Arturo Mejía: “Los sueños sí se pueden lograr”

Arturo Mejía, director artístico de la compañía peruana Arena y Esteras.

Arturo Mejía, director artístico de la compañía peruana Arena y Esteras.

  • “Realizamos acciones a través del arte en espacios sociales, políticos y culturales”

  • “Hemos creado festivales comunitarios internacionales que inciden al 100% en el barrio

  • “Nos hemos encerrado cuatro gatos a prepararnos, a ensayar y soñar con algún futuro incierto”

  • “La acción del colectivo de Arena y Esteras es educativa, una escuela a través del arte que enseña a ser mejores seres humanos, mejores ciudadanos”

  • “Nuestro pueblo está asentado en un desierto, era un pueblo marginal, era una comuna de ‘todas las sangres’

  • “Para nosotros las giras por Europa sirven para aprender de otras culturas”

  • “En el desarrollo de las disciplinas artísticas en Perú hay un avance, no obstante hay un alejamiento al pensamiento crítico de la realidad”

Por MAGDALENA ALEJO

Charlamos con Arturo Mejía, director artístico de Arena y Esteras, un grupo de teatro de Perú, ubicado en Villa El Salvador –al sur de Lima–. Esta compañía nace en los años 90 como respuesta al miedo, la marginalidad y la política de terror que imperaba en esos años en el barrio a causa de la presencia de Sendero Luminoso. Un ejemplo vivo de cómo a partir del teatro se puede cambiar la sociedad en la que vivimos.

1-arena-y-esteras—¿Cuándo se crea el grupo?

—El 15 de febrero de 1992 María Elena Moyano, dirigente popular de Villa El Salvador es asesinada a causa de la violencia política. Este hecho provocó tristeza y repudio en la Comunidad. Un grupo de jóvenes se junta con el firme propósito de vencer el miedo a través del arte y hacer que la población recupere su capacidad de sonreír y de creer en la vida. El 28 de marzo de 1992 iniciamos una actividad, denominada Escuela Rodante, que consistía en hacer un festival de formato sencillo en los barrios, con la intención de que los niños salieran de sus casas y que los padres se fueran acercando al proyecto socio-cultural, invitando al sosiego y brindando un ambiente de recreación y color.

—¿Qué objetivos perseguíais?

—El objetivo que nos impulsó a realizar acciones fue el tratar de vencer el miedo que el terror había engendrado en nuestra comuna. De antemano ya habíamos decidido hacerlo a través de las actividades culturales, de festivales, luego vino el teatro y los sueños de tener un espacio teatral y una casa cultural. Al principio, realizábamos muchas actividades, muy pocas reuniones, solo nos poníamos de acuerdo sobre el lugar al que ir. Éramos activistas culturales, aunque hace algunos años nos enteramos de que esa actividad se llama animación socio cultural.

¿Qué labor realizáis dentro de Villa El Salvador?

—Acciones a través del arte en espacios sociales, políticos y culturales. Los espacios sociales los dividimos en dos: el organizado o institucional y el de la calle o barrio. Los espacios sociales orgánicos más activos en la que participamos son la Federación Popular de Mujeres, los amigos de la tercera edad, los centros educativos, las asambleas de los vecinos.

El segundo espacio con el cual estamos en permanente intervención son los grupos residenciales, que concretamente es la calle, en sus canchas deportivas, en las esquinas y avenidas. Dinámica que hemos llevado a cabo durante todos estos 21 años, la cual consiste solo en intervenir en el barrio con murales, animación de payasos, juegos masivos con los niños, teatro, danzas, circo, pasacalles.

Actualmente participamos en el Comité Amplio de apoyo a la No Revocatoria, un espacio en donde están la gran mayoría de partidos políticos y organizaciones sociales  de Villa El Salvador. Este comité realiza una campaña de apoyo a la alcaldesa de Lima Metropolitana quien tiene una posición de izquierda moderada. Hemos creado festivales comunitarios internacionales que inciden  al 100% en el territorio de Villa El Salvador, como es el FESTICIRCO (julio), Arte y Memoria, y YUYAYKUNAYPAC (noviembre). Paralelamente en todos estos años hemos construido una casa cultural comunitaria en donde hay diversos talleres y colectivos artísticos de diferentes disciplinas (circo, teatro, danza, música, audiovisuales…).

Fortalecemos, vinculamos y relacionamos otras experiencias de arte, propiciamos redes, comités, etc. Podemos decir que la acción del colectivo de Arena y Esteras es educativa, una escuela a través del arte que enseña a ser mejores seres humanos, mejores ciudadanos.

—Vuestras actividades, ¿llegan a toda la población?

—Hemos querido llegar a toda la población de Villa El Salvador, pero Villa es grande, más de 400 mil habitantes. En la casa cultural comunitaria diariamente se alberga entre 30 a 60 personas sobre todo adolescentes y jóvenes. Cuando hay intervención callejera la población a la cual se convoca oscila  de 100 a 300 pobladores, siendo los niños la mayor cantidad, en las funciones o espectáculos sea la expresión que sea el público oscila entre los 50 a 250 personas y siempre tratamos que sea un público familiar. Al año tenemos más de un centenar de actividades: conciertos, talleres, festivales, pasantías, funciones de espectáculos… Personalmente me aturde medir nuestra labor por la cantidad de población a la cual llegamos, puesto que se pierde la esencia de la pedagogía y sobre todo se condiciona la cantidad y eficacia. Ha habido algún año en que nos hemos encerrado cuatro gatos a prepararnos, a ensayar y soñar con algún futuro incierto, soy testigo que esos momentos son necesariamente vitales.

Arena y Esteras. Foto:  clandestinobomb.

Arena y Esteras. Foto: clandestinobomb.

¿Cómo es Villa?

—Villa El Salvador es una pueblo joven que ha madurado rápidamente, podemos decir que actualmente se acerca mucha al concepto de ciudad. Nuestro pueblo está asentado en un desierto, en el inicio se soñó, se planificó, se luchó día a día por los servicios básicos, pues nuestro estado no protege a sus ciudadanos: Era un pueblo marginal, aislado, de migrantes, era una comuna de “todas las sangres”. Lo hermoso de Villa es que los sueños de nuestros padres comenzaron poco a poco a ser realidad.

Lucharon con marchas y movilizaciones por el agua y la luz, luego se organizaron por crear escuelas y espacios culturales, habían planificado el lugar de la futura universidad, un gran hospital, etc. Actualmente todo esto lo podemos ver, el esplendoroso parque industrial, pero creo que la célula de nuestra organización es el “grupo residencial” en donde 360 familias viven mirando al centro comunal en donde se construye, de manera autogestionada, una escuelita para niños, un centro de atención básico, un local comunal, canchas deportivas y espacios comunales  para niños.

En el grupo residencial se desarrollan asambleas que han sido la fuente básica y el ejercicio cotidiano de toma de decisiones, una práctica democrática. Todo no es perfecto, logramos vincularnos, ser un pueblo global, los lastres actuales son la corrupción, la desarticulación de los espacios políticos sociales,  pero con todo esto nuestra comuna avanza.

Construimos Villa El Salvador como una ciudad de la cultura, solidaria, moderna, competitiva y generadora de riqueza; segura, turística, líder e integradora. Con hombres y mujeres de todas las generaciones, con valores, cultura de paz e igualdad de oportunidades; emprendedores que gozan de buena calidad de vida, autoridades y organizaciones que reafirman su identidad comunitaria, autogestionaria y democrática.

En la actualidad, ¿cómo ha sido el desarrollo de Arena y Esteras?

—Este año cumplimos 21 años y nuestra experiencia ha logrado construir  una casa cultural comunitaria, que si bien ha crecido en todo nuestro proceso con múltiples labores, ahora tiene la necesidad de tener su propia dinámica, así lo exigen la comunidad, aquellos niños adolescentes y padres de familia. También tenemos un repertorio de espectáculos de creación colectiva, en estos momentos seguimos afinando la última creación con una decena de muchachos, dicha labor pertenece al área de creación. La labor permanente en la comunidad ha desarrollado un área a la cual denominamos “incidencia en las políticas públicas y comunales”, el espacio alberga temas y acciones de derechos humanos, trabajo rural, género, etc., es una labor de política socio-comunal.

Todas estas responsabilidades se cruzan y a la vez son autónomas, no salieron de una mesa de trabajo, sino de los sueños de sus integrantes, de sus impulsos por trasformar su entorno. Luego sí que nos sentamos a consensuar criterios y actividades. Es un proceso de cara y manos con la comunidad.

Han llegado los reconocimientos después de los años…

—En el 2012 ganamos el Premio Nacional de Cultura otorgado por el Ministerio de Cultura del Perú y Petroperú. Humildemente nos sentimos honrados pero su verdadero significado se centra en que es un reconocimiento para Villa El Salvador, pues nuestra experiencia se basa en el concepto de cultura comunitaria, es nuestra comunidad quien nos enseña constantemente la forma de caminar. Pero el galardón también significa la voluntad de un sector del Estado de cambiar las cosas. Reconocer una experiencia es visibilizar los cientos de grupos de arte que vivimos fuera de las páginas culturales de los medios de comunicación masiva, o de las páginas de la farándula. Hay que añadir que es el primer año en que se instaura un premio a Las buenas prácticas, que es el apartado en el que nos lo han otorgado. Hemos tenido, además, reconocimientos a nivel local y de las universidades, pero lo más hermoso es cuando van a la casa los vecinos y reconocen tras los aplausos una labor escénica.

¿Ha habido un cambio a raíz de estas distinciones?

—En el interior de nuestra organización seguimos con idénticos planteamientos que cuando comenzamos, una labor de hormiga, de campo, una lucha de día a día por sostener nuestro sueño. Pero a través de las menciones que han visibilizado nuestro andar a nivel nacional, hemos sentido mucha alegría, puesto que sentimos que a través de esta acción también se visibilizan los centenares de colectivos comunitarios que aportan al país y que hasta el momento son ignorados por el Estado.

Háblame de vuestros viajes por Europa

—Los viajes a Europa se iniciaron en el 2002 a raíz de una iniciativa de un voluntario francés que realizaba un trabajo en Villa El Salvador. En aquellos momentos buscamos compartir esta idea con ciudades que estaban hermanadas con nuestro pueblo, por lo que la finalidad era revitalizar los hermanamientos con Villa El Salvador. Ese fue el primer gran objetivo en la primera gira, que incluía, asimismo, llevar obras de teatro y nuestra manera de hacer festivales. Viajamos por las ciudades hermanas: Santa Coloma de Gramanet, en España; Reze, en Francia; Amstelven, en Holanda y  también en Italia.

Para nosotros las giras por Europa son temáticas, cada una es especial. Nos ha servido para auto-sostener la experiencia, hemos realizado las mismas actividades que hacemos en nuestra comuna, resaltando los elementos culturales de nuestro país, con una actitud solidaria y de querer aprender de otras culturas además de aportar la experiencia artística y social de Villa El Salvador.

Realizamos hace tres años una colaboración con el colectivo Sonríe y Lucha y la compañía de teatro Telón de Azúcar, ambas de Valladolid. Mostramos en el Festicirco el espectáculo coproducido y lo llevamos a Yerbasanta, una zona de los Andes en la provincia de Cajamarca. Todo ello, junto a talleres educativos, una labor pedagógica que nunca olvidamos. Una experiencia que previamente realizamos en España.

Actualmente estamos vinculados con un proyectos muy interesante que se denomina KINDERKULTURKARAVANE, en Alemania y consiste en que varios países realizan una itinerancia por los pueblos y ciudades de Alemania.

Arena y Esteras. Foto:  clandestinobomb.

Arena y Esteras. Foto: clandestinobomb.

¿Cómo se encuentra Perú artísticamente hablando?

—Nuestro país tiene divisiones sociales muy marcadas, por lo que hay que entender que culturalmente y artísticamente estamos marcados por esta situación. Actualmente, hay una intención de visibilizar y tratar de darle valor a experiencias comunitarias o de base, buscando argumentos sociológicos, pedagógicos, etc., para que el Estado en su conjunto asuma el rol de apertura a estos procesos.

En cuanto al desarrollo de las disciplinas artísticas observo que hay un avance cualitativo en las artes escénicas y buena exploración en las artes plásticas. No obstante, hay un alejamiento al pensamiento crítico de la realidad, en ese sentido las leyes del mercado nos ganan la partida.

Una excelente noticia es que el municipio de Lima haya creado la ordenanza Cultura Viva Comunitaria con un conjunto de organizaciones culturales. La Cultura Viva Comunitaria es también un movimiento latinoamericano que tiene por objetivo incidir dentro de la políticas públicas de cada país para que la cultura sirva como proceso que aporta sus valores a la sociedad, una cultura válida y no invisible.

El Ministerio de Cultura del Perú ha creado el programa Puntos de Cultura, en el ámbito  nacional, que es toda una red de experiencias comunitarias para poder impulsar y potenciar su quehacer. Todo esto aún no es suficiente, pero se percibe que hay una voluntad.

Y, ¿el futuro?

¿El futuro de Arena y Esteras? Es una pregunta que últimamente nos la hacen de forma reiterada, la vamos escuchando a menudo.

Cuando contamos la experiencia, las anécdotas, la forma en que hemos inventado un sistema económico, el cómo hemos construido la casa, la manera en que hacemos las cosas, al final de contar los sueños logrados, nos preguntan, y ¿el futuro?

Creo firmemente que nuestro nacimiento marcó un gran objetivo en nuestras almas, queríamos desterrar el miedo que dejó el terror, esto no significa nada más y nada menos que deseábamos cambiar una situación indigna, queríamos trasformar el mundo que nos rodeaba y que nos quitaba la alegría de vivir.

Las acciones trasformaron nuestras vidas, y la de nuestros amigos y también la de nuestras familia, porque a pesar de todo, con todo el sacrificio avanzábamos paso a pasito.

Entonces ¿qué vemos en el futuro de Arena y Estera de aquí a cinco o diez años? Creo firmemente que la respuesta definitiva es seguir trasformando, revolucionando, la Comunidad a la que pertenecemos con nuestros sueños.

Al parecer, la casa cultural comunitaria invita a cumplir los sueños, pero los sueños no fueron construir una casa, ladrillos y cemento. La idea era lograr un espacio adecuado para que podamos ser mejores, dignamente; disponer de espacios para crear, inventar, jugar. Escogimos una manera de trasformar y la perseguimos con mucha avidez.

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