Lectura colectiva o ‘Fahrenheit 451’ contra el derribo de una librería

Algunas de las personas que participaron en la lectura colectiva. Foto: R. Adalia.

Algunas de las personas que participaron en la lectura colectiva. Foto: R. Adalia.

Por LAURA FRAILE
(www.ultimocero.com)

“Cuando arrancó para salir de la estación, ella (Florence Green, librera) bajó la cabeza en señal de vergüenza, porque el pueblo en el que había vivido durante casi diez años no había querido tener una librería”. Este fragmento perteneciente a la obra de Penelope Fitzgerald `La Librería´ era el elegido por parte de Miguel Segura, artífice de la propuesta, para abrir la lectura colectiva convocada para el martes 23 de abril como apoyo de la librería Relieve de la plaza Poniente (Valladolid).

La invitación a leer en un entorno como éste en el Día del Libro respondía a una causa principal: llamar la atención ante el inminente derribo de la histórica librería, previsto supuestamente para mediados del mes de mayo, para trasladar allí los puestos del mercado del Val. Para ello se invitaba a la gente a emular la escena final de la película `Fahrenheit 451´ de Truffaut a partir de una lectura colectiva en voz alta. “Nos ha parecido conveniente por la belleza del recurso en el desenlace del libro/película, en el que unos ‘rebeldes’ al sistema optaron por recluirse en una recóndita isla y ahí memorizar cada libro elegido para poder transmitírselo a otros y así impedir su desaparición o censura”, escribían desde el blog de Relieve en su última entrada para invitar a la gente a la iniciativa.

Pasaban pocos minutos de las 13 horas del mediodía cuando diferentes personas abrían al azar los libros que tenían entre manos para empezar a leer en voz alta algunos de sus fragmentos, caminando lentamente y dejándose arropar por la música que Bernard Herrmann compuso para la película `Fahrenheit 451´. Sobre una escalera azul de tres peldaños descansaba un ejemplar de la obra de Ray Bradbury escrito en lengua inglesa y precedido por una cita de Juan Ramón Jiménez en la que se podía leer: “If they give you ruled paper, write the other way” (Si os dan papel pautado, escribid por el otro lado). A unos centímetros de distancia, pegado en la cristalera de Relieve, había un cartel en el que alguien había dibujado una cerilla en llamas entre una señal de prohibición, acompañada por una frase que decía ¿Qué libro salvas tú?. Miguel, que al igual que otros días había sido el encargado de abrir la librería, reconocía desconocer la autoría del cartel, aunque agradecía el detalle.

La convocatoria era también una forma de recuperar el hábito de la lectura en los espacios públicos, una invitación que Miguel expresaba con esta frase: “Pasen y lean, por favor”. Entre los asistentes había libros para todos los gustos: `Corazón de Ulises´, de Javier Reverte, `Una casa de muñecas´, de Ibsen, `Vida falsa de un joven llamado Esteban´, de Santiago Gamboa, `El último encuentro´, de Sándor Márai o `Un libro´ de Hervé Tullet.

Dos de las jóvenes que participaron en la iniciativa de la librería Relieve. Foto: R. Adalia.

Dos de las jóvenes que participaron en la iniciativa de la librería Relieve. Foto: R. Adalia.

“Me enteré de la iniciativa por mail, aunque el otro día al pasar por aquí en el bus me pregunté si estaría cerrada la librería. Es algo idílico que haya una librería aquí. Es una lástima que todo lo bueno que hay se estropee, van a por las plazas bonitas”, indicaban Natalia y Genoveva, dos de las asistentes a la convocatoria de lectura. A continuación Genoveva leía en voz alta una frase del libro que tenía entre manos: “Todos buscamos motivos racionales para creer en el absurdo”.

Otra de las participantes era Lourdes, que sostenía un ejemplar de cuentos de Oscar Wilde y que reconocía haber participado con anterioridad en otras iniciativas de apoyo a la librería, como la que tuvo lugar a mediados del mes de noviembre a raíz de la grabación de un documental sobre Relieve, en la que se invitó a la gente a dejar escrita una frase de apoyo en una pizarra. “Mi frase fue No a la domesticación del León”, señalaba aludiendo con ello a la lucha contra la domesticación ante las decisiones de Francisco Javier León de la Riva.

También estaba allí Manuel Sierra, para el que el vínculo con la librería provenía de su gran amistad con Pablo Rodríguez, hermano de Pepe (el librero de Relieve). “Empecé a frecuentar la librería junto a mis padres tras haber venido de Galicia. Luego se fue convirtiendo en un punto de encuentro para un cierto tipo de gente donde escuchar y participar en tertulias a las que asistíamos sentados entre los libros”, recordaba Manuel.

La lectura colectiva finalizaba una hora más tarde de su comienzo, aunque pasado ese tiempo aún quedaban algunas personas leyendo tranquilamente entre las esculturas de la fuente central o sentadas en los bancos desde los que la vista apuntaba a una pizarra abierta en donde habían escrito con tiza blanca SOS Relieve.

Más información:

Amantes de la lectura de todas las edades participaron en la iniciativa. Foto: R. Adalia.

Amantes de la lectura de todas las edades participaron en la iniciativa. Foto: R. Adalia.

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