San Marcos, el Parador que fue cárcel

Tania López y Silvia Gallo, autoras del libro. Fotografía de Carlos S. Campillo

Tania López y Silvia Gallo, autoras del libro. Fotografía de Carlos S. Campillo

Por SERGIO JORGE

Detrás de la fachada del espectacular Parador de San Marcos, en León, se esconde una de las historias más cruentas de la capital leonesa. Y es que el que hoy es una de las señas de identidad de la empresa turística propiedad del Estado fue, durante y después de la Guerra Civil, no sólo una cárcel para represaliados, sino también un verdadero campo de concentración junto al río Bernesga.

Es una de las principales conclusiones del libro San Marcos. Un campo de concentración desconocido, escrito por las periodistas Tania López y Silvia Gallo. Un hecho en el que, aunque forma parte de la historia de la ciudad, nunca hasta ahora se había profundizado de tal forma.

Y es que el libro no sólo aborda cómo eran las condiciones de los allí encarcelados, sino que buena parte de la obra está dedicada a un exhaustivo listado de las personas que por allí pasaron.

“Fue la Asociación de Estudios para la Represión de León (Aerle) quien nos propuso la idea, porque disponían de una subvención y querían investigar sobre los años en los que San Marcos fue campo de concentración”, explican las autoras del libro, que comenzaron con la investigación nada más recibir el ofrecimiento.

Los números son escalofriantes: “Se habla de que llegaron a pasar por San Marcos hasta 20.000 personas, aunque el libro de registro en el que se encuentran todas contabilizadas, está desaparecido”, explican Gallo y López.

SanMarcos-librobuenaLas dos periodistas enumeran 8.000 nombres de forma fidedigna, por lo que intentaron contactar con todos los que seguían vivos, “alrededor de una docena de personas”. “Hay que tener en cuenta que todos ellos pasaron por San Marcos cuando eran muy jóvenes, con 17 ó 18 años más o menos, y ahora superan los 90 años”, explican.

Precisamente el llegar a conocer a esas personas fue lo que más llamó la atención de las dos escritoras. “A pesar del dolor de las personas que padecieron las condiciones de este campo de concentración, no expresan rencor por lo ocurrido, aunque sí deseo de que no vuelva a suceder”, apuntan.

Y es que la dureza con las que todos los encarcelados vivían era “infrahumana”. “Los presos estaban repartidos por todo el edificio, en diferentes dependencias, aunque en todas ellas en una situación de hacinamiento, pasando frío, sin apenas condiciones higiénicas y donde se pasó mucho hambre”, cuentan Silvia Gallo y Tania López.

Un dolor y un sufrimiento que aún se puede imaginar en algunas de las zonas del hoy complejo hotelero. “Se puede ver en varios lugares, aunque hay que tener en cuenta que en los años 60 se acometió una remodelación del edificio y cambió la estructura”.

Por eso, entre el extenso material que acompaña al relato de las historias de las víctimas, se encuentran “los planos de lo que fue el edificio durante su etapa como campo de concentración y lo que es el edificio en la actualidad, con sus modificaciones”.

Acerca de Sergio Jorge

Fundador y coeditor de Tam Tam Press. Más en @sergiojorgeLNC.

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