Santos M. Perandones: “Alimento mi pasión por la fotografía a diario”

Santos M. Perandones.

Santos M. Perandones. Fotografía: Jesús RR.

Por ELOÍSA OTERO

Santos M. Perandones lleva más de 15 años trabajando en el mundo de la imagen, como fotógrafo y como ilustrador gráfico. Ha realizado exposiciones y se ha volcado en un buen número de proyectos artísticos y culturales en distintas ciudades como Valencia, donde vivió muchos años, o León, donde reside en la actualidad, pero también en Valladolid, Oviedo, Zamora, Castellón de la Plana…

Aunque no corren buenos tiempos para los profesionales relacionados con la creación artística, de su estudio fotográfico siguen saliendo proyectos para editoriales, revistas, moda, publicidad… Sin embargo la faceta más ecléctica de Santos M. Perandones quizá sea la fotografía de eventos, de los que se nutre a diario y que encuentran reflejo generoso en las revistas y espacios que él mismo ha ido creando en la red, así como en otras publicaciones con las que colabora.

—’Pellizcos visuales’. Así se tituló una de tus últimas exposiciones. ¿Qué es para ti la fotografía? ¿Cómo describirías tu mirada como fotógrafo?

— ‘Pellizcos visuales’ fue una exposición que sirvió como retrospectiva sobre mi trabajo donde mostré desde algunas de mis primeras fotografías hechas en formato analógico y reveladas por mí, hasta la fotografía digital en la fecha actual. La fotografía es mi modus vivendi y mi hobby. Me dedico a mostrar todo lo que veo, mis gustos, mis aficiones y por así decirlo una mirada a mi día a día.

—¿Dónde encuentra la belleza un fotógrafo como tú?

—En la simplicidad de las cosas que nos rodean.

—Una de tus especialidades es el retrato. ¿El objetivo es atrapar el alma del retratado o lo que buscas es otra cosa?

—Estudié durante algunos años dibujo artístico en la Escuela de Artesanos de Valencia, esta afición la trasladé a la fotografía, intentaba en un principio crear con mi cámara resultados parecidos a los que obtenía con el carboncillo y el lápiz, una pasión por los rasgos humanos que con el tiempo he ido perfeccionando y ahora intento, a través de los retratos, captar la personalidad de aquellos que entran en mi estudio o retratos de gente que encuentro por la calle.

—¿Con qué foto, tuya o ajena, reflejarías el mundo que nos toca vivir?

—Si tuviera que reflejar este mundo actual, la que mejor lo puede representar sería un desnudo o bien una fotografía rock de un cantante en pleno grito.

—Llevas un tiempo impartiendo clases de fotografía. ¿Hay algún aspecto o cuestión que especialmente intentes transmitir o enseñar a tus alumnos?

—Mi primer contrato como profesor data del año 2000, pero en el año 1998 ya empecé a dar clases. Siempre les digo a mis alumnos que no se dejen amedrentar por los trabajos de otros y que sigan buscando su propia visión de ver las cosas. En mis clases de fotografía una de las primeras nociones siempre es que no piensen que por llevar una cámara de gama alta se van a conseguir mejores resultados, la luz es igual para todos sin importar la marca o el modelo de la cámara.

—¿Aprender fotografía supone también empezar a mirar el mundo y lo que nos rodea de otra manera?

—Por supuesto, con la fotografía conseguimos captar un instante único e irrepetible y lo conservamos a modo de negativo, en papel o en un formato digital. Cuando aprendemos, fotografiamos todo, las hojas de las plantas, los rincones de nuestras ciudades y casas, empezamos a fijarnos en los detalles de los edificios, de las calles, de las gentes que las habitan… es entonces cuando nos damos cuenta de todo lo que nos rodea.

—Tu archivo fotográfico y documental de los acontecimientos musicales y culturales que se viven día a día, fundamentalmente en la provincia de León, sigue creciendo de forma ingente. Siempre le has prestado mucha atención a la música, a los músicos, a los conciertos en directo… y a la cultura underground en general. ¿Por qué escoges ese campo? ¿Qué se cuenta desde ahí? ¿Cómo es la vida cultural en León?

—Cuando yo tenía 8 años mi padre me apuntó al Conservatorio en Benidorm, ciudad donde viví algunos años, pero el solfeo se me atragantó y solo hacía que escaparme. Más tarde, con 15 años, mi padre me pasó el testigo de su cámara fotográfica y yo al mismo tiempo me compré una guitarra acústica. Con la ayuda de un amigo logré sacar algunos acordes, y con la ayuda de mi padre y de mi hermano mis primeros negativos. Pero con la guitarra no pasé de eso, ya que tenía que retomar la música como disciplina y me costaba un esfuerzo que no quise asumir. A día de hoy, cuando sufro mucho estrés, cojo la guitarra para dispersarme un poco, me relaja. Quizás todo esto lo llevo muy dentro y en su día pensé: ¿si no podía ser músico por qué no retratar todo aquello? Fue entonces cuando empecé a acudir a conciertos, fotografiar los instrumentos, los músicos, el público y todo lo que les rodeaba. La vida cultural en León es magnífica, hay un montón de creadores excelentes en todos los campos, con ganas de hacer cosas y transmitir. Por supuesto también hay mucha gente con inquietudes culturales que gustan de estos eventos, sin el público en general no habría nada.

—Mirando ese archivo de trabajo personal… ¿qué evolución aprecias, tanto en ti como fotógrafo como en lo fotografiado?

—Nunca se puede decir que dominamos la fotografía, siempre hay algo que aprender o mejorar. A medida que te vas desarrollando como persona, encuentras intereses nuevos por otras cosas a las cuales terminas fotografiando y con esto nuevos retos que requieren nuevas soluciones y técnicas fotográficas, a las que nunca antes habías prestado atención, de repente aparecen en tu vida y te hacen sentir vivo, empiezas a percibir la fotografía como un ente que requiere alimentarlo a diario.

—Has sido co-fundador de la revista Azul Eléctrico, pasaste por ValladolidWebMusical… proyectos que abandonaste por motivos personales, para crear después algo con sello propio, como la revista digital ‘Fanzine León’, que hace unos meses cambió de nombre para convertirse en ‘CUBICAL magazine’. ¿En qué momento estás ahora mismo? ¿Resulta difícil sobrevivir en la red?

—La historia de Azul Eléctrico se remonta años atrás. Lo cierto es que Julio, al cual conocí en la fiesta de un amigo en común, después de un rato hablando de música y literatura dijo: ¿porque no crear una revista que trate estos temas? Ese el comienzo real de la revista, del cual yo me considero co-fundador ya que desde ese momento me impliqué hasta que llegó el punto de abandonar. Siempre he permanecido en la sombra con Azul Eléctrico, pero muchas de las ideas editoriales de los primeros números salieron de mí. Pero antes de todo eso yo ya tenía mi propio fancine, “Murry Purry Project”, con el que me acreditaron en algún Purple Weekend o en el Festival Sonorama. Después vino mi paso por ValladolidWebMusical y más tarde nació ‘Fanzine León’, que después de tres años ha evolucionado a ‘CUBICAL magazine’, pero con la misma filosofía anterior, solo ha cambiado el nombre y alguna mejora en los contenidos. Aunque no lo parezca sobrevivir en internet no es fácil, hay que conseguir audiencia día a día. Ahora mismo tengo una media de visitas mensuales de 5.500, a veces sube a cerca de 7.000 visitas y otras veces baja a 4.000, pero este volumen de visitantes me hace permanecer y sobre todo el apoyo de algunos publicitantes que me aportan el dinero suficiente para pagar el servidor, el alojamiento y el dominio y cubrir algún desplazamiento, pero no da para mucho más. Ya me gustaría poder obtener todos los meses un volumen de publicidad que me permitiera vivir de ello, quizás algún día llegue un anunciante fuerte.

—De alguna manera ejerces como fotorreportero cultural ‘outsider’ en León, cubriendo eventos a los que casi nunca llegan los medios de comunicación y descubriendo a creadores que pasan desapercibidos, como en la sección ‘Anónimos’ (por cierto ¿has abandonado esta sección ahora en Cubical?). ¿Es vocacional?

—No entiendo muy bien cómo los medios de comunicación han podido abandonar tanto la cultura, prácticamente no se les ve en casi ningún acto. De hecho me he ofrecido en varias ocasiones a medios de León para llevar la agenda cultural y acudir a realizar las fotografías, aún sigo esperando una contestación. Lo mío es puramente vocacional, me encanta la literatura, la música y las artes en general. Para mí ir a un evento no es un martirio, disfruto de mi trabajo como fotógrafo y de paso estoy disfrutando de un evento que me llena y me enriquece. ¿Que más se puede pedir? La sección de ‘Anónimos’ se creó con la intención de dar a conocer parte de la cultura leonesa, pero con el nuevo cambio a CUBICAL no he tenido tiempo de recuperar aquellas entrevistas, aunque pronto retomaré esta sección y saldrán las antiguas.

—Como persona que trabaja en un campo relacionado con la cultura y la creatividad… ¿qué es para ti lo peor de esta crisis económica?

—Tener que enfrentarme todos los días a un mercado cada vez más competitivo, en el que el intrusismo está haciendo mucho daño y a esto le sumanos que el dinero no fluye. Cada vez es más difícil encontrar encargos.

—¿La necesidad agudiza el ingenio?

—Cuando no tienes unos ingresos estables todos los meses, no tienes más remedio que reinventarte y buscar nuevas alternativas y oportunidades de mercado. Es una lucha a contrarreloj que te hace estar muy activo mentalmente y en donde el ingenio es parte fundamental de este proceso. Por otro lado esta presión estimula mis sentidos y gracias a ellos surgen ideas constantemente.

—¿Tienes nuevos proyectos entre manos?

—Lo más inminente es un libro con título ‘Fotomatón, en el que se plantea un diálogo entre fotografía y poesía realizado conjuntamente con Felipe Zapico. También una exposición que me ha costado 2 años de sesiones fotográficas y que terminé el pasado mes de enero. Tengo algunos proyectos a medio hacer, así que aún no puedo hablar de ellos, pero seguro que antes de que acabe el año tendréis noticias.

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Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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