Anunciada Fernández de Córdova, volar con los días

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Por MARIFÉ SANTIAGO BOLAÑOS

En Estambul compré un cuaderno para mi amiga Anunciada Fernández de Córdova. Pensé en ella en el enredo de esas asociaciones de ideas que solo la poesía es capaz de crear: no había intención previa pero la forma y el dibujo que lo ilustraba, sin duda, hacían suyo aquel cuaderno. Contesto con disciplina a esos repentinos recuerdos de amistad enviando, si puedo, una fotografía que dé cuenta del momento, o regalando lo que trajo presencia a alguien que no estaba allí cuando fue reclamado por la memoria. Para mí, compré otro semejante. El mío está concluido; creo que el de Anunciada también lo está.

Le digo: escribe en él palabras imprescindibles.

Me dice: acepto.

Puede que esta conversación esté teniendo lugar en un restaurante vegetariano de Madrid, imaginemos que es “Artemisa” y que estamos las dos en la calle Tres Cruces; ya es la hora de las infusiones y hemos pedido un té rooibos. La complicidad con el sabor, entonces, nos lleva a África, pero la metáfora de los silencios evocadores acaba con las dos en Iberoamérica… En realidad, ahora la poeta quiere contarme que se va de Embajadora de España a Eslovenia.

Anunciada Fernández de Córdova es viajera porque es poeta. Viaja cuando la vida la deja en el centro cósmico de una pradera cántabra, y ella lo agradece recogiendo el olor cálido del heno y de las vacas en un sms que envía como emisario de ese instante que necesita compartir. Otras veces el mensaje llega porque ha acabado un libro, porque está saliendo del cine en Liubliana, porque ha llegado hasta un bosque en la frontera entre el sueño y la lentitud de un amanecer, o porque ha visitado un rincón de la Tierra donde se cumple la sentencia del empirista Hume, y ser implica ser percibido. Entre la responsabilidad profesional y la responsabilidad poética se cruzan miradas precisas, para que en los itinerarios cotidianos salgan al encuentro posibilidades que esperan de ella ser transformadas en palabra y acción. Como para otros colegas suyos que hicieron de la exigente diplomacia un destino literario capaz de cambiar el mundo, sabe que el historiador debe contar cómo fueron los hechos y el poeta cómo deberían haber sido, según máxima clásica recordada por nuestro señor Don Quijote: una actitud cambia el mundo, escribe María Zambrano. Por eso, cuando las distancias se parecen a los trenes y a los barcos Anunciada Fernández de Córdova anota el hecho, con la solvencia de quien convierte lo efímero en fundador para que los pies inventen lo todavía no ocurrido. Es así que muchas de nuestras conversaciones en los últimos años son fotos que ha hecho con su móvil, pequeñas notas que forman parte de su carácter y de su proceso creativo.

Cuando los cuadernos se acaban porque de la primera a la última de sus hojas hay días en vuelo, las palabras se escapan, pues para entonces ya le han crecido las alas pertinentes que llegan a los pararrayos de un palacio en ruinas o a las callejas escondidas de los bazares. Anunciada las seguirá en su trayectoria con impecable contundencia (volvamos a Zambrano: la escritura es ese oficio que se compromete a deshumillar todas las cosas).

Siempre en vela, ella, la poeta, te aguarda en el andén de la vida: un poema también puede ser la puerta que se abre e invita a entrar en el otro lado de la casa del alma. Esa casa nómada, como la luna, viaja y, por ejemplo, llega hasta Estambul donde ante un cuaderno yo recuerdo a Anunciada Fernández de Córdova. Se lo compro, yo me compro uno semejante para que entre las dos tengamos el símbolo completo.

Ella, ahora, me envía estos versos. Yo los leo y los acompaño de las imágenes de otros cuadernos que fotografío para que, algún día, también se conviertan en pájaro y palabra. Entonces la puerta se abre. Pasa, me dice. Gracias, le respondo acordándome de que uno de sus libros viajeros se llama El vuelo de los días. Pasa, insiste… Ahora mismo, Anunciada, déjame que adjunte el correo con tus versos.

3-marf

VIAJAR

Viajar eres tú
hasta los confines.
Tu cuerpo,
las etapas.

Traducción al esloveno:

POTOVATI

Potovati si ti,
do meja.
Tvoje telo,
etape.

EMPALABRAR

Aventuro mundos
te satelizo, me invades
cósmico.
Te convoco evoco invoco
tu boca.
Te laberinto
te juego de palabras
se me vuelven locas
contactan
in-tactan suave y blanco.
Te quiero decir
lenguas
referencia y faro.
Empalabro mis posturas
te impuesto mis palabras
te las con
decoro
te las impongo a tu disposición
te las venentro
y me paro a mirarlas
a ver si dicen lo que pienso.

NORTE Y SUR

Norte y Sur
me anocheces Poniente
me despiertas Oriente
y entre noche y día eres universo
geografía, mapa, brújula.
Tu inicial y la mía
son la rosa de mis vientos.

VIAJERA SILENCIOSA

Libertad,
viajera silenciosa,
la meta de mi viaje
es encontrarnos
en cuadros y mapas
que me descubres.
Meses, años, décadas,
sin importar lo que tarde
en alcanzar nuestro destino
beberé mis días contigo,
mi lugar es pertenecerte.

LIBERTAD

Vuelo a la razón de mi viaje
libertad
yendo a ti
me estremece
más y más cerca
nuestro destino
hacia el otro.

CHEFUR*

Te digo, amor,
soy sola,
soy chefur
o dedos sobre el traste del bajo
que habla su lenguaje,
da entrada
y marca su ritmo
solo.

* En Eslovenia, apelación despreciativa para los inmigrantes procedentes de la antigua Yugoslavia

RUEGO

Cuando el otoño derrame sus colores
átame con la soga del rojo, del naranja
del verde y del amarillo
sobre una alfombra de hojas
que huele a húmedo
en el bosque.

NIEBLA CERRADA

La niebla pesa, tras mi ventana
todo es gris.
Rondan siluetas,
las luces de coches, semáforos y farolas
son puntos,
halo que no hiende
ni el gris ni el frío.
Amarillo, verde y rojo parpadean
sobre el río
y el Ljubljanica
contagia con su humedad lo húmedo.
Anochecer y niebla
sellan el otoño
con su hermético misterio.

SILENCIO ESPESO

Niebla, nieve, lluvia
silencio espeso
se apagan las luces
vivo o voy muriendo
significan lo mismo.

BLANCOS

Te ríes de mi fascinación con los blancos
pero la belleza de los sauces
a orillas del Lubljanica me asombra
cuando un velo helado
los cubre de blanca fragilidad.

NIEVA

Mi asombro se renueva al ver nevar,
cuando una calma paulatina
cubre la ciudad de invierno
envolviéndola de blanco.
Los copos, delicados delineantes,
como a sorpresas visten las ramas
y tienden un sutil manto de constancia
sobre cuanto existe
que de momento a momento,
conforme cae la nieve,
se desliza a la quietud.

4-marf

2 Comments

  1. Anunciada y Marifé, ¡qué lujo ver juntas a dos amigas tan queridas y qué delicia cada letra, cada idea, cada guiño…! Mi pensamiento está con las dos, desde la lejanía de Sao Paulo, tan distante, pero cercano, casi íntimo por todo lo que me evocáis. Os beso… Ricardo

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