Evaluar, clasificar

Por GONZALO ABRIL / Columna en el desierto

Bien está que sean pobres, incluso pedigüeños, pero que vayan bien peinados y no huelan a orines, o sea. Vale que toquen en la calle y no en el Auditorio Nacional, pero qué menos que conocer la forma sonata y leer la partitura de Turandot. ¿Tú tocas jazz, pedazo de perroflauta? Ya me estás recitando la rueda de quintas y la secuencia de acordes de Giant Steps. ¿Que no conoces la escala lidia aumentada? Ya te estás yendo al albergue de tran­seúntes a ensayar y me vuelves la semana que viene. Y sin esas ­medias rotas, que pareces una cualquiera.

Evaluar: toda práctica (técnica, científica, artística) ha de ser testada, sometida a estándares, homologada, confrontada con índices de impacto, de eficiencia, de calidad. Conforme a los actuales métodos de evaluación de la ­calidad investigadora, la Fenomenología del espíritu, de Hegel, o Así hablaba Zaratustra, de Nietzsche, acabarían en el zafacón de los desechos. Conforme a los estándares dominantes de evaluación de la calidad musical, Giant Steps de John Coltrane sería repudiado como un tema sin coherencia armónica.

Clasificar: como explica Hanna Arendt, cuando los nazis crearon la categoría de “judíos prominentes” daban a entender que éstos tenían más derecho a vivir que un judío cualquiera. Desgraciadamente esta clasificación discriminatoria fue aceptada por muchas de las propias víctimas judías (puede leerse en Eichmann en Jesusalén, un texto imprescindible para entender el siglo XX y lo que llevamos del XXI). Según dice Europa Press, algunos músicos que llevan años tocando en las calles del centro de Madrid han visto con buenos ojos la nueva normativa del Ayuntamiento de la capital, conforme a la cual se evaluará la calidad de los músicos callejeros.  Así, “Vladimir, un ciudadano búlgaro que toca música tipo country (…) ha reconocido que es positiva esta regulación, pues hay ‘otros músicos’ que tan sólo hacen ‘ruido’ en la calle y molestan a los viandantes”.

Ana Botella, alcaldesa no electa de Madrid, no ha sido evaluada hasta hoy. Hace toda clase de ruidos ante el COI y molesta a la mayoría de los viandantes con toda esa mierda que no es sino una metáfora directa de la calidad de su gobierno (y, por cierto, un indicio de la existencia de una clase obrera combativa que decían que ya no existe). Pero ni por esas.

Publicado en Diagonal
bajo licencia Creative Commons.

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