Black Star Riders, siguiendo la estela de Thin Lizzy

Portada Black Star Riders

Bajo el nombre de este grupo se encuentran los componentes que han mantenido el legado de la mítica banda irlandesa Thin Lizzy y que se han lanzado a componer nuevo material.

Por KEPA ARBIZU

Phil Lynott es uno de los músicos más carismáticos que ha dado el rock. Su carrera principalmente la desarrolló en la banda Thin Lizzy, que desde los años setenta ejecutaron un hard rock trufado de influencias clásicas y que les valió un merecido reconocimiento. Como siempre suele suceder en esas situaciones en las que un líder con tanto peso específico desaparece, como es el caso, el futuro del grupo a lo largo de los años ha tenido que lidiar con esa circunstancia difícil de asimilar.

Y precisamente en esa disyuntiva se han movido desde los ochenta los irlandeses. Si bien han continuado, con un parón importante en medio, su trayectoria con el mismo nombre, la decisión de registrar material nuevo ha supuesto una nueva reflexión sobre la utilización del nombre original y que les ha llevado a la postre a rebautizarse como Black Star Riders. La formación para este disco recoge a  varios de los habituales que estos años han defendido el legado del grupo como son Ricky Warwick, Scott Gorham (el más veterano) y Marco Mendoza. Además se han añadido Jimmy DeGrasso y Damon Johnson.

“All Hell Breaks Loose”, título de este álbum, ha contado en la producción con Kevin Shirley (Iron Maiden, The Black Crowes, Dream Theater…) y en esa difícil tarea de llevar a cuestas la sombra de Thin Lizzy pero a la vez la necesidad de crear una cierta voz propia, van a optar por el camino, muy acertado viendo el buen resultado global, de utilizar parte del legado de los primeros, principalmente aquel más duro y dejando algo de lado las influencias más clásicas, pero actualizando su sonido y dejando claro que son composiciones surgidas en esta época.

Precisamente ese hard rock clásico, de riffs contundentes pero elegante en su ejecución final, al estilo de Whitesnake, quedará retratado en temas como “All Hell Breaks Loose”. En “Kingdom of the Lost” también habrá lugar para ellos pero recubiertos de melodías celtas, lo que influye en una mayor cadencia. “Someday Salvation”, por medio de unos ritmos contagiosos, recupera esas típicas construcciones de algunas composiciones de Thin Lizzy, algo que también sucede con la estupenda “Bound For Glory”, poseedora de un estribillo realmente de esencia clásica.

El disco también va a dejar espacio para temas que desprenden un aroma más actual, en los que se imponen la contundencia de las guitarras, como sucede en la reseñable “Kissin’ the Ground”, donde también muestran su lado pegadizo, o la más contundente “Valley of the Stones”, que se asemeja más al sonido que Ricky Warwick ejecutaba con su banda The Almighty. En “Blues Ain’t so Bad” el ambiente se retorcerá y oscurecerá algo.

Para que el hándicap de las comparaciones con la historia de la banda mítica a la que pertenecen sus integrantes no nos impida disfrutar de este álbum, es mejor obviar ese dato. Una vez dejado de lado esa cuestión, hay que reconocer que estamos ante un disco notable que juega con el hard rock clásico, incluido los reflejos de Thin Lizzy, pero adecuándolo a estos tiempos, dando vida así a un sonido muy dinámico y actual, algo que a la larga repercute en un mejor acabado.

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