Prosapiens (16)

manifestacion

Nueva entrega del poeta, ensayista y crítico literario uruguayo afincado en México, y que forma parte de un libro en curso –”un libro que escribo cuando me entra una especie de velocidad de ira”–, titulado ‘Prosapiens’.

Ideal

Por EDUARDO MILÁN

Ideal sería que ese despliegue solidario calle arriba gritando “¡Ladrones!” comunicara con el flujo subte de la tierra, jugo de raíces cuando mucho amargas. Si el verso fuera procesión que va por dentro, cosa que no me gusta, la marcha procesión que va por fuera, cosa que me gusta menos. Una marcha parece más. El simple hecho de empezar a caminar con dos o tres que se mantienen cerca crea un efecto de multiplicidad que va a cuajar, onda que irradia expansiva, una tela que se cuelga al sol para que la traspase sin rastros visibles de la tejedora. Un visible por un invisible. Y el simple hecho de ir caminado con un grupo serio ya, siempre cerca, cincuenta, cien, ciento cincuenta, puede crear, bajo el efecto del sol atravesando una tela que podría ser la misma tela, un escamoteo del número conjunto, un efecto menos. “¡Hijos de puta”! –que lo son, aparte de ladrones– no dice prácticamente nada. Pero expresa mucho más que el peso de sentido que acarrean esas palabras que remontaron eras enteras de daño y desprecio para estar aquí, remontan como mulas la cuesta de estar vivo. Palabras que montan un mundo rojo interno, bolo de justicia, alimenticio de justicia adentro, pierden afuera su ira que fundamentó su fome, para caer ya en el caldo portugués. Hay quien elige entre hambre y fome como quien elige entre agilidades distintas de sintaxis entre castellano e inglés. Pero el problema no es una cuestión de estado físico, estar en forma, el problema es de calidad de vida, orden del mundo, situación de las cosas que no están fuera de lugar: ese lugar huele a podrido, enfermo que fermentó, vuelve a la tierra. El hambre no es ningún destino, comer es la manera de reconocer, a veces celebrando, la necesidad de este cuerpo de una falta y del alma de una detención. Y si de alma se tratara es papel alma para envolver dinero: alma transmigrada, dinero transferido. Semana santa de los papalotes, semana de turismo de las cometas –diferencia entre México y Uruguay que dice más de lo que expresa. Pero no es ideal: el sueño de conjunción terminó en fracaso entrado el siglo XX, en fracaso al fin de los sesenta. Lo bello de todo aquello fue su capacidad de fracasar en la conjunción: gente por arriba del asfalto, verso –haya o no haya verso por debajo de la tierra, haya líneas disparadas, venas que se enraízan volviendo. No hay pasado para la gente que marcha: seguimiento o nada, antorcha o lo que de antorcha actúe. El verso vuelve. No hay salto del asfalto a las altas esferas que se alimentan, igual que por debajo, con jugos cuando mucho amargos. Eso permite que se crucen fantasía en calle con real imaginario, esa vez que haya luz, haya sombra, llueve y truene.

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