María José Frías: “Vendernos al dinero es otra forma de morir”

Compañía: Títeres de María Parrato. Espectáculo: 'Ping, el pájaro que no sabía volar'. Foto: Borja Frías.

Compañía: Títeres de María Parrato. Espectáculo: ‘Ping, el pájaro que no sabía volar’. Foto: Borja Frías.

ENTREVISTA a María José Frías, actriz de la compañía Títeres de María Parrato.

• “El Gobierno no se da cuenta ni sabe cómo utilizar todavía el valor que hemos tenido y tenemos en arte y cultura en nuestro país, cuánto menos con el teatro infantil o de títeres”

• “Creo que mantener cerrados los teatros que nos han costado tremendas millonadas es una forma de estafa”

• “En nuestro país se ha contribuido a que el trabajo artístico se valore poco”

• “La mirada de los niños tiene lo que a mí me falta”

• “Nuestra Comunidad tiene infraestructuras para ser habitadas, desarrollando en ellas actividades relacionadas con las artes escénicas que la población pudiera aprovechar al máximo”

• “No caigamos en quedarnos en lo más cómodo, ahora más que nunca seamos creativos”

Por ISAAC MACHO

María José Frías ha viajado por todos los mundos de los niños y les ha atrapado compartiendo el alma de sus títeres. En esta entrevista llama a la sensibilidad de los espectadores para que no permitan que los poderes públicos priven “a la sociedad del contacto con el arte”. Impedir ese acercamiento con los artistas “es como mutilar a un cuerpo de un órgano de vida y de pensamiento fundamental para el desarrollo humano”. 

—La escultora Cristina Iglesias se define como una constructora.  ¿Cómo se ve María José Frías?

—Me veo como un canal, un medio por el que se intuyen, se moldean  y expresan distintas realidades.

—Algún compañero de profesión afirma que ha traído aire renovado a los títeres. ¿Puede justificarlo?

—La técnica solo es una carcasa, importante porque da forma pero ha de ser el continente de un contenido y solo ahí cobra sentido. Cada uno de nosotros somos únicos en la manera de vivir un acontecimiento, una historia, en escena hemos de ser capaces de compartir esto con el público. Mi pasión es intentarlo, es el reto de cada día que salgo y saco un objeto a un escenario.

—Y cuando le dicen que tiene un alma cargada de sensibilidad, ¿tiene palabras?

—Hablan de ellos mismos. Yo soy muy consciente de mi propia limitación y lo que intento es apelar a la sensibilidad de los espectadores. Para traer una idea como puede ser una emoción a la realidad hay contar con la empatía de los espectadores, ellos son los que han sentido a partir de un movimiento, de una imagen, de una palabra o de un silencio.

—¿Qué  reflexión hizo al cambiar Madrid por Turégano, un pequeño pueblo segoviano alejado de los grandes escenarios?

—Nací y viví en un pueblo a doce kilómetros de este hasta que llegó el momento de los estudios universitarios, quería hacer Bellas Artes y el lugar más cercano era Madrid. Pero llegó el tiempo de necesitar un poco de espacio y calma. La familia y las raíces tiran mucho.

—¿Acertó?

—Sí, ganamos en calidad  de vida aunque apenas trabajamos en Castilla y León.

—¿Ha tenido que asumir muchos riesgos para sacar adelante la compañía?

—Claro, pero todos los esfuerzos, riesgos y  fracasos, se transforman en algo positivo y tienen relación directa y necesaria con los éxitos. Todo es lo mismo. Son la vida, la necesidad de movimiento para que las cosas pasen y evolucionemos.

—Imagínese una noche en blanco y que le da por pensar en las propuestas que haría a los escolares del medio rural si le pidieran opinión en relación con las artes escénicas.

—La experiencia artística hace que puedan desarrollarse en las personas herramientas y aptitudes importantísimas para su formación, para su vida, se dedique a la profesión que se vaya a dedicar. Desarrollo y capacidad física, emocional, de pensamiento, de expresión… Por supuesto el contacto con la obra, ir al teatro o intentar traer el teatro al pueblo como alguna vez se hacía. Les propondría la oportunidad del contacto directo con profesionales artistas como encuentros después de disfrutar un espectáculo, intercambiando opiniones con ellos, talleres relacionados con lo que se ha visto u otros temas queridos que dependan de las especialidades de los profesionales, incluso creaciones con ellos.

—Sumergidos en tanta zozobra económica, el modelo teatral apuesta por una cultura de puro entretenimiento frente a obras de crítica social. ¿Qué opina?

—De crítica social, de desarrollo o búsqueda artística, formatos escénicos diferentes que buscan la cercanía o la sensibilidad y la escucha de un bebé… Eran programaciones que estaban empezando a tener importancia y mucho interés para público y artistas. Pienso que se empobrece el sector, que privar a la sociedad del contacto con el arte, su evolución y sus artistas es como mutilar a un cuerpo de un órgano de vida y de pensamiento fundamental para el desarrollo humano.

—El Gobierno lleva tiempo enfrascado en la “marca España” para atraer valor, económico, a un país en horas bajas. ¿María José Frías viaja en ese tren?

—No, creo que el Gobierno no se da cuenta ni sabe cómo utilizar todavía el valor que hemos tenido y tenemos en arte y cultura en nuestro país, cuanto menos con el teatro infantil o de títeres.

—Hace unas décadas no teníamos teatros ni dinero. Ahora disponemos de espacios públicos, pero no hay presupuesto. ¿Cómo salimos de esta?

—El político no puede ni debe abarcar todas las disciplinas. Para llevar a cabo los proyectos en cultura debería suceder igual. Ha de contar con profesionales que sepan diseñar programas y desarrollar los proyectos. En el trabajo siempre hay que estar pendiente, investigar cómo se han hecho las cosas en otros lugares que estén funcionando, ser creativos, asesorarnos, reciclarnos… ahora más que nunca. Pero a veces es más cómodo no hacer nada, optar por el camino más cómodo o programar montajes que llenan macroteatros porque es lo que puede dar dinero y/o cerrar. Creo que mantener cerrados estos sitios que nos han costado tremendas millonadas es  una forma de estafa.

Compañía: Títeres de María Parrato. Espectáculo: 'Palabras de Caramelo'. Foto: Chema Castelló.

Compañía: Títeres de María Parrato. Espectáculo: ‘Palabras de Caramelo’. Foto: Chema Castelló.

—Desde la Red Transibérica de Espacios Culturales Independientes plantean que ha llegado el momento de actuar conjuntamente frente a la inacción de los responsables oficiales. ¿Se sube a este carro?

—Me parece estupendo que surjan las propuestas también desde lo privado.

—En un país con el ADN de una cultura orientada a disfrutar gratis de las creaciones artísticas, ¿a dónde cree que nos llevará esa herencia?

—A constatar el hecho de que valoramos más las cosas cuando las hemos perdido. Como cuando se empezó a cobrar la entrada a los museos. Por un lado, por cómo se ha hecho con el precio en las artes escénicas para público infantil, creo que en nuestro país se ha contribuido a que el trabajo se valore poco. Con el tiempo, la  gente tal vez se acuerde de que hubo un tiempo en el que estaba llevando a sus hijos a ver trabajos de calidad casi gratis.

—¿Se puede erradicar esa rutina “de coste cero” instalada en el alma de vecinos y autoridades de los pueblos?

—Se debe poder. Hay ya casos de iniciativa privada que lo demuestran, programas que desde el principio de su vida funcionan, también económicamente, como es el caso de la casa de las artes KunArte, de la compañía Paraíso en Vitoria.

—En la actualidad el gran debate se centra en Internet. ¿Qué les diría a Google, Apple y otros gigantes de Silicon Valley partidarios de la cultura libre y de devaluar los derechos de autor?

—Son medios de difusión que han de mimar los contenidos y cuidar a los creadores, sin ellos están cargándose su propia casa.

—Pero, ¿la sociedad necesita a los creadores o acaso son un lujo?

—La creación y los creadores son una necesidad, en tiempos como estos yo lo veo más claro que nunca. Otra cosa es que se nos quiera hacer ver que es algo que excede a lo necesario porque no interesa, porque la gente que ha aprendido a desarrollar esta herramienta, la gente creativa es menos manipulable, más libre.

—¿Qué tiene la mirada de los chavales que tanto le cautiva?

—En general son personas mucho más abiertas a las propuestas, a descifrar códigos, a entender los posibles lenguajes poniendo a disposición todas sus inteligencias posibles. La necesidad profunda de descubrir, de aprender, hace que cuando se produce el encuentro con el público el hecho artístico se comparta y se magnifique; hace que, entonces, los artistas seamos todos. Su mirada tiene lo que a mí me falta.

—¿Cómo toca a los adultos desde la historia de una marioneta?

—Pues igual que a los niños, si se dejan. Pero al adulto en general le veo muy anquilosado, incluso castrado, deseducado en percibir con ojos limpios. Su vida está aparentemente ordenadita, no le apetece que le toquen las emociones o las tripas, ni plantearse las cosas de nuevas porque cree que ya lo sabe todo. Analizando las cosas del cuello para arriba, no se deja de defender con prejuicios. Nuestro propio ruido mental nos impide disfrutar de las cosas y cuando queremos empezar a percibir y a atender se está acabando el espectáculo.

—¿Por qué los niños sienten tan cercanos a los muñecos?

—He observado en las escuelas infantiles cómo lo primero que llama la atención y la concentración de los bebés son los objetos, por alcanzar y experimentar con uno son capaces de realizar y repetir infinitamente movimientos hasta que aprenden a desplazarse. Ya con algún año más yo recuerdo perfectamente, creo que nos pasa a la mayoría, jugar con objetos o muñecos a situaciones de la vida con más intensidad que en la vida misma.

—Y a pesar de este interés, el teatro infantil es una de las modalidades artísticas más descompensadas…

—Como dice Carlos Laredo, nuestros hijos son nuestro legado, son la última generación, nuestra evolución genética, deberíamos ofrecerles lo mejor de lo mejor, no solo para comer y su divertimento, ellos tienen necesidades para crecer a todos los niveles.

 Compañía: Títeres de María Parrato. Cartel del espectáculo: No te asuste mi nombre. Foto: Chema Castelló.

Compañía: Títeres de María Parrato. Cartel del espectáculo: No te asuste mi nombre. Foto: Chema Castelló.

—Decía Lorca que el teatro que no lleva en sus venas un latido social no tiene derecho a llamarse teatro sino sala de juegos, una forma de matar el tiempo. ¿Sus personajes de qué hablan?

 —De superación, de límites y dificultades personales, de amor, de muerte, de vida…

—¿Qué aportan los Títeres de María Parrato al público?

—Me gustaría creer que aportan belleza.

—“Tengo un compromiso con la sociedad…”

—Tengo la responsabilidad de hacer lo que siento y pienso que debo hacer, en consecuencia, con quien soy y lo que soy.

—¿Sus espectáculos son proyectos personales o trabajos para comer?

—Son personales y me alimentan aunque el alimento no siempre sea el de llenar el frigorífico, comprar una casa…

—¿Cree que el público es consciente de las dificultades de los creadores para salir adelante?

—No, claro, sobre todo si se trabaja por cuenta propia, contratas a gente…. Cada profesión, entraña sus dificultades.

—En los últimos Goya, desde la Academia de Cine se recomendaba a los galardonados que no lanzaran, en la gala, proclamas ni críticas contra la situación y sus responsables porque no era el lugar… ¿Censura o sentido común?

—Pues censurilla porque era una recomendación.

—Caso práctico. María José Frías sube al escenario a recibir un premio en la próxima gala de los Max. El micrófono es suyo.

—Quisiera animar a todos los que estamos en esta profesión, los que gestionan, los que programan, los que producimos….  que por lo difícil de la situación no caigamos en quedarnos en lo más cómodo o lo más fácil, que ahora más que nunca seamos creativos. Ahora todo ha de ser rentable o morir. Quiero invitar a la reflexión sobre lo de la rentabilidad en lo público a la hora de acercar el arte a los más pequeños. Pienso que hay más formas de rentabilidad que la económica. Vendernos al dinero es otra forma de morir.

—Un profesional de las artes escénicas ha dicho: “si dependiéramos del trabajo en Castilla y León estaríamos muertos”. Desarrolle una teoría.

—Nuestra tierra es extensa y en muchos aspectos rica, los profesionales deberíamos tener la opción de apoyarnos en ella para poder vivir planteando objetivos adecuados, coordinando arte, cultura, educación, bienestar social…, programas bien diseñados y gestionados que atiendan a distintas necesidades, desde ocio, tradición, investigación etc. Nuestra Comunidad tiene infraestructuras antiguas y modernas en poblaciones grandes y pequeñas para ser habitadas, desarrollando en ellas actividades variadas relacionadas con las artes escénicas que la población pudiera aprovechar al máximo, que propiciara la vida, el desarrollo de los propios espacios y de la propia comunidad.

—Titiritera, creadora, poeta, soñadora, fascinadora… ¿cómo conviven tantas raíces en un mismo árbol?

—Forman parte de un órgano creado por la naturaleza y tienen una función vital. Esas raíces han de convivir con la tierra y todas sus depuraciones agarrándose bien a ella para alimentarse, creando un cuerpo que se atreve a salir al aire para hacerse fuerte gracias muchas veces a las inclemencias del clima, luego necesita de hojas, las flores, el fruto…

—¿Ha tardado mucho es descubrir que el tiempo es oro?

—Ahora que estoy en lo que se supone debería ser la edad del medio es cuando más consciente soy de que la vida hay que disfrutarla, no solo en los ratitos libres, sino durante todo el tiempo. En nuestro trabajo creamos espectáculos que queremos que tengan la vida más larga posible, trabajos que hay que salir a defender muchas veces a escena. Queremos plantear trabajos que no dejen de revelarnos cosas nuevas, que no dejemos de disfrutar.

—“Caminos” es su último trabajo. ¿A dónde nos lleva?

—Al drama que tiene un objeto al iniciar un movimiento y conservar el equilibrio ante el deseo de vida. Caminos pintados en el espacio siempre diferentes que conoce el agua en su recorrido por la tierra y el humo por el cielo. Son los más frágiles porque son los de conseguir los deseos y los sueños que desaparecen en cuanto son andados, Caminos que se los lleva el tiempo, como el de los sonidos.  Personales e irrepetibles como el que ha tenido que hacer una piedra para rodar, romperse y perder un trozo; el del barco que nos trae cada año las estaciones; el de una semilla para llegar a ser árbol y tener fruto. Este espectáculo es una investigación irrepetible con objetos naturales rescatados del abandono y busca la percepción poética, científica, espiritual… de los bebés. También busca rescatar esa mirada nueva, limpia, confiando en las revelaciones y en el disfrute que te van a producir tus sentidos. Nos incita a empezar nuestro camino o a seguir caminando con una mirada nueva.

—Recientemente ha convivido en su taller teatral con Agnès Desfosses, una programadora francesa de la compañía Acta. ¿Qué aprendió de su visita?

—Me impresionó, me alegró, me alentó muchísimo porque me dijo que su asociación, que organiza encuentros bianuales entre artistas y primera infancia, en estos años de crisis se había marcado un objetivo: proteger a los artistas que realmente están creando.

—Una pregunta que no le hayan hecho nunca

—¿A quién pertenece el alma del títere?

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