No te calles

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Por ISAAC MACHO

Cuando decimos que estamos en una democracia se nos hinchan las venas del aire fresco que respiran los ciudadanos del norte de Europa. De ahí a sacar la bandera de la libertad de expresión solo hay un paso… Pero cuando llega el momento de la verdad, ese en que nos eligen para el cargo de presidente de la asociación tal o la academia cual; cuando el periódico de turno en lugar de hacer periodismo le echa la mano por encima del hombro al político y se erige en el salvador del país;  cuando las estrellas mediáticas se miran más el ombligo que al guion del interés general, en ese momento, hemos perdido los papeles. Miramos para otro lado.

Hemos olvidado la perspectiva al exigir con urgencia una corona de laurel sobre la testa y en un suspiro abandonamos aquellos principios. Acto seguido, imponemos nuestro criterio al resto de los mortales para, finalmente, sin renunciar a la música, que suena muy bien, negar el pan y la sal a todos aquellos que merodeen nuestros territorios feudales.

Faltan unas horas para que actrices, actores, directores, técnicos y toda la gente del cine asista a la ceremonia de entrega de los premios Goya. La Unión de Actores y Actrices ha invitado a sus afiliados a reflexionar, a meter chicha reivindicativa contra los recortes y las contestadas reformas del Gobierno en el transcurso de la gala. Enseguida, han comenzado a caer algunos chuzos de punta contra la gente de la cultura que, comprometidamente, no quiera callarse.

En esta vanguardia de moralina se encuentran el presidente de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas, Enrique González Macho, que recuerda con tormento la generalizada bronca con el No a la guerra en esta misma ceremonia de 2003; la propia presentadora del acto, Eva Hache, que ve más oportuno protestar “en la calle y en las urnas” y el comparsa matutino ABC que allá él con sus advertencias del fin del mundo.

¿Somos o no una democracia? ¿Podemos ejercer o no la libertad de expresión? ¿Existen o no mil motivos para la queja social? ¿Qué es eso de que si hay contestación TVE puede plantearse no volver a transmitir la gala? Pero, ¿quién dijo que el Gobierno de turno puede suprimir a su antojo un determinado programa de servicio público en la televisión de todos? ¿Podría llegar hasta ese punto la déspota ética política de quienes nos gobiernan? ¿En qué país estamos?

Hablar en libertad es reverdecer la Constitución. Los actores han ejercido tantas veces de portavoces sobre la realidad social encima de los escenarios que esta vez, el día de su fiesta, bien merece una misa solemne. Una ceremonia laica en la que el evangelio recoja en sus intervenciones asuntos como los desahucios, las tasas judiciales, la privatización de la sanidad, la reforma educativa, el paro, los dispendios, el estigma de la corrupción, las ayudas a la discapacidad, la ley Wert, las pensiones… Callarse hoy sí es demagogia.

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