La paradoja del Landismo

imagesPor VÍCTOR M. DÍEZ

Casi cuarenta años después de los cuarenta años más calamitosos de este país, tiene sentido esa proclama que leí el otro día en una manifestación, contra la “Contrarreforma de la educación” llamada LOMCE: “Españoles, Franco a vuerto”. La modernización de la patria nuestra, con todos sus maquillajes y lentejuelas: Transición mediante, Movida al canto y Democracia de andar por casa en la talega… no solo no han superado nuestras más profundas trabas y atavismos, sino que en algunos casos las han  afianzado o agudizado.

Son ejemplos, pequeños detalles, dramáticos hechos simples. Síntomas, los llamamos algunos, de cómo evoluciona el moribundo. Rumbo a peor, como diría Beckett.

1) A un inmigrante sin papeles, al que se le hace firmar el reconocimiento de su deuda,  se le deja morir por tuberculosis.

2) Oigo en un telediario de la televisión pública TVE 1 que, según los expertos, acercarse a una iglesia y rezar, puede reconfortar a la gente desesperada por no tener trabajo, estar en la calle, etc…

3) De la ley de educación que el ministro Wert ha perpetrado, que aun no se ha aprobado y que casi nadie conoce en detalle, un detalle: A quienes sean becados (gente falta que recursos), se les exigirá más nota que a quienes paguen (los que pueden) ¿les suena?

4) Ahora al Ministro de Gobernación se le llama del Interior (será de la capilla). Visto que lo ostenta este señor numerario del Opus Dei, que no se resiste a hacer el chiste de en qué se parecen los terroristas a las abortistas.

5) Una madre no va a recoger a sus hijos de cinco y nueve años, por no poder mantenerlos. Un hombre, ahogado por las deudas, se ahorca para recibir a quienes vienen a desahuciarlo.

Sí, aceptamos Landismo como concepto sociológico: de allí venimos, allí estuvimos y hacia allí caminamos, visto lo visto. Tal concepto, tomado del cine más abyecto que nunca se produjo, está plenamente vigente en nuestra sociedad. Aquél cine, sin embargo, tuvo sus virtudes, permitió comer a nuestros cómicos en una época en que las cosas no les eran fáciles y reírse de sí mismos a quienes se veían reflejados en la babeante pantalla del destape. Hasta tuvo sus premoniciones, recuerden aquél grito tribal de López Váquez: ¡Qué vieeeneeen las alemaaaanas!  ¡Ni tanto! Después, también a ellos, hubo que rescatarles, claro, y demostraron que podían ser grandes actores los Landa, Sacristán, Sazatornil, el propio López Vázquez y otros y otras.

Pero ni nos tragamos el gran cine que era aquél, más bien parecía como ver y escuchar a Charlie Parker y Coltrane, obligados a tocar en la orquesta impregnada de laca de Luis Cobos. Ni somos ciegos a la vigencia de la etiqueta. Aborto, terrorismo y unidad de España. Las tres patas ideológicas para sostener ante sus ¿votantes? el mantenimiento de Una, Grande y Libre aunque la ahogemos en la bañera, a esta “reserva espiritual”. Se podría decir, perdóname hermano Cuerda, que esta gente: Amenaza, que no es poco.

(De Don Alfredo Landa, ese Sancho entrañable, Paco el bajo, santo inocente, ese crack… hablaremos otro día, sin ensuciarle con su sambenito)

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