Rave, “free party for free people”

Celebración de una fiesta Rave en pleno campo donde los jóvenes comparten libertad y protesta. © Fotografía:  Íñigo Echenique.

Celebración de una fiesta Rave en pleno campo donde los jóvenes comparten libertad y protesta. © Fotografía: Íñigo Echenique.

El fenómeno rave va más allá del estereotipo de fiesta salvaje, se trata de una expresión lúdico-protesta en la que se mezclan el baile, las luces, la música, el campo y el éxtasis desde que el hombre habitó la tierra. ¿Elegir la libertad depende todavía hoy de un sello oficial?

Por MARTA CRESPO

Free party o fiesta libre. Libre de cualquier tipo de legislación impuesta por convenciones que regulan la fiesta en los clubs. Free Party como protesta ante la comercialización del arte.

¿Qué es una rave? Rave significa, literalmente, delirio, desbarre o desvarío. Es difícil explicar el auténtico espíritu de la rave. Como decía el flyer de la rave Nasa, que tuvo lugar en Nueva York en 1992: “No trates de interpretar o explicar la palabra rave a alguien que no haya experimentado el éxtasis que supone estar en perfecta armonía con todos los que te rodean, el sentimiento de poder bailar en medio de un montón de caras sonrientes, el impacto de un disc-jockey que te puede llevar en un viaje mental desde las más profundas y oscuras cavernas del trance hasta las más altas cimas de la utopía espiritual”.

O como dirían los neo-románticos, “lo importante es que la música suene más alto que los problemas”. Es una exaltación de la libertad. Es una protesta política, una demostración de la capacidad de autogestión del pueblo y una forma viva de representación de las zonas temporalmente autónomas que relata Hakim Bey en su muy recomendable ensayo.

En Inglaterra, a finales de los 80, comenzó a desarrollarse toda una cultura de fiestas organizadas, sin permiso legal, simplemente con el afán de disfrutar de la música sin que las autoridades pudieran poner trabas. Pronto se extendieron de forma masiva por todo Reino Unido, llegando a concentrar a miles de jóvenes cada fin de semana.

El gobierno, alertado por la capacidad de autogestión de los jóvenes, comenzó a multar a los organizadores y a secuestrar el sistema de sonido. A finales de los años 90, las raves empezaron su expansión hacia el resto de Europa.

Pero este tipo de encuentros siempre han existido. El ser humano desde la antigüedad ha ido de rave. Para los Aztecas el balance y contacto con su entorno era muy importante. Creían que el canto y la danza, los mantenía en armonía con el movimiento del mundo y en equilibrio con el universo. A través del baile, podían canalizar su fuerza al logro de objetivos. A la danza ritual la llamaron Macehualiztli.

La samba fue llevada a Brasil por inmigrantes africanos de las tribus bantú y tuvo su origen en bailes rituales africanos. Muchas danzas folclóricas se desarrollan a partir de los “bailes circulares” de los esclavos.

Los golpes de pies contra el suelo al ritmo del bombo tejen una tela de araña entre todos los asistentes, creando un estado de comunión.

Nuestros vecinos franceses llevan años organizando manifestaciones pacíficas en las que reclaman la legalización de las raves. Allí, aunque el movimiento está más masificado, nunca dejan huella en la naturaleza. Al acabar las fiestas recogen hasta la última colilla y, por supuesto, se aseguran de hacerlas en lugares donde no vayan a perturbar la tranquilidad de los vecinos.

Chavales con enorme capacidad de organización, que trabajan y prefieren comprar un equipo de sonido a un coche son tratados como criminales. Algunos colectivos prefieren quemar sus equipos antes de que sean requisados por las autoridades ya que para recuperarlos (si es que se da esa opción) tendrán que enfrentarse a fianzas de miles de euros.

¿Es más lícito que los chavales estén apiñados en megadiscotecas, molestando a los vecinos al salir y dejando las calles llenas de basura? ¿Acaso las “zonas de fiesta” de las ciudades son más seguras para los jóvenes que el campo?

No sabría decir cuántas ambulancias he visto en mi vida recoger a críos en los alrededores de las discotecas. Pero sí podría decir cuántas veces he observado el mismo caso en una rave: ninguna.

No se puede generalizar, pero también puedo decir cuántas veces me han robado en una discoteca y no en una rave. Y lo mismo ocurre con las peleas.

Abramos la mente y huyamos de los convencionalismos. Que ya es hora.

Fiesta Rave. © Fotografía:  Íñigo Echenique.

Fiesta Rave. © Fotografía: Íñigo Echenique.

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