El oficio de contar (mentiras)

© Fotografía: Agustín Berrueta.

© Fotografía: Agustín Berrueta.

Duodécima entrega del narrador y profesor universitario leonés, quien colabora en TAM TAM PRESS con una singular sección quincenal de pequeños relatos cuyo título, “Lenta es la luz del amanecer”, quiere ser todo un homenaje al fallecido escritor Antonio Pereira. En cada ocasión, los relatos aparecen ilustrados por el fotógrafo leonés AGUSTÍN BERRUETA. Aprovechando la Feria del Libro, aquí van cuatro pequeños cuentos sobre lectores, autores y obras:

→ El oficio de contar (mentiras)

Por FRANCISCO FLECHA

Feria del libro

Firmaba el cuentador ejemplares de su último libro en la caseta de la feria. La mujer, entre curiosa y dubitativa, preguntó:

—¿Es una novela?

—No, son cuentos.

—¡Ah, no!  No me gustan los cuentos. Se acaban demasiado pronto.

El escritor no pudo averiguar (y bien que lo sintió) a qué episodio de su vida privada se estaba refiriendo la lectora.

La joven promesa

Saturio Villanueva, cuando dejó los frailes, después de mucho rodar, vino a Madrid, en busca de trabajo. Fueron tiempos de dura competencia y había que darse a valer, según decían.

Pero estaba harto, la verdad, de esa especie de “autobombo” que hacía que mucha gente, al presentar un Informe, dijera de sí mismo: “He escrito decenas de libros y centenares de artículos”.

Cuando tuvo que pasar por un trance semejante se despachó diciendo: “Solo he escrito un libro en mi vida.  Pero no es un libro cualquiera. Son mis Obras Completas”.

El puesto al que aspiraba fue cubierto por una lumbrera de Santander que había escrito veinte veces el mismo libro, aunque con títulos distintos.

Ahora hace de negro escribiendo las Memorias de una chica de la Tele que vive por Paracuellos.

La formación del estilo

Quizás fuera esa fiebre literaria que suele acompañar a la adolescencia, el afán de sobresalir en alguna actividad en la manada o el creciente auge alcanzado en aquellos días por los cuentos y relatos.

Lo cierto es que Tarzán estaba empeñado en dedicarse a tal tarea y, necesitado como estaba de alguna orientación, quiso escuchar, como siempre, los consejos de Chita referidos a qué hay que hacer para escribir un buen relato:

—Mira, Tarzán, hijo: para escribir un buen relato hacen falta tres cositas:

  1. Tener algo que contar.
  2. Contarlo.
  3. Callarse a tiempo.

Nada más fácil y raro de encontrar, según parece.

El autor y su obra

Cuando, al fin, Don Quijote recobró la razón, poco antes de morir, por entretener los días interminables de tedio y convalecencia de su vida hidalga y pueblerina, se dio en escribir “La vida del soldado Cervantes Saavedra”, o sea, las andanzas, desvaríos y sueños literarios de un oscuro soldado retirado (y mutilado de campaña) que soñaba con alcanzar la gloria que las armas le negaron escribiendo novelas de caballeros andantes, tiernamente enloquecidos, destinadas, más que nada, a ser leídas en hilorios de cocina en los largos inviernos de estas altas parameras.

Y ya le digo, señora, si no hubiera sido por el hidalgo, poco hubiéramos sabido del soldado literato.

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