El poder de la ficción

Colectivo ruso feminista Pussy Riot.

Colectivo ruso feminista Pussy Riot.

“Quizá sea ya tarde y nos haya adormecido el veneno de la autocensura, la más efectiva estrategia de dominación que existe”. La frase forma parte de la nueva entrega de la directora de teatro Ruth Rivera en la que analiza el poder, pero también la necesidad y la relevancia de la ficción de quienes se dedican al teatro. Jóvenes o viejos, la existencia sin cuestionamiento de los límites de la realidad, viene a decir, es soporífera.

Por RUTH RIVERA

Nuestro trabajo es la ficción. Entrar de lleno en ella, investigar sus límites, reventarlos, proponer otros… Tenemos esa suerte, la de poder mezclar y reelaborar cosas de este mundo con otras que solo existen en nuestro interior. En realidad, todas las personas lo hacen, todas poseen esa capacidad, aunque no hagan de ella su profesión o no le den importancia. De hecho, bajo los criterios mercantilistas del infierno que compartimos, la ficción no es importante –a no ser que se trate de una película taquillera, de un musical de éxito o de un best-seller–.

El paso a la madurez parece consistir, precisamente, en ir olvidando la posibilidad de inventar mundos para pasar a consumir ficciones prefabricadas que nos entretengan, que nos distraigan, que nos hagan olvidar un día de trabajo o que no tenemos trabajo… Las redes sociales forman parte de esa trama de dispositivos que nos permiten un tipo de ficción virtual, pero igualmente performativa, mediante la que, como dice el Comité Invisible, representar la comedia del sujeto.

Pero, pese a su aparente inutilidad social, su condición de ocio, su categorización, a veces, como actividad festiva y superficial, en los huecos del sistema se deslizan acontecimientos que le confieren poder. Y no me estoy refiriendo a lo ficcional domesticado que vemos en tantos escenarios y cadenas de televisión, sino a aquello que se encuentra en los límites y que los cuestiona.

Estas últimas semanas se ha producido una polémica sobre los límites de la ficción, más exactamente, sobre la línea que la separa de los hechos reales. Esa frontera es el campo de lo performativo. Los tuits citados y entrecomillados de Guillermo Zapata o la protesta laica y pacífica de Rita Maestre son dos manifestaciones performativas que el entramado mediático reaccionario ha convertido en poderosas. Lo han hecho desde el cinismo, porque, en realidad, no se creen su propia indignación. Ha sido una evidente maniobra política.

Pero lo importante es que esos dos simples actos se han transformado en serias amenazas. Muchos de los puntos de la llamada “ley mordaza” certifican esta idea. Y algunas estrategias de construcción de relatos políticos también (léase el grimoso pero efectivo “tic-tac”).

Esos dos acontecimientos que han traspasado la frontera tienen mayor relación con lo real que con lo ficcional, aunque sea más por el revuelo mediático que por sí mismos. Nosotros trabajamos más bien a la inversa, tomamos lo ficcional como punto de partida y lo conectamos con el mundo. Pero en muy distintos grados: en un extremo podemos elegir apuntalar la evasión –de acuerdo con una idea normativa e interesada de entretenimiento (prefiero la definición de Bretch)– y, en el otro, el compromiso con la realidad, la denuncia, la reflexión.

No es mejor artista quien elige una cosa u otra o cualquiera de las infinitas posibilidades que se dan entre ambas. Pero la elección es importante. Y supone la posibilidad de otorgar poder a la ficción, el poder de construir un relato verdadero –no impuesto y falaz, como el que se ha cobrado la cabeza del concejal madrileño– que sea capaz de intervenir en el mundo para transformarlo, aunque solo sea un poco.

En todo caso, quizá sea ya tarde y nos haya adormecido el veneno de la autocensura –la más efectiva estrategia de dominación que existe–. Pero si no es así, si aún creemos en la necesidad y la relevancia de la ficción, tendremos que decidir si queremos en nuestras manos un arma potencialmente poderosa o una simple pistola de juguete.

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*Ruth Rivera
es codirectora de la compañía Teatro Dran.

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