‘Tiempo de Javier del Río’, una exposición íntima, amorosa, poética

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Por ELOÍSA OTERO

‘Tiempo de Javier’ se titula la exposición homenaje al fallecido artista asturiano Javier del Río (Gijón, 1952-2004) que, hasta el próximo 14 de julio, se puede contemplar en la Sala Provincia del Instituto Leonés de Cultura. Un artista con registros tan diversos como apasionantes, y un explorador del arte y de sus materiales capaz de brindar al espectador sorprendentes hallazgos.

Repartidas y agrupadas en bloques temáticos, entre las 70 piezas reunidas para esta muestra destacan una treintena de esculturas (en piedra, acero y madera) y otra treintena de pinturas, seleccionadas por su viuda, Lupe Rodríguez, y por el comisario Francisco Zapico Díaz, gran amigo del artista.

Algunas de ests obras se han podido ver este mismo año en Asturias, tanto en la exposición ‘La luz de Javier del Río’, en Oviedo, como en la cuidada selección de esculturas que mostró el Museo Antón, en Candás. Otras piezas formaron parte en 2012 de las dos exposiciones del proyecto ‘La búsqueda de un sueño. Javier del Río (1952-2004)’, organizadas por el Museo Evaristo Valle. El resto de las piezas forman parte de colecciones particulares, y todas están incluidas en el impresionante catálogo razonado de la Fundación María Cristina Masaveu Peterson.

De lo íntimo a lo social

‘Tiempo de Javier’ profundiza en la parte más íntima del autor, con retratos de amigos y familiares, pero también con obras sobre lugares y paisajes muy especiales para este artista.

En la primera sala hay obras relacionadas con el tema de la maternidad, “porque su padre era médico-jefe de una de las clínicas privadas más importantes de Gijón, donde nació mucha gente. Javier recuperó materiales de aquella clínica, como el sillín del paritorio, que reconvierte por ejemplo en un triciclo de niños”, explica Zapico. Entre las pinturas y esculturas de esta primera sala hay maternidades, retratos de su mujer, Guadalupe Rodríguez, y de sus hijos Alicia y Tadeo, pero también otras piezas que tienen que ver “con el mundo que él inventaba para los niños”. Dos esculturas curiosas, por ejemplo, muestran a dos curas –”él estudió en los Jesuitas y recuerda en una de las piezas cómo el prior, para castigar a los niños, les solía soltar una pesada llave en la cabeza”, ilustra el comisario–.

En la segunda sala aparecen reunidas obras con un discurso más social, como el cuadro que refleja la detención de un minero durante las huelgas de 1962 en Asturias, que está basado en el verso de Lorca ‘plomo tienen las calaveras’, o la obra titulada ‘Probe de pedir’.

Paisajes y esculturas

Más al fondo de la sala se exhiben cuadros de paisajes marinos y urbanos de Gijón. “No hemos escogido los mejores paisajes, ni los más vendidos, porque él hizo paisajes enormes que están en manos de los coleccionistas… Pero sí hemos querido mostrar obras que estuviesen fuera de lo comercial, con otro toque más íntimo y a veces llenos de simbolismo“, advierte Zapico.

También aparece un apartado dedicado España y el mundo de los toros, con grandes piezas escultóricas y mucho arte.

En la última sala se muestra su trabajo en arenisca y roca volcánica, un material “relativamente fácil de trabajar, pero muy frágil, ya que se deteriora fácilmente”. Finalmente, para completar la exposición, el público puede contemplar un audiovisual en el que se proyectan los cuadernos de trabajo de Javier del Río, “auténticos cuadernos de artista, que son algo maravilloso”, en palabras de Zapico.

Objetos encontrados

Precisamente Zapico Díaz ha sido quien ha recuperado muchas de las esculturas del óxido del tiempo, de la ruina de la edad. “Javier tenía mucha gracia trabajando las soldaduras, aprovechando elementos industriales… La mayoría de sus obras están realizadas con objetos encontrados, y hay piezas realmente poderosas, muy buenas. Pero las areniscas tienen algo especial”.

Javier del Río exploró muchas disciplinas en su juventud, y aunque viajó bastante por Europa, en los últimos veinte años de su corta vida se centró en su entorno asturiano más inmediato. “Por encima de todo se consideraba pintor, pero también sentía la necesidad de ahondar en la escultura. Su capacidad para combinar hierro y acero, su admiración por Picasso y Julio González y su interés por la piedra arenisca lo acercaron a modos primitivistas e impactantes, desarrollando una rica temática figurativa de guiños sarcásticos, repletos de fantasía e intenciones antropomórficas, tiernas, poéticas. En sus esculturas vibra, además, el recuerdo del arte africano, de los vestigios precolombinos, de la estatuaria egipcia o de la Grecia arcaica”, escribe María Soledad Álvarez Martínez en el catálogo de la Fundación María Cristina Masaveu Peterson.

  • ‘Tiempo de Javier’. Obras de Javier del Río (Gijón, 1952-2004).
    Sala Provincia
    del Instituto Leonés de Cultura (C/ Puerta de la Reina, 1. León).
    Hasta el 14 de julio.

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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