiso de denuncia ante la sociedad.

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