Sandoval, una librería con 40 años de historia

Miguel Jesús Sánchez, responsable de la librería Sandoval. Foto: L. Fraile.

Miguel Jesús Sánchez, responsable de la librería Sandoval. Foto: L. Fraile.

Miguel Jesús Sánchez, el encargado de esta librería vallisoletana, repasa su trayectoria desde su origen en los años 70, aportando sus impresiones sobre el papel que debe jugar un librero o qué criterios debe mantener en la selección de los títulos.

Por LAURA FRAILE
(ultimocero.com)

Octubre de 1973. Amparo Sandoval, que por aquel entonces vivía en Madrid, decide apostar por la tranquilidad de Valladolid para abrir la que será la librería Sandoval. Para ello elige un lugar céntrico; la Plaza Santa Cruz número 10. Cuarenta años más tarde de esta decisión, este espacio predilecto para los amantes de la lectura continúa en pie, contando además con una segunda sede, situada en la Plaza del Salvador número 6, que da la bienvenida al lector con un extenso fondo de libros de áreas como Arte, Sociología, Teatro, Arquitectura, Ecología o Arqueología, así como Poesía, Ensayo o Narrativa.

Volvemos al año 73, momento en el que Miguel Jesús Sánchez empieza a entrar en contacto con la librería que ya ha abierto Amparo. Poco después de esta apertura, este vallisoletano es detenido por asociación ilícita y por repartir propaganda ilegal, causas que le llevan a ser condenado a cumplir tres meses de cárcel. Unos meses más tarde, a principios de 1974, solicitan que, por el mismo motivo, cumpla una docena de años en la prisión. Esta amenaza le lleva a tomar una decisión: marcharse clandestinamente a Madrid, donde permanece hasta 1975. En esa fecha le vuelven a detener y le encarcelan durante tres meses más. Una vez que está en la calle le mandan a León, donde empieza a trabajar en la industria de antibióticos, encargándose de controlar las temperaturas. 21 de noviembre de 1975, varios empleados de la fábrica, entre los que se encuentra Miguel, celebran la muerte de Franco. Miguel decide volver a Valladolid. Tiene 28 años y aún le falta una asignatura de la carrera de Filosofía y Letras. Tiene dos opciones: o dedicarse a la enseñanza o probar con la librería. Elige la segunda opción. Así es como Miguel entra a formar parte de Sandoval, lugar en el que se ha mantenido hasta la fecha.

Antes de su llegada esta librería, que en un principio combinaba la venta de libros con la papelería, había contado con libreros como el artista Manuel Sierra. También se fueron sumando algunos estudiantes universitarios que trabajaban allí a media jornada. Eran tiempos muy duros en los que la censura impedía trabajar de la manera deseable, aunque siempre había una manera de sortearla. “En esos años se metían en la trastienda muchos libros que venían de fuera y que estaban prohibidos, principalmente libros de Machado, de la generación del 27 y del 36, de autores exiliados y asesinados en la Guerra Civil… A partir del 73 se empezó a permitir editar libros de ideología marxista, pero hacían todo lo posible por que éstos se quedaran en un reducto: poner un precio caro, no promocionarlos… A pesar de todo, la Ley de Prensa e Imprenta de Fraga tenía sus lagunas, ya que era más fácil censurar un libro por sus contenidos sexuales que por política“, explica Miguel.

En esas fechas aún quedaba mucho camino por recorrer en la defensa de las libertades. Prueba de ello fue la primera agresión que sufriría la luna del escaparate de Sandoval, acto que fue cometido en el año 1976 por parte de unos integrantes de la Falange (a lo largo de sus 40 años de historia, ésta ha sufrido cuatro agresiones similares, todas procedentes de grupos de la extrema derecha). Ese mismo año fue el momento que eligió este librero para incorporarse a Sandoval. En un principio empezó a trabajar a media jornada, compaginando las tareas con Amparo, pero a partir de 1979 éste asumió la dirección de la librería.

“Lo primero que hice al entrar fue apartar la línea de papelería. Repartimos todo el material a una ONG que trabajaba con Nicaragua y apostamos por meter más libros. En esos primeros años ésta era una librería muy universitaria, ya que en la zona se encontraba la Facultad de Filosofía y Letras. Esto permitió que empezara a funcionar muy bien a nivel económico y que pudiéramos reinvertir lo ganado en nuevos libros. Sandoval siempre ha buscado dar respuesta a los retos planteados en el momento. No tiene una línea determinada, sino que han sido las circunstancias las que han establecido su respuesta. Su principal aportación ha sido la de ser sensible a la realidad. En su día fue sensible a los retos de la Transición o a la incidencia de los movimientos sociales, los sindicatos o las asociaciones de vecinos, y ahora lo está siendo a la hora de buscar la explicación de los motivos o las salidas que debemos dar a la crisis”, continúa Miguel.

Durante esa década de los 70 y 80 existían otras librerías en Valladolid caracterizadas por su apuesta por ofrecer una selección de libros centrados en la situación política y en la reflexión del contexto de la época, como es el caso de Villalar (situada en la Plaza de la Universidad), Clamor (c/Ruiz Hernández), Isis (en la c/López Gómez), Lara (Fuente Dorada) o Clares (situada en la c/San Felipe y la única superviviente en la actualidad de las enumeradas). “Desde Sandoval empezamos a trabajar con editoriales pequeñas, muchas de ellas promovidas por partidos políticos, como CIS, Ciencia Nueva, Ayuso, Castellote o La Piqueta, que servían para el enriquecimiento cultural de los sectores más inquietos. Por aquel entonces el trabajador normal se acercaba a las librerías a comprar. Nuestro perfil era el de un delegado sindical, aunque esta figura aún no estaba burocratizada. Eran obreros con inquietudes. Después, a partir de los 80, con el desencanto, este perfil no se recuperó”, añade más tarde este librero.

Entre los recuerdos de esa primera etapa en la Plaza de Santa Cruz está el de los días en los que había alguna manifestación estudiantil. Según explica Miguel, en cuanto comenzaban las cargas policiales la librería se llenaba de gente que buscaba refugio donde fuera, incluido el piso de arriba, donde muchos estudiantes aprovechaban para esconderse. “Otras veces venían policías de la Brigada Político-Social que se hacían pasar por clientes simpáticos a la búsqueda de libros prohibidos. Nosotros les respondíamos que no los teníamos porque éramos gente de orden”, bromea Miguel. Otras veces la policía judicial acudía a la librería para efectuar el secuestro de alguna publicación, tal y como ocurrió con la obra `El libro rojo del cole´ de Soren Hansen y Jesper Jensen.

Pasados unos años, la librería empezó a quedarse pequeña. “Las otras librerías empezaron a cerrar y la nuestra se convirtió en el lugar de referencia. Teníamos muchos libros acumulados que empezaron a formar torres en el suelo, así que decidimos buscar un sitio que fuera discreto y que estuviera en un lugar céntrico. Así fue como en el año 1999 nos incorporamos a este local de la Plaza del Salvador, que está situado en una casa rehabilitada construida en el año 1881. Según me han dicho, aquí llegó a haber un comedor que funcionaba en los tiempos de la guerra, una residencia de señoritas e incluso un almacén de El Norte de Castilla”, describe Miguel.

En este nuevo espacio empezaron a organizar presentaciones de libros, aunque siempre respetando dos criterios: que el libro en cuestión no se pudiera presentar en una grande superficie y que sus contenidos aportaran algún valor crítico. Así fue como empezó el contacto con muchos autores y con muchas organizaciones de la ciudad que comenzaron a usar el fondo de la librería para dar a conocer sus obras y reflexiones. Hoy por hoy se siguen haciendo en ese rincón, que actualmente está presidido por un lienzo de Manuel Sierra en el que unos versos de Miguel Hernández acompañan a la torre de la iglesia de El Salvador, una copa, unos libros abiertos, unas gafas de lectura y unos limones. Debajo, a modo de compañía y bien apilados, se acumulan varias decenas de ejemplares de la revista Letras Libres o de suplementos como La sombra del ciprés o Babelia.

La librería Sandoval llega ahora a sus 40 años de trayectoria (25 cumplidos en su local de la Plaza de Santa Cruz y 15 en el de la Plaza del Salvador) con el deseo de mantener su espíritu inicial, aunque la situación ha ido cambiando. “No existe tanto un riesgo o problema técnico provocado por el libro electrónico, que puede seguir su camino y que no hará que el papel siga teniendo vigencia, sino una situación económica que puede convertir al libro en un producto de lujo”, se lamenta Miguel.

En Sandoval, que acumula alrededor de 25.000 libros repartidos entre las dos librerías, tienen claro cuál es su cliente tipo. “Es una mujer con estudios y con una edad comprendida entre los 30 y los 50 años, que lee narrativa y que cada vez tiene un gusto más exigente. El hombre también compra, pero se inclina más por el ensayo histórico, político, económico o filosófico”, explica Miguel. Actualmente, entre los libros de ensayo más vendidos en su librería se encuentran obras como `Allende en el recuerdo´ de Óscar Soto, `Para la tercera cultura´ de Francisco Fernández Buey, `Curso urgente de política para gente decente´ de Juan Carlos Monedero o `¡Abajo el régimen!´ de Pablo Iglesias y Nega LCDM.

Una cosa está clara: no hay ningún librero igual a otro. Algunos prefieren acompañar, otros insinuar, alguno mantenerse al margen y no acudir al cliente hasta que éste reclama su ayuda… Miguel apuesta por un modelo muy determinado: “Suelo tener una posición crítica, aunque la mayoría acude sabiendo lo que quiere. Cuando alguien vacila suelo recomendar algo de lo que ya he leído previamente. Un librero debe ser un personaje crítico y suplir en el terreno cultural lo que la administración no hace. No vale decir que todo es cultura. La cultura debe adaptarse a los tiempos. En tiempos difíciles, o ésta es crítica o no lo es. Creo que no deben entrar en una librería todos los libros que se editan. El librero debe seleccionar, sacrificar algunos libros y vender lo que cree que merece la pena. Normalmente espero que cuaje un libro y luego lo leo. No soy un esclavo de la maquinaria editorial de las novedades”.

Sin embargo, siempre hay dilemas a los que hacerles frente. “Constantemente vives un enfrentamiento entre lo que quieres y puedes tener en la librería, ya que la falta de espacio y de dinero te limitan. Suelo hacer una selección de todo lo que llega: algunos libros van al almacén ese mismo día, a otros los dejo en el cuartelillo y a otros los promociono con mayor fuerza”, apunta más adelante Miguel. A continuación, éste muestra unos imanes situados junto a la caja registradora en los que pueden leerse adjetivos como original, emocionante, imaginativa, evocadora, impactante, inolvidable, exótica, ágil, sugerente o seductora. “Son palabras que vienen muy bien cuando no sabes cómo describir un libro”, bromea. Su librería, que este viernes por la tarde celebraba su 40 aniversario con la presentación de `El paso de los días´, una carpeta con cuatro serigrafías de Manuel Sierra, continuará a lo largo de las próximas semanas su programa habitual de presentaciones.

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