Carretera

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Por LUIS GRAU LOBO

Desconozco y no sé si quiero saber la razón por la que hace unas décadas desaparecieron de las cunetas de las carreteras secundarias españolas las hileras de frondosos y soberbios árboles que solían flanquearlas y aún lo hacen en muchos lugares donde la civilización se llama Europa. No creo que nadie argumente seguridad de una forma coherente, pues de ser así otras muchas formas de inseguridad potencial no han sido eliminadas con la misma y sistemática saña, pese a no adornarlas mérito alguno.

Hace unos días recorrí con un amigo un tramo de carretera de esta provincia que aún conserva el sabor de aquellas avenidas verdes en las que el sol se entrevera con la sombra acogedora de un túnel de frescura. Me refiero a trechos de la carretera que se aproxima recta y bucólicamente a Gradefes desde Casasola de Rueda, en paralelo al Esla: unos kilómetros epifánicos de la previamente tortuosa LE-213. Recorrerlos, con la lentitud que exigen, acaba por convertirse en uno de esos goces que no aparecen en las guías turísticas ni se escriben con gastadas letras de panegírico, uno de esos que se topan sin buscarlos, de los que acaban por recordarse. Cuando se sale de esa galería esmeralda o, si es de noche, de esa bóveda entre fantasmagórica y acogedora que quizá convoca el instinto recónditamente familiar de nuestros orígenes como animales del bosque, echa de menos su apostura de cosa antigua y bien pensada. Y añora aquellas que fueron incomprensiblemente taladas.

Tiene aún más mérito en ese lugar, porque en plena montaña o en sitios de frondosidad endémica, la existencia de árboles no es un don, sino una obviedad. Sin embargo, en este rincón de la fértil vega del Esla, los árboles se alinean en fila india en los márgenes de la calzada con una voluntad de cosa concebida para dotar de naturalidad y belleza a algo tan humanamente insidioso como es el asfalto. Allí, humildemente, una mano anónima y el lento paso del tiempo nos regalan un soplo de pura complacencia.

(Publicado en La Nueva Crónica de León, el 30/8/2014)

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  1. jesus anta roca

    Luis, leo muchos de tus artículos desde que comenzaste a publicar en El Mundo… siempre me parecen interesantes y así lo comento en mi entorno.

  2. Anónimo

    El placer que nos sorprende, por falta de costumbre, cuando, por casualidad (siempre lo es) desembocamos en una de esos escasísimos tramos de nuestras secundarias que aún conservan esos pabellones verdes, frescos, sobrecogedores por la altivez de sus elementos.
    Buen artículo, como el resto.
    Ana Robles

  3. Pingback: Petición | Tam-Tam Press

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