Jujú Rey

El Rey Juan Carlos I junto a la estatua que le reproduce de Antonio López y de los hermanos Julio y Francisco López Hernández. (Foto: TVE)

El Rey Juan Carlos I junto a la estatua que le reproduce de Antonio López y de los hermanos Julio y Francisco López Hernández. (Foto: TVE)

Por VÍCTOR M. DÍEZ

“No sabemos crear de la nada pero podríamos hacerlo desde el caos”.
Alfred Jarry 1873-1907 (autor de ‘Ubú Rey’)

Reconozco que no he visto el mensaje de navidad del rey de España, ni la posterior entrevista con el mordaz y jurásico periodista Jesús Hermida. Para algunos, esto me inhabilitaría a la hora de opinar. Pero de lo que yo hablo es de la repercusión de lo no visto, de mi voluntad profiláctica de no verlo y de porqué cada vez lo vemos menos gente. Y de eso va este escrito de lo visto y no visto, de lo visible y lo que no se ve o no se puede ya ni ver: Televisión y Monarquía.

La decadencia de nuestro rey en un país en que la gente se declaraba, no hace tanto, más juancarlista que monárquica, coincide con el momento crepuscular de la propia caja tonta. La televisión, un gigante incuestionable que ahora sostienen, como muletas, las redes sociales de cotilleo, como en una canción triste a lo “el video mató a la estrella de la radio”. La tendencia no es ya ver la tele, sino tuitear con un ruidoso rumor de fondo, deseando que llegue la publicidad para no tener que mirar de reojo a la pantalla. Igual de patética: la imagen del monarca medio lisiado, sostenido de pie por una mesa, a lo desenlace de telediario de Carrascal, con cien personas a su alrededor retocándole para que no se desmorone. Qué asesores tiene la Zarzuela que aun creen que una nueva aparición en TV va a restablecer la endeble imagen del otrora conocido como “primero de los españoles”. ¡Y con una entrevista patética de otro abuelito catódico de su edad, ya retirado y que está más pasado que la carta de ajuste! Hermida, otro héroe de la televisión, el que nos retransmitió aquel programa fantástico: la llegada del hombre a la luna; que fue el primer corresponsal en los Estados Unidos y nos enseñó lo que era un magazine, un late night y casi todo lo que sabemos del medio. El hombre que tenía y tiene más pausas que una película en Telecinco.

Hablando de personajes de ficción y de la televisión: contémonos nuestra propia historia real, no ya como un biopic o un informe semanal, sino como una serie de ficción mítica: a lo “Juego de Tronos”. Probemos: Érase que se era una vez un príncipe mendigo y desheredado que nació en la vieja ciudad de Roma. Su padre, el rey desterrado, aceptó que el joven príncipe se educara en su antiguo reino, gobernado entonces por un sátrapa. Pronto el joven príncipe aceptó el credo de aquél tirano y, ante la promesa de ser un día rey, traicionó a su propio padre y mató a su hermano con sus propias manos (tranquilos, pareció un accidente). Fue nombrado rey a la muerte del sátrapa y gobernó su pueblo con la sabiduría de  aquél otro príncipe italiano, llamado Maquiavelo: “Procurad que os teman, pero que nunca os odien”.

Pronto se dio cuenta el nuevo rey de que su reino no era ya de este mundo. No eran simplemente territorios concretos que habitaban vasallos pagadores de impuestos, doblegados por un clero que abducía sus almas y sus carteras; y unos caciques locales que domeñaban sus voluntades y sus carteras. No era sólo eso, se abría un reino virtual casi infinito. Su pueblo se sometía a un nuevo poder: la imagen por un tubo, que llegaba hasta cada hogar. Juan Carlos y Sofía, los reyes catódicos. La televisión, entonces única, sometida, a su servicio total muñó su regio prestigio. A través de la pantalla juró su majestad ante las Cortes franquistas; hizo de su antiguo director general, Adolfo Suárez, el presidente de su gobierno; hizo visible eso que aquí llaman democracia, con una Constitución en la que, al parecer, el ejército es garante de nuestra libertad. En ese plató imaginario, cuentan las lenguas viperinas, escogía el mandatario a sus múltiples amantes.

En la pantalla de la televisión: pequeño teatro de bolsillo, pequeño sagrario privado, primer rudimento de red social… Allí, en ese territorio, hizo su mejor interpretación a lo “sólo ante el peligro”, con su aparición muchas horas después del intento de golpe de estado del 81. En opinión de algunos, cuando ya se veía claro su fracaso. En una de las mayores campañas de imagen que recordamos, la periodista Victoria Prego hizo un encomiable trabajo de investigación y se encargó de explicar la Transición de forma unívoca y a mayor gloria del monarca. De él, hasta hace bien poco no se podía hacer la más mínima chanza ni mofa. Era una ley no escrita, algo interiorizado, una autocensura que convenía a cualquier cadena. Su hijo, el príncipe, fue ante millones de personas el abanderado de la delegación española en los juegos del 92. En la pequeña pantalla, arma de doble dirección, encontró él o su hijo siguiendo sus enseñanzas, mujer, princesa y futura reina en una –qué casualidad– presentadora de telediarios. Mensaje de navidad tras mensaje de navidad (televisado por obligación por todas las cadenas, por obligación y simultáneamente), la televisión fue su espada y su reino. Consolidó en ese medio su imagen dentro y fuera. La revista Time lo resumió así: «como uno de los héroes más improbables e inspiradores de la libertad del siglo XX, desafiando un intento de golpe militar que buscaba subvertir a la joven democracia posfranquista de España».

La televisión ya no es lo que era, tampoco su majestad ni la monarquía, aunque usted se empeñe en salir en los documentales de la 2 cazando elefantes. Si quieren hacerle un lifting de imagen, plante un blog, aprenda a tuitear, escúlpase en facebook: pero la televisión en general tiene ya menos credibilidad que el propio Urdaci. Dígaselo a los asesores. Y luego está lo de los chavales… Eso no lo arregla ni haciendo un Cameo en Cuéntame.

  1. Pájaro Chogüi

    genial Víctor-Víctoris

  2. victor

    gracias, piquito de oro

  3. j manuel

    Creo que Víctor es uno de los mejores fichajes de Tam Tam Press; supera con mucho el listón de la media.

  4. de qué media, pepito… ¿de la media del tam tam o de la media local, provincial, regional, nacional, europea, mundial…?

  5. Lucía

    hombre, yo diría que mundial como mínimo…

Deja un comentario y fírmalo con tu nombre o no saldrá

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

A %d blogueros les gusta esto: