“Disolución del nocturno”. Ildefonso Rodríguez

1 fonso libro

“Disolución del nocturno”
ILDEFONSO RODRÍGUEZ
Ediciones Amargord
Colmenar Viejo (Madrid), 2013. 117 pp

Por ELOY J. RUBIO CARRO
(AstorgaRedAcción – Contexto gobal)

A mi entendimiento, tres son los personajes que pululan por este escrito, ‘El Dormido’ o voz primera; ‘El Despierto’ voz segunda la cual escucha y transcribe lo que le dicta ‘El Dormido’, en otras ocasiones es este el que susurra al oído del durmiente, y la ‘Voz Tercera’ que es el despierto reflexionante, analítico de todo el material que ha proporcionado el experimento.

El libro, aunque breve, es inabarcable por su carácter cíclico, pues cíclico es el tiempo, y cíclica es la factura en que se muestran los sueños.

Voy a penetrar al interior de este escrito dejándome guiar por la ‘Voz Tercera’, la que aclara a las otras dos el cómo y la forma de ser y la manera de entrar al espacio del sueño: “El lugar es siempre el mismo, porque es muchos a la vez (…), se distingue por un matiz, un disturbio en las proporciones, un aire que se adensa o enrarece a medida que el lector o quien escuche absorto la historia, pues el lugar está hecho de palabras, se adentra, se posa en él.” (pg. 81)

Aquí se enumeran las entradas habituales al lugar de los sueños —¿Podremos entrar a través de esta historia al sueño propio? Me temo que no. ¿Entrar al libro produce una ensoñación propia? Sería exigible—:  Una mano que dice pasa, el callejón trasero de un barrio londinense, el lugar de la tortura que atrae y repele, un jardín donde dormido y despierto escuchan al unísono su nombre y se inquietan al reconocerse llamados con tal nombre igual, pero la inquietud se agranda cuando ese nombre que tienen por propio es el de la añagaza de Odiseo. No soy nadie, mi nombre es ‘Nadie’. No habrá respuesta ante la insistente: ¡Tú respóndeme! Soñado, soñador y sueño podrán huir de la voz tonante… (Bien sabemos que ‘Nadie’, si atendemos a su significado es la estrategia de un engaño, una ‘descripción definida’ que diría Russell. Sólo abstrayéndonos de su contenido, peculiaridad de los nombres propios, ‘Nadie’ puede designar a alguien, a cualquiera que lo lleve. No sabemos de quién es la voz tonante que pide respuesta, pero sabemos que quiere una respuesta unísona de esos dos, cara y cruz del mismo paraíso… ’Nadie’ es aquí el nombre de dos, de ahí la extrañeza, esa peculiar familiaridad de verse con el tocayo cuando llevas un nombre poco frecuentado. ¡Uno sin el otro no sois ‘Nada’!. He ahí la respuesta.)

Vayamos al capítulo primero, que es el que da título al libro: ‘Disolución del Nocturno’. Ya situados podríamos entrar al sueño, pero será en vano, ya que al único sueño que podemos acudir será al nuestro; escuchar de poder a nuestro durmiente. Aquí ‘El Despierto’ transcribe lo que el durmiente le dicte. Pero ¿dice ‘El Dormido’ todo lo que percibe’? ¿Puede mentir ‘El Durmiente’ que es durmiente del que escribe? Estas consideraciones surgen a raíz de la estrategia compositiva del escrito, por considerar al ‘Dormido’ como otro, un doble. Bien sabemos desde Freud que el engaño es autoengaño, pero que oculta/manifiesta su verdad.

Lo que sí se manifiesta es que ‘El Contable’ trabaja sobre la libreta de ‘Ur’ y en ella apunta lo que su otro le dicta del sueño, del gran sueño, del sueño que alardea de abarcar toda la psique del que sueña. (En esta libreta se nos dice que el despierto se afana por armar un retablo, un ordenamiento de aquello que procede por ciclos, que posee la rítmica del retorno donde ‘El Durmiente’ aún no ha perdido el contacto con el tiempo indivisible.)

La escritura será el viático que facilite el contacto entre los dos cuerpos de ‘El Dormido’ y ‘El Despierto’, pero, ya lo habíamos adivinado, se trata de un contacto fragmentario.

Comienza entonces ese gran sueño que contiene todos los sueños del soñador: 1. simbolismos, 2. arquetipos, 3. descubrimientos, 4. condensaciones: “Allí descubrió que ella y la otra eran para siempre la misma”. ¿Una soñadora y su doble?; 5. superposición de ciudades: Identificación de Birmimgham con la desconocida Andorra; 6. lo grotesco: “(…) la multitud, apretada en doble fila, ve avanzar a saltos, por el medio de la calle de los Reyes Godos a un sapo, también el poseído por el engolamiento de semejante demostración”; en fin; 7. remedos de ‘Alicia en el país de las maravillas’: “Tanto se merma que acaba deslizándose por una rendija que se abre en un desmonte del terreno. Sale a una bodega fría, donde brillan como un hechizo las colgaduras de las telarañas y así se ha vuelto al punto de partida”.

Del escribidor despunta a veces ‘El Tercero’, como si a mayores de un desdoble en el sueño, ‘El Diurno’ desdoblase en el día, como un doble de la duplicación que representa. Este le dice: “ ’El Durmiente’ y ‘El Despierto’ son distintos entre sí, pero sus nombres son recíprocos (…) Entre sí no se tratan más que en tercera persona (…) Cuando uno de ellos está en conversación con alguien de la calle siempre dice, ‘el otro’ o ‘ese’ para referirse al hermano.” Más adelante, ya lo había dicho, cuando sean llamados en el Jardín, el nombre de ese nombre es ‘Nadie’, uno mismo para ambos. ¿Se trata de una distinción sentida ante una apreciación disentida? ¡Tú respóndeme…!

Aquello que nos une es lo que nos separa;  allí donde se da el encuentro se produce el desencuentro, se pone la distancia, lo que nos permitirá ver y ser. La escritura, el contacto fragmentario, una falsificación a desvelar. “¿Qué límites y marcos podrían ponerse a esas luces, esos brillos que abren la negrura del que busca su visión con los ojos cerrados? (…)”

Ya tenemos definido ‘el campo’, ya el tiempo no transcurre. No creo que ‘ciclo’ sea la manera más adecuada de definirlo. Unísono, un tiempo en donde la tortuga podrá ser alcanzada, traspasada, transverberada; un tiempo transcendente, que ni va ni viene pero que no se detiene. Conexionado por las evocaciones oníricas.

Aquí termina el Cuaderno de ‘Ur’.

El capítulo segundo lleva por título ‘Noche tiene el día’. En otro lugar, ese tercer hombre que hemos llamado ‘El tercero’, que desde ya pide otro, un ‘cuarto hombre’ para saber de sí, nos avisa que ese título ha llegado desde un verso de una copla de ‘Santiago el verde’, comedia de Lope de Vega.

En la primera parte de las tres en que se divide este capítulo se recogen fragmentos de lo que el dormido dice al despierto.

En una segunda parte ‘El Despierto’ cuenta e interpreta al dormido algunas películas donde abunda el sueño o la pesadilla, por momentos ‘El Despierto’ se desdobla en ‘El tercero’, tal vez el doble de ‘La voz tonante’ que ‘nadifica’ a las otras en el sueño. Pero, ¿cómo estaría ‘El Despierto’ en el sueño sino también desdoblado? ¿Formaría ya ‘la voz tonante’ parte del sueño? ¿Quién, qué doble es el que escribe?

Las películas ‘Con la muerte en los talones’, ‘El increíble hombre menguante’, ‘La invasión de los ladrones de cuerpos’, ‘Enviado especial’, ‘Los pájaros’, ‘Johnny Guitar’ etc, recuerdan en nostálgico homenaje a los cines donde se proyectaron en León. Así los cines Condado, Trianón, Lemy, Cine Azul etc.

Entonces se oyó una voz intermedia, una voz tercera diciendo: ¡Escuchadme los dos, voy a contaros los motivos de vuestros sueños, así comienza la tercera parte de este capítulo.

El capítulo tercero se reserva para los anexos:

En ‘Algunos lugares comunes (Idas y venidas)’ formula una especie de vocabulario personal y en lo que cabe arquetípico de los sueños.

Idas y venidas es el segundo anexo, parece un regreso al lugar del comienzo. Vueltas, revueltas, reencuentros del primer encuentro.

El último capítulo, el cuarto incluye ‘Tres testimonios’.

El primer testimonio es una declaración de intenciones, con abundancia de citas acerca de los sueños: “Escribo al dictado de este vínculo que liga la noche con el día: libido, trama, el sueño de los alemanes. Así persigo el relato de la contradicción, de la metamorfosis, de la identidad aireada, dispersa. Ahí empieza la cadena metamórfica. Pero la identidad es una forma del sueño. Yo escribo las formas complejas de la identidad en lo íntimo y en lo público: el doble, el que fuimos y el que somos, el soñador y el soñado. Los nudos complejos. Ese par de opuestos es fundante, quien no cuenta con él solo alcanza a construir ficciones históricas. Y de su raíz crecen otras figuras radicales: el mensajero es una de ellas y los fantasmas, los objetos de la fantasía. Pero la imaginación da el salto” (pg. 105)

“Escribir un sueño, en mi intento significa prescindir de la fidelidad textual a ese sueño (y más aún de su categoría de verdad interpretada). La escritura nunca es fiel, traiciona siempre a su objeto. Todos los sueños narrados son sueños inventados (…)” (pg. 106)

Si no se tratara de ‘infidelidad textual’ clamaríamos por una ‘petición de principio’; pero este texto parece más que literatura, parece arañar el corazón de la vida y pese a que el doble estuviera varado en la angustia, paralizado en el paisaje del encanto, no temiendo dolor y muerte por esa belleza, “debajo: los huesos claros, muy abajo. Miles y miles.” Y a quienes no dieran ese paso ¿Qué recibirán?: Cera para las orejas.

También cuenta su proyecto de narrar la vida del sueño: “Este proyecto condujo a la duplicación antológica de lo real.” (p108)

El segundo testimonio consiste en la discusión entre dos amigos sobre las imágenes adecuadas que podrían representar a ‘El Nocturno’.

Para dar fin al escrito con el testimonio de R. L. Stevenson que le brinda un ejemplo de la comunicación de lo hecho en sueños y despierto. Se trata del ‘Incidente de la ventana’, una pesadilla que fue a formar capítulo en ‘Dr. Jekyll y Mr. Hyde’, ahora vuelto carne propia en el narrador.

La tarantela que desde hace días enloquece la boca repite obsesivamente una frase

‘que no apaguen la luz en la escalera’
‘que en la escalera no apaguen la luz’
Entre los dientes un colibrí de amor celebra nuestros sueños yendo a derramarse en escritura.

Escribe, escribió, cuenta su diario: “Estoy paralizado, clavado en la escalera, porque se ha ido la luz(…); ni para arriba, ni para abajo, y ahí rompe el grito; pego el grito porque oigo y siento una resonancia hueca, suena una voz en la caverna que, de pronto, es la casa entera a mis espaldas, mientras iba bajando la escalera tan sabida, una oquedad, un hueco inmenso, la casa es caverna, no, es mastaba, casa de los muertos es: todo lo que en la oscuridad me rodea (se apagó la luz) es soledad, me he quedado solo y no quiero pensar en esa mano que tendrá que pulsar el interruptor. Mano sobre mano del que se ha quedado solo, ciego en la oscuridad”.

Despertó gritando: “No quiero que me apaguen la luz en la escalera”.

Una cita de una cita, claro que pervertida: “Los límites de mi sueño son los límites de mi imaginación: Así se forma el axioma del soñador vigilante”.

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Un Comentario

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