Pareidolias

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Por VÍCTOR M. DÍEZ

Una amiga preguntó el otro día: ¿Os habéis dado cuenta de que ya no llegan noticias ni imágenes de Grecia? Ya está, comentaba ella, han caído en el agujero oscuro. Ya no se les oye gritar, ni se ven las algaradas en las calles. Incluso las redes sociales ya no llegan o no retumban allí, ni desde allí. Esta amiga, que estaba de luto por una pérdida, nos contó cómo el mar se ponía bravo ante su ventana y cómo solo se calmaba al tragar alguna víctima: el velero a la deriva, la mujer que recorría el paseo, el muchacho que se acercó a orinar cerca de la orilla, los policías uno, dos y tres que se fueron lanzando uno tras otro. El mar se cobraba su víctima y después entraba en calma por un tiempo, nos dijo. O eso le parecía.

Los choques en Londres entre los nacionalistas del BNP y los diferentes grupos antirracistas, a resultas de la muerte del soldado Rigby; los disturbios de las últimas semanas en Suecia; las manifestaciones ultraconservadores contra el matrimonio gay por toda Francia; las algaradas en Besiktas, Turquía, contra el gobierno autoritario de Erdogan

la chica de rojo estambul

No sé muy bien si todo es lo que parece. Europa en llamas, eso es lo que parece. Inquietantes síntomas de que este principio de siglo quiere emular a su inmediato ancestro, el siglo XX. No sé, quizás nada es lo que parece. Quizás la simbólica chica de rojo, a la que un policía turco riega de gas lacrimógeno, no estaba paseando por el parque alegrándose de la llegada del verano. En la prensa: “Con su vestido rojo veraniego de algodón, collar y bolso blanco colgado del hombro, la joven podría haber estado pasándolo bien en una fiesta al aire libre, si no fuera por el policía enmascarado que, desde detrás de ella, le dispara gas lacrimógeno a la cara”. Quizás era una radical, una terrorista, quién sabe, está la cosa de que no parecía muy peligrosa.

Quizás el Museo de Arte Contemporáneo de mi ciudad sea una mera tapadera para que, los poderosos de mi Comunidad, muevan la pasta que roban a la cultura a su antojo. Eso parece, al ver a su directora (que lo era desde hace menos de tres meses), dimitir, aduciendo presiones, injerencias y falta de independencia para ejercer su cometido. Quizás era una profesional honrada y consecuente. Parecía una mujer que sabía lo que quería y cómo llevarlo a cabo. Parecía.

Quizás es una mera casualidad que un conductor en EEUU, al entornar los ojos vea en una tetera a Hitler. Estará enfermo (veáse la foto). Ver formas y patrones en objetos o paisajes se llama pareidolia y es algo normal. Pero quien esto escribe no cree en las meras casualidades. Más bien tiende a pensar que las cosas acaban resultando, muy a menudo, lo que parecen. ¿Y si Erdogan fuese un tirano, la tetera un homenaje al execrable y Europa la antesala de una guerra mundial/fin del mundo? Parezco un intrigante.

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