“La foto” y “Derechos adquiridos”

"Manos arriba, esto es un contrato". © Fotografía: Agustín Berrueta.

“Manos arriba, esto es un contrato”. © Fotografía: Agustín Berrueta.

Octava entrega (esta vez es doble) del narrador y profesor universitario leonés, quien se ha incorporado como colaborador a TAM TAM PRESS con una singular sección quincenal de pequeños relatos cuyo título, “Lenta es la luz del amanecer”, quiere ser todo un homenaje al fallecido escritor Antonio Pereira. En cada ocasión, los relatos aparecen ilustrados por el fotógrafo leonés AGUSTÍN BERRUETA, y el título de la que se publica en este envío resulta significativo: “Manos arriba, esto es un contrato”.

→ La foto

Por FRANCISCO FLECHA

Don Deogracias Martín Páramo, Gobernador Civil de aquella ciudad amurallada en aquellos tiempos, cuando entonces, asistía siempre a primera hora y puntualmente a las exposiciones fotográficas que se hacían en aquel chalé con aire inglés que el Monte de Piedad tenía en mitad del  Paseo Las Negrillas.

Pero no por recordar tiempos o epopeyas del pasado, sino por el temor a aparecer él mismo en compañía o postura inconveniente, que vienen los tiempos muy cambiados y que hay fotos y posturas que te pueden acompañar toda la vida, como  el agua del bautismo o las cosas de la honra.

Aunque cambies de amigos o camisa.

Que, al final, siempre sobra el disimulo.

→ Derechos adquiridos

Ni siquiera la comodidad de aquel hermoso piso en la planta alta de la sede de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, espléndidamente decorado con muebles, cuadros y tapices del Patrimonio Nacional conseguía aliviarle la negra pena por la pérdida de su marido, tantos años Secretario de aquella noble institución.

Pero cuando, pasados cuatro meses, el Director de la Academia vino a decirle que, sintiéndolo mucho, tendría que dejar la residencia al nuevo Secretario, sucesor de su marido, ella, tan digna como siempre y sin perder la compostura, después de un sorbito a su copa de mistela, respondió con un tono levemente ofendido:

—Ay, no, no, Don Julián. Usted sabe, igual que yo, que mi marido fue nombrado Secretario Perpetuo en atención a su mérito y valía.

Ciertamente, como podrá comprenderse, la muerte es una minucia despreciable para quien, ya en vida, atravesó los umbrales gloriosos de la perpetuidad.

Y con cosas como éstas, según dicen, aprendió aquel generalín de cuando entonces que lo importante no es llegar sino mantenerse a perpetuidad.

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