“La novela de la Patagonia”, de Ignacio Prieto del Egido, 75 años después

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A raíz de la publicación de la segunda edición de La novela de la Patagonia (Castilla Ediciones, 2012) el lector español tiene la oportunidad de descubrir el título más significativo del escritor astorgano Ignacio Prieto del Egido. Dicha obra ya había sido publicada por vez primera en Argentina en 1938.

Por PURIFICACIÓN LÓPEZ DÍAZ
Desde astorgaredaccion.com

Antes de enfrentarse a la lectura de una novela, como de cualquier texto literario, el lector acumula una serie de expectativas y de prejuicios que sólo el conocimiento directo al texto acaba por confirmar o, por el contrario, de invalidar. En mi caso, el acercamiento a la novela surgió de una motivación muy definida: descubrir la Patagonia argentina bajo la guía de un astorgano, emigrante en aquellas lejanas tierras en los años veinte y treinta del pasado siglo XX. Una finalidad que escondía la curiosidad por rastrear cuánto hay de español, de leonés, de astorgano en definitiva, en la visión que del territorio patagón ofrece el relato de Ignacio Prieto del Egido.

Pero lo cierto es que, una vez completada su lectura, no puedo decir que La novela de la Patagonia haya colmado el interés inicial por rastrear huellas del origen astorgano de su creador: quien se acerque a la obra por esta razón, sin duda la terminará con rotunda frustración; sin embargo, sí puedo afirmar que la novela ha satisfecho mi deseo de descubrir –y saborear–  ese territorio que ocupa una inmensa parte de Argentina y que lleva el sonoro y caballeresco nombre de Patagonia. Pero no sólo eso, con su lectura he podido descubrir una narración tremendamente ambiciosa y original, un texto que escapa a cualquier encasillamiento formal pero que, precisamente por eso, ofrece múltiples puntos de interés.

En mi opinión, el mérito principal de la obra es justamente el de atesorar en su interior variadas posibilidades de lectura entre las que se encuentran las siguientes: una narración de viajes que se combina con un relato costumbrista para terminar convirtiéndose en un ejemplo de literatura indigenista con evidente intención crítica y social; pero también un relato enmarcado en la corriente realista, el cual es al mismo tiempo un ejemplo de novela de iniciación y una pseudoautobiografía que retrata la forma tardorromántica de enfrentarse al mundo.

Sin embargo, hay que resaltar que La novela de la Patagonia no se detiene ahí. Además de inmiscuirse en las tipologías textuales mencionadas, la obra va más allá y supera lo estrictamente narrativo para convertirse en una exhaustiva y documentada exposición acerca de los usos y costumbres de los pueblos araucanos, la cual se combina con una indagación y revisión del mito del buen salvaje y termina convirtiéndose en una interesante aportación a la fértil dicotomía entre civilización y barbarie que caracteriza una buena parte de la literatura latinoamericana. Como puede apreciarse, pues, La novela de la Patagonia es una obra que evidencia la ambición de su autor por abarcar diversos campos de la escritura y por reflejar múltiples aspectos temáticos; no obstante, bajo mi punto de vista el texto de Prieto del Egido, pese a sus aspiraciones iniciales, en algunos aspectos logra sus propósitos y  en otros, quizás, se quede en el intento.

Si analizamos todas y cada una de las vertientes de la novela, podremos comprobar que efectivamente nos encontramos ante una muestra de la llamada literatura de viajes. El personaje de Germán, trasunto evidente del propio autor, comienza su andadura en la ciudad de Buenos Aires y desde allí emprenderá sus viajes por territorio patagón hasta en tres ocasiones (una más si añadimos la última salida que le llevará a su definitivo destino). El protagonista siempre se mueve impulsado por un único sueño, el de conseguir la suficiente solvencia económica, trabajando como contable, como para poder dedicarse a su verdadera pasión: la literatura. Chichiguau, Sañi-Có, Barbarcó, Chos Malal, Buta Ranquil son ejemplos de poblaciones a las que se dedican fragmentos muy significativos de la obra. En este sentido, no deja de ser curioso que apenas describa la capital de Argentina sobre todo si tenemos en cuenta que el protagonista al recorrer la Patagonia sí se recreará en su descripción con minucioso detalle. Son precisamente estos pasajes descriptivos donde mayor nitidez se advierte la pasión que en el autor despertó el territorio patagón. No olvidemos que los viajes de Germán son un reflejo casi clavado de las andanzas del propio Prieto del Egido.

Caricatura de Ignacio Prieto del Egido.

Caricatura de Ignacio Prieto del Egido.

El tema del viaje es, por otra parte, la excusa perfecta para que el novelista adopte un punto de vista marcadamente costumbrista ya que La novela de la Patagonia parece tener entre sus aspiraciones principales la de reflejar los usos y maneras de la sociedad patagona de la época, de sus tipos más pintorescos y de sus costumbres más significativas (sirvan de ejemplo las prolijas descripciones de las costumbres cinegéticas de los nativos, de la celebración de la fiesta patria, de una boda local, de las carreras de caballos o del festejo conocido como ‘Kamaruko’).

En este sentido conviene precisar que el costumbrismo de Prieto del Egido se encuentra enraizado la tradición costumbrista española caracterizada, casi sin excepción, por aparecer intrínsecamente ligada a un realismo de tipo social. Por ello, el realismo que impregna el texto no se reduce a la mera observación y trascripción objetiva de la realidad circundante sino que va más allá: la novela parte de esa visión realista para adentrarse en los terrenos de algo muy parecido a una literatura de tono social, en el sentido de que la crítica de la situación de las tierras patagonas, de las condiciones de vida de los indios, de la corrupción del país, de la organización económica y social y de otras muchas cuestiones son una constante, nunca disimulada, a lo largo de todo el relato.

En línea con lo anteriormente expuesto, parece conveniente recordar que la introducción de una crítica social tan marcada no es casual: no debemos olvidar que la novela que abordamos es una muestra de la llamada ‘literatura indigenista’, la cual aborda los problemas de los indígenas americanos desde una perspectiva tan realista como crítica y tiene como finalidad primordial la de denunciar las condiciones de vida de los indios. No en vano la mayor parte de los personajes positivos que surgen en el ámbito de nuestro protagonista o bien son indios o bien luchan por la dignidad del indio; por el contrario, son varios los personajes de origen europeo los que de forma –quizás bastante simplista y maniquea– representan los valores más negativos del ser humano. Isaías Peña Gutiérrez precisa en su Manual de la Literatura Latinoamericana que en el primer cuarto del siglo XX: “Ese realismo social, en el caso del indigenismo, se construyó sirviéndose de elementos connaturales al continente”. Nada más cierto si nos centramos en la narración que nos ocupa: sólo desde esta perspectiva se entiende en su dimensión más fértil el afán documental del autor, su empeño en recoger y consignar en las páginas de su obra los hábitos de vida indígenas, la lengua, el patrimonio lírico y musical popular-tradicional, los sistemas de cálculo, las formas de caza, los bailes y fiestas, etc.

En este sentido, al lector puede resultarle llamativo que en el relato la parte narrativa se vea en muchas ocasiones desplazada por el interés expositivo ya que se cuentan por docenas las páginas dedicadas a recoger de forma exhaustiva los usos y maneras de los indígenas patagones; estos pasajes documentales presentan una dimensión casi enciclopedista en el detallismo e incluso en la forma textual ya que en ellos existe una curiosa profusión de notas a pie de página, citas, referencias bibliográficas, listados de términos, etc., rasgos estilísticos todos ellos más propios de un texto divulgativo y expositivo que de una obra puramente narrativa. No obstante, Prieto del Egido, con esta curiosa forma de entender la narración, está adelantándose al concepto actual de novela donde los límites entre lo puramente narrativo y otras formas elocutivas quedan voluntariamente difuminados, siendo éste uno de los rasgos más característicos de la novela moderna.

Dicho afán documental, combinado con el realismo de intención social mencionado y la corriente indigenista en la que se enmarca la obra, trae consigo casi necesariamente el que La novela de la Patagonia pueda leerse como una revisión del ‘mito del buen salvaje’ de Rousseau. Fruto de esa combinación de fuerzas complementarias, Ignacio Prieto del Egido se introduce en una de las dicotomías temáticas que han resultado más fértiles a lo largo de la historia de la literatura latinoamericana: la dualidad ‘civilización frente a barbarie’.

Desde que Juan Domingo Sarmiento, a mediados del siglo XIX,  en su obra Facundo plantease que el gran problema de la Argentina era el dilema entre la civilización y la barbarie han sido numerosísimos los títulos que han abordado el asunto. Como muchos pensadores de su época, Sarmiento entendía que la civilización se identificaba con la ciudad, con lo urbano, lo emparentado con lo europeo, o sea lo que para él era el progreso. La barbarie, por el contrario, era el campo, el atraso y el indio. Este dilema, según Sarmiento, sólo podía resolverse con el triunfo de la ‘civilización’ sobre la ‘barbarie’.

Ignacio Prieto del Egido.

Ignacio Prieto del Egido.

El punto de vista que adopta la obra de Prieto del Egido es, sin embargo, más complejo: frente al concepto de ‘civilización’ revestido de valores positivos (representado por la metrópoli –Buenos Aires–, Europa y los europeos, el capitalismo económico, el progreso tecnológico, lo urbano, la conquista, la política centralista, la modernidad, etc.) aparecen los términos relacionados con la ‘barbarie’, a priori negativos: el indio, la naturaleza salvaje, la Patagonia, la cultura milenaria pero desconocida de los pueblos indígenas, los valores populares, la organización social tradicional… En La novela de la Patagonia, los términos del paradigma se invierten y a lo largo del relato se aprecia una evolución en sus planteamientos conceptuales: lo que comienza presentándose como positivo y civilizado (la civilización/ Buenos Aires) termina revistiéndose de matices negativos. Paralelamente se da el proceso inverso: lo que se plantea inicialmente como temido, negativo o bárbaro (la barbarie/Patagonia) termina derivando en valores positivos y ensalzados.

Sólo parece haber un ámbito donde la ‘civilización’ triunfa sin matices desde las primeras páginas frente a la ‘barbarie’ y es en todo aquello que atañe a la literatura. Germán se enfrenta a lo largo de toda la novela a otra dicotomía de términos tan excluyentes como complementarios: la lucha entre los ‘números’ y las ‘letras’. El protagonista, contable de profesión, debe entregarse a los números (lo material) para poder lograr su sueño de triunfar en las letras (lo espiritual). A lo largo de la novela son constantes las referencias  a esa elección vital a la que se enfrenta el personaje: sólo por la literatura acepta todos los sinsabores, fracasos, privaciones y demás contratiempos que van surgiendo en su camino.

Precisamente el proyecto de llegar a convertirse en un gran escritor es la quimera que anima su vida, la razón que justifica su existencia  y la excusa que propicia su acercamiento a la Patagonia; no obstante, el gran fracaso vital de Germán proviene de su claudicación en la persecución de su sueño literario. Cuando el protagonista renuncia, poco a poco, a cultivar su espíritu a través de la literatura comienza también el proceso que le conduce a la relajación moral, a la participación en un mundo corrupto y material contra el que antes había luchado, en definitiva, a su degeneración ética y estética: Germán alcanza el triunfo económico y social a base de renunciar a sus ideales. Como un moderno Lázaro de Tormes, la cumbre de su bienestar económico es también el punto más bajo de caída moral.

Efectivamente el lector no debe olvidar que Germán es casi el único personaje de la novela al que el autor dota de hondura y complejidad. El protagonista del relato es, como ya se ha adelantado, un trasunto bastante fiel del propio Ignacio Prieto del Egido (comparten orígenes españoles, estudios,  profesión, condición de emigrante, pasión por la literatura, etc.). Estas coincidencias, al contrario de lo que pudiera parecer, no constituyen su esencia principal. La consistencia, como personaje, del protagonista de la novela no radica en sus actos ni en los paralelismos que mantiene con su creador, sino más bien en su naturaleza estrictamente literaria. En Germán la literatura no es sólo el fin de su vida, es su sustancia misma.

Representa el prototipo, un tanto desubicado temporalmente, del héroe romántico que se enfrenta al mundo movido por un ideal. En este punto, y en relación con lo mencionado un poco más arriba: Germán no sólo es Lázaro de Tormes sino también un Don Quijote que protagoniza varias salidas en busca de la realización de un sueño. En el caso de Alonso Quijano, el ideal es de índole caballeresca, en el de Germán es básicamente literario. En ambos casos, los dos fracasan en su propósito ya que se enfrentan a realidades que terminan por vencer sus propósitos. Como en toda novela de iniciación, el lector asistirá al crecimiento, a la formación como persona, del protagonista de la obra. Y también observará como se va rindiendo ante la vida. Cuando este proceso se consuma, el propio personaje exclamará: “Antes me consideraba un fracasado porque no tenía dinero sin advertir que era rico en sueños, ilusiones y esperanzas. Ahora sí que soy un fracasado, que tengo dinero pero no tengo ilusiones”.

Lo cierto es que, a pesar del cariz biográfico del texto, Ignacio Prieto del Egido no fracasó en sus pretensiones literarias –al contrario que Germán– y se convirtió en un verdadero hombre de letras, quien cultivó teatro, poesía, novela y lo alternó durante toda su vida con la práctica de periodismo. Es más: si aceptamos la existencia de una ‘narrativa patagónica’ (etiqueta que reúne narraciones muy heterodoxas pero que comparten la presencia del mismo territorio geográfico) debemos atribuirle al escritor astorgano una importancia decisiva en su nacimiento. Es por ello especialmente llamativo el desconocimiento que en estas tierras se tiene de su nombre y de su producción literaria. Ojalá la reedición de su novela sirva para darle el lugar que se merece dentro del mundo de la literatura leonesa y astorgana.

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Purificación López Díaz es profesora de Lengua y Literatura de Educación Secundaria.

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