En Segovia hay un festival que se llama Titirimundi

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A punto de echar a andar Titirimundi en Segovia, analizamos algunos de los aspectos que encierra este histórico festival de títeres en la ciudad del acueducto para intentar comprender cómo funciona –y por quiénes– un certamen que surgió casi de la nada y que prendió en el corazón de todos. Todo está a punto.

Por MAGDALENA ALEJO / ISAAC MACHO

Un telón transparente está a punto de abrirse a miles de segovianos y visitantes que llegan a la ciudad del acueducto atraídos por la fiesta de los títeres durante cinco días, del 14 al 18 de mayo. Plazas, corrillos, calles, palacios, teatros y otros rincones de la vieja ciudad castellana –y así hasta docena y media de espacios–, han firmado un contrato con la libertad para ir descubriendo historias nuevas o remotas, lejanas o soñadas, algunas de actualidad, otras del pasado, todas de fábula…

El Ayuntamiento de Segovia, especial patrocinador del festival, se ha arremangado los pantalones y ha habilitado una oficina para cobijar a toda la familia marionetista, además de poner a disposición de los organizadores todos los recursos necesarios para sacar adelante esta especie de ruta Quetzal sobre el mundo de la fantasía y sus amigos alienígenas. Y ya que estamos entrando en las tripas de este viaje a un mundo de ensueño, bueno será saber que además de Julio Míchel, como maestro de ceremonias de esta velada gigante de la imaginación, otras muchas personas sujetan los vientos de esta carpa fantástica.

Dos personas trabajan durante todo el año en tareas de administración y producción. Otras ocho se incorporan con el festival en distintos cometidos: prensa (2), dirección técnica (1), dirección de sonido (1), regiduría de patios y de calle (2) y coordinación de porterías (2). Además, otros dos mortales están atentos a las funciones puramente técnicas, sin olvidar tampoco a un grupo de conductores-road managers que atienden a las compañías en las extensiones del festival por otras provincias de Castilla y León, y Madrid.

Y como este festín de 254 funciones —formado por 25 compañías nacionales y extranjeras–, al que hay que sumar otras 96 representaciones tanto en Castilla y León (Ávila, Burgos, León, Salamanca, Valladolid y Zamora), como en Madrid (Alcalá, algunos municipios de la sierra y la capital), Navarra (Barañáin) y Galicia (Redondela), es un trabajo en equipo, la restauración segoviana tampoco ha querido perderse el acontecimiento y arrima el hombro.

Varios restaurantes de la capital hacen precios especiales a los integrantes de las compañías participantes y otros establecimientos hoteleros aportan también su granito de arena económico para hacer posible esta XXVIII edición de Titirimundi. Esta cita de 2014 acogerá aproximadamente a una comunidad de 130 titiriteros, entre artistas y técnicos.

Pero la frenética actividad de este encuentro global, aunque también íntimo, implica igualmente a la Universidad de Valladolid que a través de un convenio de colaboración, cede un espacio en Magisterio para impartir una clase en la que algunos alumnos de Educación organizan talleres de construcción de títeres para niños.

Instalación de marionetas, titiricole…

Otra de los emblemas educativos del país, la Escuela Superior del Vidrio de La Granja, mostrará en el histórico edificio de La Alhóndiga, de estilo gótico industrial, trabajos de los estudiantes de 4º curso relacionados con las marionetas. Una recreación del mundo del títere a través del vidrio, convertida en materia tan frágil como los universos que representa. Esta instalación está dirigida por Victoria Sevilla, y en la misma ofrecen sus obras Laura Pizarro, Lucía Calvo y Estefanía Fidalgo.

Aquí, en esta plaza pública segoviana donde se hablan mil idiomas a lo largo y ancho de cinco días, los más pequeños también son protagonistas a través de la sección Titiricole. Un programa donde los niños representarán los espectáculos creados y montados por ellos mismos, ayudados por sus profesores, en los colegios a donde acuden diariamente.

“Segovia florece en mayo con los títeres”. La frase es de Sonia Zubiaga Hernán, directora de la compañía La Pícara locuela. Ella ha actuado en varias ocasiones en el festival, “menos de lo que me gustaría”, y en su opinión, Titirimundi tiene poderosas razones para haber llegado tan lejos: “programación buena”, “es increíble que consiga tanto con tan pocos recursos humanos”, “gracias al voluntariado consiguen tener brazos y manos por doquier”, “Titirimundi es como es porque a los segovianos nos encanta la calle”, “la dirección algo habrá hecho bien para lograr ese éxito”, “el apoyo institucional y, sobre todo, los títeres”. A juzgar por su experiencia, la formación es una de sus asignaturas pendientes…

Con todo este animoso panorama cultural a la vista, las compañías reconocen la influencia de Titirimundi hasta el punto de que en Segovia prácticamente todas las compañías de teatro infantil incluyen títeres en sus espectáculos. Si el año pasado hubo alrededor de 63.000 espectadores siguiendo la evolución de los títeres en los múltiples escenarios desperdigados por la ciudad, en esta inminente entrega el tren que está a punto de llegar a la estación Segovia-Guiomar puede que genere idéntico entusiasmo entre los viajeros y detenga así la vida diaria por unos días.

Un Comentario

  1. Sonia Z.

    Me ha gustado leerlo te informas de qué es el festival en un ratito de agradable lectura.

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