El espejismo de lo sólido

 

Musac. © Fotografía de Agustín Berrueta.

Musac. © Fotografía de Agustín Berrueta.

Por MIGUEL Á. VARELA

El Musac nació de un tiempo de bonanza que parecía eterno, milagroso e infinito. Nació de la nada, de arriba hacia abajo, al rebufo del exitoso efecto Guggenheim que toda capital española se mostró dispuesta a imitar sin mayores cálculos.

Si la construcción bilbaína había servido de estímulo a la reconstrucción urbana y económica de la ciudad vasca, aparentemente nada impedía repetir un modelo que parecía inagotable y que se basaba en priorizar la espectacularidad del continente hasta llegar a aplastar el discurso del contenido.

El Musac nació poco antes de que todo lo que parecía sólido se desvaneciera en el aire, si usamos la afortunada metáfora de Muñoz Molina que da título a su último y muy recomendable ensayo. Nació también en un tiempo en el que triunfó entre la clase dirigente algo tan viejo como el retablo de las maravillas cervantino y se estableció una especie de competición para ver quién era más moderno.

Analfabetos funcionales en materia artística se convirtieron de la noche a la mañana en exquisitos degustadores de las más arriesgadas muestras de expresión contemporánea pagadas a precio de oro y colocadas con calzador en un entorno social escasamente interesado en ellas pero que las acogían con el papanatismo del nuevo rico orgulloso de serlo.

En ocasiones, en este tipo de operaciones se barrían actuaciones modestas pero estables de acción cultural en lo contemporáneo (el caso, por ejemplo, de El Albéitar en León) a base de un apabullante exhibicionismo de chequera que acallaba voces críticas y transformaba como por encanto sociedades semirrurales en territorios conectados con lo más granado de la posmodernidad.

Probablemente, en condiciones de crecimiento económico ilimitado, la espiral no se hubiera detenido. Pero llegó el derrumbe y a lo largo de la geografía nacional van quedndo espléndidos cadáveres que los arqueólogos del futuro clasificarán cronológicamente: la Ciudad de la Cultura de Santiago, la Ciudad de las Artes y de las Ciencias de Valencia, el Palacio de Congresos y Exposiciones de Salamanca, el Palacio de Exposiciones y Congresos Ciudad de Oviedo…

El Musac ha vivido ahora otra convulsión añadida. La dimisión de su directora, a los tres meses de su designación, ha dejado una polvareda de reproches que muestran las tensiones con el poder político, incapaz de entender su papel de delegado transitorio, que busca en muchas ocasiones más un albacea de su voluntad que una figura autónoma, con criterio y responsabilidad.

Aunque las circunstancias económicas han cambiado radicalmente, el poder sigue ejerciendo de aprendiz de brujo, interfiriendo hasta en el entierro de los gigantes con pies de barro construídos en los años en los que vivimos el espejismo de que todo parecía sólido.

Musac. © Fotografía de Agustín Berrueta.

Musac. © Fotografía de Agustín Berrueta.

Un Comentario

  1. Pingback: Artes vivas frente a inesperada performance de comisarios en el Musac | Tam-Tam Press

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