Si no sabes qué hacer, pues no hagas nada

Imagen de 'Aquí va a pasar algo', de Zanguango Teatro.
Imagen de ‘Aquí va a pasar algo’, de Zanguango Teatro.

Por MIGUEL MUÑOZ

Esta es de las primeras cosas que uno aprende cuando hace teatro. Y pienso ahora que qué bueno sería si se aplicara en el campo de la política y la gestión cultural.

En una sociedad sana, que no sé si existe en algún sitio, la cultura se debiera manifestar de manera natural en todos los ámbitos, debiera ser algo que se vive, que se cuece, que fermenta, que sucede espontáneamente, autogestionadamente, descontroladamente, inesperadamente, sorprendentemente, dentro del caldo social. Pero aquí que llegan los poderes y a través de las instituciones empiezan a hacer política cultural. Y ahí se tiran a construir contenedores culturales sin contenido, ni programa de contenido, ni dinero para continuarlo, ni demanda. Ahí se tiran a programar eventos carísimos, centenarios, bicentenarios, aniversarios que no van más allá de la página del periódico del día siguiente que forrará el fondo del cubo de la basura del día siguiente. Aquí llueven del cielo festivales que caen sobre ciudades que ni los disfrutan, ni los han pedido. Aquí llega, cuidado, un político con ideas o con ocurrencias. Aquí vienen los grandes espacios y grandes presupuestos para que unos pocos disfruten de la ópera, por ejemplo, con la subvención y el dinero de todos, mientras los alumnos de las escuelas estudian en barracones prefabricados. Aquí se empieza la casa por el tejado, olvidando el trabajo de base, en los barrios, en las asociaciones, en el tejido social, en la educación en general. La administración y su casta de funcionarios aburocratados se arrogan el derecho de decidir qué es la cultura en cada lugar, contando lamentablemente con la complicidad de muchos de nosotros, agentes o bufones culturales.

Cuando la iniciativa civil se organiza y emprende acciones como muestras, festivales… eventos de la clase que sean, que se sacan adelante con mucho trabajo, esfuerzo, cariño, y poco presupuesto, obtienen resultados espectaculares en lo que respecta a participación ciudadana y rentabilidad social. Cuando es la administración quien lo organiza, aun con presupuestos mucho mayores, la desidia y la falta de interés real se contagia.

En estos momentos en los que todo se debe replantear, los agentes culturales tenemos la oportunidad y el enorme trabajo de encontrar caminos para conseguir una relación directa con la sociedad, sacudirnos la dependencia de las administraciones y exigirles que apoyen y hagan cultura y dejen de hacer política. O mejor aún, que no hagan nada y ¡que nos dejen en paz!

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* Miguel Muñoz es director de la compañía Zanguango Teatro.

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