Javier Esteban: “Si protestan por los Max, que lo hagan contra la SGAE”

Javier Esteban, director de la compañía Azar Teatro. Fotografía: Magdalena Alejo.

Javier Esteban, director de la compañía Azar Teatro. Fotografía: Magdalena Alejo.

• “Somos teatreros y hacemos lo que nos da la gana dentro del campo de las artes escénicas”

“Sorprende que los directores de los festivales no nos pregunten qué hemos visto fuera cuando saben que viajamos bastante”

“La formación en dirección en esta Comunidad ha sido muy escasa, pocos talleres y de poca calidad”

“Son los ciudadanos los que deben reclamar la cultura igual que lo hacen con la sanidad o la enseñanza publicas”

“Me pregunto si una de las posibilidades de la ESADCyL no será que la cierren para el curso que viene…”

Por MAGDALENA ALEJO

‘El juicio de Dayton’, de Azar Teatro, estaba nominado al mejor espectáculo revelación en los premios Max de este año, aunque finalmente el premio ha ido a parar a la compañía cántabra Escena Miriñaque con la obraCartas de las golondrinas’. Estos galardones se entregarán el próximo 13 de mayo en las naves del Teatro Español de Madrid. En un encuentro con Javier Esteban, director de la compañía vallisoletana, hablamos de esta nominación, de su perfil profesional y de la situación de las artes escénicas dentro y fuera de España.

—¿Qué motivos te llevaron a poner en escena ‘El juicio de Dayton’?

—Me parecía un ejemplo muy claro de lo que hace la política actualmente en la sociedad. El juicio de Dayton está basado en una historia de manipulación, de pensamiento cerrado, de populismo. Más allá de las creencias religiosas, creacionismo frente a darwinismo, habla de egoísmo.

—¿La obra está basada en hechos reales?

—Sí, ocurrieron en 1925.

—¿Y sigue viva?

—Lo sorprendente es que cada día se pone más de actualidad. Ha habido una temporada en la que cada vez que Wert ( ministro de Educación) abría la boca ahí estaba ‘El juicio de Dayton’.

—¿Cómo ha sido la dirección de la obra, el trato con los actores, enfrentarte a este texto?

—Me extrañó que fuera una obra que no se hubiera representado en este país, solo tengo referencia de un grupo belga. Encontré enseguida la forma de hacerla, con un mínimo de producción. Le propusimos al Teatro Calderón de Valladolid la utilización del foyer, que hasta ahora no se había utilizado –por eso aparece como coproductor del espectáculo–, le pareció bien y empezamos a adueñarnos de ese lugar y a imaginar la obra en ese sitio.

Al principio, había cierto desconcierto entre los actores, no había solución de continuidad en las escenas, al elenco le costaba ubicar espacialmente las escenas… pero en el momento que trasladamos los ensayos al foyer los actores entraron muy bien en código. Fue un proceso muy divertido. Yo creo que ellos han aprendido mucho al tener que estar todo el rato con la energía en escena. Además siempre hemos querido que el público sea un actor más, se crea una complicidad entre los actores y el espectador.

Ha habido un momento de crisis, cuando el espectáculo sale de gira, ya que hay que hacerlo a la italiana.  Esto nos ha permitido romper moldes, utilizar palcos, patio de butacas, pasillos, fosos…

—¿Qué ha supuesto ‘El juicio de Dayton’ en tu trayectoria como director?

—Pues no lo sé porque luego han llegado otros proyectos, tienes la cabeza en otra cosa. Nunca es un espectáculo más, es un montaje con mucho elenco, con mucho texto y veníamos de hacer espectáculos sin él. Es un pasito más en la evolución artística. No sé si seguiré por ahí o lo aparcaré y seguiré por otro lado.

Cristina Calleja, Mercedes Asenjo, Chus de Lara y Carlos Tapia, en la obra 'El juicio de Dayton'. Foto: Marta Vidanes.

Cristina Calleja, Mercedes Asenjo, Chus de Lara y Carlos Tapia, en la obra ‘El juicio de Dayton’. Foto: Marta Vidanes.

—Una característica de Azar Teatro ha sido su versatilidad de estilos…

—Eso nos has costado muchísimo. Nos hemos gastado contando siempre que hacemos teatro y esto implica que hay teatro de sala, de calle, clásico, contemporáneo, con patines, sin ellos…

—¿Parece que uno tiene que encasillarse en un género?

—Hemos estado chocando siempre de frente con un discurso crítico especialmente en Valladolid y también en Castilla y León. La crítica era, básicamente, con los programadores que nos decían que  nosotros solo hacíamos mercados medievales, y si hacíamos calle nos decían que éramos de sala…

—¿Hay que luchar contra esto?

—Parece que hay que estar encasillado… Tenemos una compañía farol en Castilla y León, Corsario, que hace clásico y da la sensación de que todo el mundo tiene que elegir cuál es su sitio. Es ridículo. Uno hace teatro y le pasa como al actor, en ocasiones hace un papel y, en ocasiones, otro distinto. Esta dinámica ha costado mucho romperla y me atrevería a decir que solo desde hace tres o cuatro años se ha asumido desde altos estamentos que somos teatreros, hacemos lo que nos da la gana dentro del campo de las artes escénicas. Y como la cosa no está nada fácil pues hay que ir picando de diferentes estilos para poder seguir haciendo teatro. Hay un componente artístico y uno práctico.

—¿Esto te enriquece?

—Nosotros hemos viajado muchísimo y esto nos ha permitido descubrir muchas cosas y también enriquecernos como compañía con propuestas e ideas nuevas que puedes sacar adelante cuando tengas la oportunidad.

Me sorprende mucho que los directores y programadores de los festivales internacionales no pregunten qué has visto fuera cuando saben que la gente de las compañías de esta ciudad, afortunadamente, viaja bastante. No digo que tengamos que ser sus secretarios, ni que seamos sus asesores, pero ya que has estado viajando que te consulten si has visto algo interesante.

—¿Qué supone para Azar la nominación de ‘El juicio de Dayton’ para el espectáculo revelación en los premios Max, una compañía con casi 25 años?

—Todos aceptamos que el mercado de los premios de los Max se mueve donde se mueve el dinero. Son unos premios de la SGAE y los espectáculos más premiados son siempre los más vistos, con más cartel, con compañías que se mueven sobre todo en Madrid y Barcelona. El núcleo de los Max se lo llevan este tipo de compañías, el premio revelación es una propuesta de FAETEDA, Federación de Asociaciones de Empresas y Productoras de Teatro y Danza, que al constatar esta desigualdad quiere poner de relieve que en el resto del Estado también se estrenan propuestas destacadas.

Llamarle revelación no es lo más adecuado. Lo que está bien es que sea tu Comunidad la que te elige. Yo me siento orgulloso porque creo que no representamos mal a la Comunidad. ‘El juicio de Dayton’ es un espectáculo muy digno, es un adecuado escaparate de lo que puede ser la profesión en la Comunidad. Hay otros condicionantes, compites con el resto de las comunidades, hace unos años se lo dieron a Rayuela y se dice que no se lo van a dar a Castilla y León tan seguido, pero no quiero pensar que el premio sea un turno de comunidades.

—La elección ha estado llena de polémica…

—FAETEDA encarga a ARTESA, la Asociación de Empresas de Teatro y Danza de Castilla y León, que nombre un jurado. Sus componentes se eligen entre socios de ARTESA y de la SGAE en la Comunidad. Luego, ARTESA invita a las compañías socias para que presenten su candidatura y el jurado decide, finalmente, qué espectáculo representa a la Comunidad. Desde luego, si quieren pueden elegir también a una compañía no socia. La polémica surge cuando hay voces que preguntan por qué ARTESA no ha comunicado a las compañías que no pertenecen a la asociación la posibilidad de presentarse a este premio. Yo entiendo que si este premio está convocado por ARTESA, y yo soy uno de los socios porque  pago una cuota, la asociación debe informar a sus asociados. Alguna ventaja tendré que tener si mantengo con mi dinero a la asociación. Si estuviera en igualdad de condiciones con otras compañías, pague o no pague, ¿dónde está la gracia?

Mercedes Asenjo, Carlos Tapia, César Martín, Francisco Mateo, Cristina Calleja, Chus de Lara, Isaac Bravo, en la obra 'El juicio de Dayton'. Foto: Marta Vidanes.

Mercedes Asenjo, Carlos Tapia, César Martín, Francisco Mateo, Cristina Calleja, Chus de Lara, Isaac Bravo, en la obra ‘El juicio de Dayton’. Foto: Marta Vidanes.

—Pero el conflicto tiene su origen al tratarse de un premio.

—Es un premio creado por FAETEDA para sus asociados. Si las compañías que no están asociadas en todo el Estado hicieran otra asociación podrían exigir a la SGAE que hubiera un premio también para ese colectivo. También se creó un Max para destacar los trabajos infantiles por presión de las compañías que hacían teatro infantil, por lo que no entiendo la polémica y menos hacia Azar Teatro que es ajena a todo esto. Si alguien quiere protestar debería hacerlo contra la SGAE que es quien convoca el premio. No obstante, cuando se abre la convocatoria general a todas la categorías cualquiera puede presentar su espectáculo. Otra cosa es que lamentablemente nuestros espectáculos no giran tanto ni tantas veces como los de Madrid, por lo que no te van a votar. Por eso se preocupa FAETEDA. El problema es ajeno a las asociaciones.

Igualmente, se dice que siempre son los mismos… Mi compañía tiene 24 años, yo no he nacido ayer, no me han regalado nada, hemos estado y estamos muchas veces sin cobrar, nadie me paga el local, las facturas. No somos los mismos… lo que sucede es que a lo mejor somos más antiguos, tenemos más camino andado o nos hemos adaptado al sistema. No me gustan muchas cosas del sistema pero quiero vivir del teatro y me adapto a él.

—En este momento eres alumno de dirección en la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León (ESADCyL). ¿La formación sigue siendo una asignatura pendiente?

—Sí, de hecho, la formación en dirección en esta región ha sido muy escasa, pocos talleres, de poca calidad, algún encuentro con popes del teatro en fin de semana, pero no te descubren ni te forman, no te dan herramientas para encontrar tu personalidad artística.

Hay razones egoístas para tener un título en dirección y es el poder utilizarlo en educación, por ejemplo. Como quiero seguir viviendo de esto y un campo es la enseñanza pues un título viene bien. Hay directores que se consideran pedagogos, no es mi caso. Me gusta pensar que tengo actores profesionales, formados, y además me preocupo en tener profesionales formados en mis obras porque facilitan las cosas ya que  hablamos el mismo código. Yo no quiero formar actores, la formación  es otro campo.

En la ESADCyL no estoy descubriendo nada nuevo, pero el hecho de estar en clase sirve para ordenar los conocimientos, a nombrar aquello que sabía pero no daba nombre.

—Por cierto, hace pocos días ha dimitido el director de la escuela, José Gabriel López Antuñano, ¿qué opinas?

—No sé cuál será el futuro de la escuela…, él capitaneaba el centro y, la verdad, no sé qué va a pasar. Me pregunto si una de las posibilidades no será que cierren la escuela para el curso que viene…

—¿Cómo está la salud  escénica de este país, se innova, se adapta a los nuevos tiempos con respecto a Europa?

—Yo pertenezco a la ADE, Asociación de Directores de Escena, y es algo que me enorgullece porque en los tiempos que yo me afilié la única manera de demostrar que eras director era colegiarte en la asociación.

La ADE tiene una política en la que estoy de acuerdo: que los directores de escena sean una voz más dentro de la cultura de este país, pero son planteamientos excesivamente teóricos, hay mucho profesor. Luego está el profesional independiente que recoge encargos. La situación es muy complicada  e intenta constantemente pegar el petardazo y hacerse su hueco pero pierde la perspectiva. Por último está el director de las compañías estables, con núcleos de trabajo permanentes que permiten un desarrollo mejor de la profesión.

—¿A ti se te conoce como Javi Azar?

—Sí, a mí me gusta mucho más estar ligado a una compañía que a mi propio nombre. Y hago de todo en ella, yo cargo, descargo, conduzco. Esa idea de obreros del teatro me gusta personalizarlo en la figura del director, me preocupa eso.

Se buscan nuevas formas de expresión, pero vamos por delante de lo que el público es capaz de asumir. Tenemos un público envejecido, con una formación estancada que no se acerca demasiado a nuevos códigos, cuya formación es más textual que visual.

—Pero eso es un riesgo. ¿Crees que en unos años nos quedaremos sin público?

—El trabajo es hacer puentes. No se trata de coger a un público para dejar a otro. Hay que hacer políticas activas para que los públicos se vayan mezclando. En mi caso, intento innovar sin perder de vista la situación actual.

Un momento de la representación de 'El juicio de Dayton'. Foto: Marta Vidanes.

Un momento de la representación de ‘El juicio de Dayton’ en el foyer del Calderón. Foto: Marta Vidanes.

—¿En qué proyectos trabajas?

—Estamos trabajando en una propuesta de calle ligada a la performance más que a una propuesta narrativa, aunque es lo suficientemente original como para que también admita iniciativas narrativas. Buscando interactuar desde lo escénico, en otros espacios como puedan ser los museos, vestíbulos, buscando que el espectador sea quien componga la narratividad de lo que ve. Estamos con el  Departamento de  Microrobótica de la  Universidad de Valladolid que no tiene nada que ver con las artes escénicas.

—¿Arte e innovación?

—Sí, es un I+D+i de artes escénicas. Gente que no tiene nada ver con las artes escénicas, pero que piensan que su trabajo también se puede dar a conocer a través de las artes escénicas, y si todo va bien lo presentaremos en agosto.

Y acabamos de estrenar ‘Bruno XXI’. Ahora estamos centrados en darle vida, hay ideas pero tendrán que esperar, no es el momento.

—Hay diferentes mareas, pero ¿la de la cultura con la subida del 21% de IVA está diluida?

—Hay un sector de la cultura que no consideramos profesional todo y hay una parte que consideran mercado lo que hacemos otros. Me refiero al teatro, a las artes escénicas. Cultura es todo pero no de cualquier forma. Estamos divididos. Yo he apoyado que haya cultura en los bares pero en condiciones profesionales, dignas, porque a mí me echan en cara la dignidad. Resulta violento que alguien vaya a un bar a actuar sin asegurar. Si yo tengo que ser flexible con ese discurso la otra persona también con el mío que es un discurso más empresarial, y es igual de artístico.

—Esa desunión ¿no debiera visualizarse en la calle?

—Pero el problema es del espectador ya que es a quien le tiene que importar pagar un 21% de IVA. Cuando hablamos de la plataforma por salvar la cultura no solo debemos unir a los que hacemos cultura, también a los ciudadanos. Son ellos quienes deben reclamar cultura igual que lo hacen con la sanidad. El problema es de fondo, participo como usuario de la sanidad, de la educación pública, pero quien tiene que reclamar que no la separen de la cultura es la ciudadanía.

—Quizá la sociedad todavía considera que la cultura no es necesaria…

—Efectivamente, el ciudadano ve la cultura como pequeñas parcelas, los del cine, los de la música, los del teatro… Como empresa luchamos todo lo que se puede contra el IVA, aunque hay pocos relevos para dar la cara. Pero hace tiempo que se piensa que la cultura es todo y ese es el problema. Hay que cambiar el discurso, y en lugar de luchar con el ministro hay que pelearse con la ciudadanía para que nos reclamen como lo que somos.

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