Una Escuela de Arte Dramático a la altura de la sociedad

© Fotografía: Alexandros Vasmoulakis.

© Fotografía: Alexandros Vasmoulakis.

“Cuando casi han transcurrido diez años desde la creación de la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León (ESADCyL), parece demostrada la falacia de los beneficios de la gestión privada (financiada con fondos públicos, por supuesto) que lleva a cabo la Fundación FUESCyL”. “La ESADCyL no tiene problemas porque nadie los visibiliza. Esta es la educación artística que tenemos… perfectamente alineada con la sociedad”. / Un nuevo artículo de opinión de la actriz vallisoletana, codirectora de Teatro Dran.

Por RUTH RIVERA

¿A qué precio se cotizan la dignidad personal y la ética profesional?” Hace poco más de un año, el alumnado de la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León (ESADCyL) más comprometido con su penosa situación académica concluía con esta frase un artículo de su blog “Ojo con el foco; recomiendo también el único soporte crítico que les queda a los pocos alumnos y alumnas que aún pelean, escrito desde la sátira: www.facebook.com/revistaamen.

Meses antes habían protagonizado un valiente encierro de 50 días en protesta por las ilegalidades e irregularidades que han acompañado a la Escuela desde sus inicios. Tras el encierro, la Fundación Universidades y Enseñanzas Superiores de Castilla y León (FUESCyL), que gestiona la ESADCyL, despidió a tres docentes a los que se sumó la dimisión de otra profesora. La semana pasada, se hizo efectivo el despido de una profesora más, una de las pocas doctoras con las que contaba el centro.

De mi paso por la Escuela recuerdo, en especial, los momentos positivos, aquellos que pasé con los compañeros y compañeras con los que luego he compartido amistad y escenarios. La juventud del proyecto educativo solía ser la excusa de sus responsables ante nuestras reivindicaciones, sapito que nos tragábamos de vez en cuando. Pero han transcurrido casi diez años desde su creación, una década en la que se ha demostrado la falacia de los beneficios de la gestión privada (financiada con fondos públicos, por supuesto) que lleva a cabo la Fundación FUESCyL.

No tengo palabras suficientes en este artículo para profundizar sobre los desmanes de los gerentes de turno, personas sin conocimiento real del arte dramático ni de la danza, pese a lo cual cobran un sustancioso sueldo. Solo quiero insistir en lo que verdaderamente me preocupa a estas alturas: la ausencia de proyecto académico o, lo que es peor, la apuesta por uno que se aleja de la calidad y el rigor, en el que las materias vinculadas con el cuerpo van quedando relegadas mientras proliferan multitud de asignaturas, satélites de las imprescindibles.

Puede que el nefasto Plan Bolonia o el currículo diseñado por la Junta de Castilla y León –propuesto, sin duda, desde la Escuela– tengan que ver en estas decisiones que acercan al centro a la escena del siglo XIX. En todo caso, lo peor no es eso, sino lo que sucede en el interior de las clases, en las que las competencias de la mayoría del profesorado no están a la altura que deberían (en mi opinión, con el último despido es posible contar con una mano a los docentes de calidad que quedan –y me sobran dos o tres dedos–).

Da la impresión de que sucede como en muchos departamentos universitarios –con la diferencia abismal que separa los requisitos para ser profesor universitario y los criterios, digámoslo suavemente, difusos mediante los que se realiza un contrato privado, con simulacro de oposición incluido, en la ESADCyL–.

Independientemente de la formación y especialidad de un docente, la Universidad considera que está capacitado para impartir casi cualquier asignatura del departamento al que pertenezca. Esto no solo redunda en la merma de la calidad de la enseñanza, sino que constituye un mecanismo destinado a evitar nuevas contrataciones. Racionalización lo llaman en neolengua.

La Universidad languidece en su endogamia y nepotismo, al igual que la ESADCyL, pues lo de menos es impartir una educación coherente y de calidad: el currículo responde más a la naturaleza del profesorado y de los responsables de la Escuela que a las necesidades académicas. Pero, a diferencia de la Universidad, aquí nadie se queja –bueno, tampoco es que en la Universidad se oigan grandes gritos– porque, mientras allí la plantilla tiene un puesto fijo, aquí la inseguridad laboral es el pan de cada día. El miedo que invade nuestra profesión tiene un hogar de lujo en la ESADCyL. Mejor no hablar por si acaso.

En realidad, la Escuela no es más que un microclima que se diferencia poco del clima general de las artes escénicas: al miedo se suma el individualismo, el “cada uno en su agujero” que decía el maestro Koltès. Los alumnos pagan una matrícula cada vez más elevada y las becas desaparecen. Yo no hubiera podido cursar estos estudios con los precios actuales. Pero, desde el encierro, los alumnos ya no se quejan. Bueno sí.

Si una profesora no acude a unas clases que la Dirección le ha impuesto unilateralmente durante su horario sindical (modificándole su horario después de dos meses de curso)… sí se quejan, pero no de la Dirección, que tiene la potestad de organizar el centro y el horario, sino de la profesora. No dudo de la buena intención del alumnado, pero no fue acertada. El problema no lo causaba la docente. La desconexión entre los fragmentos del todo se ha consumado. La falta de visión de conjunto es imprescindible para sobrevivir –sin cuestionamientos éticos– en nuestra sociedad. Tu problema no es el mío. Aunque seamos compañeros de profesión o de escuela.

Nunca es mi problema si despiden a otro. Nunca es mi problema si el horario es un infierno para otro. O si es ilegal. Nunca es un problema si no hay suficiente calidad y rigor, mientras consiga mi título o conserve mi trabajo. Nunca es un problema que cada vez haya menos profesorado competente o que cada año más alumnos se marchen a buscar una enseñanza mejor en otro centro. Nunca es un problema que la rama de Dirección y Dramaturgia se llene de jóvenes de 18 años que no tienen cabida en la de Interpretación y a quienes la Escuela deriva allí para seguir teniendo alumnos… Y más aspectos que desconozco porque, afortunadamente, ya nada tengo que ver con la Escuela.

Así pues, la ESADCyL no tiene problemas porque nadie los visibiliza. Esta es la educación artística que tenemos… perfectamente alineada con la sociedad.

— — —
*Ruth Rivera es codirectora de Teatro Dran.

  1. Anónimo

    Estoy de acuerdo con muchos aspectos de lo que escribes, pero creo que en otros no estás nada acertada. Por supuesto, veo que se trata de un artículo de opinión y, como tal, cada uno expresa la suya. Ahora bien, no estaría de más hacer alguna que otra consulta al alumnado del centro para conocer su opinión sobre ciertos temas.

  2. Jose Luis G. Lubeiro

    Desgraciadamente el tema de las enseñanzas artísticas en Valladolid es de juzgado de guardia. En el caso del Conservatorio literalmente hablando, ya que tenemos el proceso de funcionarización de hace unos años en el Tribunal Supremo. Siempre ha habido un funcionamiento caciquil y endogámico. Desconozco casi por completo el tema de la Escuela Superior de Arte Dramático pero lo triste es que como tú dices casi nadie habla y los que lo hacemos a veces tenemos que cargar con ciertas consecuencias que ni siquiera son capaces de decirnos a la cara. El precio de tener principios y algo de conciencia. Valiente Ruth por decir las cosas claras.

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