“Me quedaré en Irak para matar terroristas” (y V)

Saman Johwar Kahraman, de 34 años, junto a su mujer Peruin, de 21. / JM López / AFP

Saman Johwar Kahraman, de 34 años, junto a su mujer Peruin, de 21. / JM López / AFP

El fotógrafo leonés JM López termina su serie de reportajes para Tam Tam Press desde un país asolado por uno de los conflictos más sangrientos de los últimos años, Irak. 

Por JM LÓPEZ/AFP
(Texto & Fotografías)

Saman Johwar Kahraman lo tiene claro: “No soy una persona violenta. Jamás había empuñado un arma y, mucho menos, apuntado a otra persona. No voy al frente a combatir por gusto, sino porque me han obligado. Los terroristas del Estado Islámico me han puesto el arma entre las manos. Son ellos o mi familia”.

La vida no ha sido fácil para este joven kurdo de 34 años que en el año 2000 tuvo que emigrar a Inglaterra para salvar su vida, después de que su padre, un alto oficial de los peshmerga fuera asesinado por Sadam Hussein. “Pusieron una soga al cuello de mi padre, lo ataron a la parte posterior de un coche y lo arrastraron por toda la ciudad de Khanaquin hasta que acabaron con su vida”, recuerda con lágrimas en los ojos. Esa misma noche, Saman junto a uno de sus mejores amigos, empapelaron la ciudad con proclamas contra Sadam. “Al día siguiente, la policía detuvo a mi amigo y, tras interrogarle, le asesinó. Yo tuve la suerte de salir huyendo”, sentencia.

Lo siguiente fue cruzar ilegalmente hacia Turquía donde unos contrabandistas le montaron en el doble fondo de un camión a cambio de una gran suma de dinero que pudo reunir gracias a su tío y a las joyas que le dio su madre. Tras varios días de viaje, cuando el camión se detuvo, estaba en Londres. “Fue muy duro, viajaba con más gente de otros países y apenas nos daban comida y agua. Una vez allí trabajé de cualquier cosa hasta que fui aprendiendo el idioma y mi vida mejoró. Tenía una novia, muchos amigos y me habían concedido la nacionalidad británica”, sigue recordando, esta vez con una sonrisa en sus labios.

Todo su mundo se vino abajo cuando recibió una llamada de su madre. Había encontrado una esposa para él en Khalar, su ciudad natal, y debía volver para casarse. Su prometida, 13 años más joven, era la hija de un rico comerciante. “Estaba aterrado. Catorce años después de haber abandonado mi país volvía para casarme con una mujer a la que no conocía de nada”, y continúa “todos mis miedos desaparecieron cuando vi a Peruin con mis propios ojos, era más bonita de lo que podía desear. Pero cuando planeábamos regresar a Europa para vivir allí, los terroristas del Estado Islámico comenzaron a tomar ciudades y pueblos hasta llegar a las puertas de Khalar y Khanaquin”.

Hasta ese momento Saman estaba viviendo una plácida luna de miel junto a su esposa, pero sin dudarlo ni un momento, se alistó voluntario. “No podía irme y dejar a toda mi familia a merced de estos sanguinarios. Nosotros somos kakai, una minoría religiosa formada por unas 200.000 personas, y si el Estado Islámico captura a mi madre o mis hermanos los matarán. No tendrán piedad de nosotros porque nos ven como unos infieles… y no permitiré que derramen la sangre de mi familia. Echo de menos volver a Inglaterra, aunque ahora mismo lo más importante es defender a los míos”.

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