En el océano de Dirac

Paul Dirac.

Paul Dirac.

Cuando se acaba de otorgar el Premio Nobel de Física 2015 a las investigaciones sobre las oscilaciones de los neutrinos de Takaaki Kajita y Arthur B. McDonald, la poeta y periodista leonesa Elena Soto nos envía para su sección de Poesía y Ciencia en TAM TAM PRESS un poema sobre Paul Dirac, el físico que ganó, junto con Schrödinger, este mismo premio en 1933.

Por ELENA SOTO

Como Océano de Dirac o Mar de Dirac se conoce al modelo teórico del vacío que sería como un mar infinito de partículas con energía negativa. Fue desarrollado por el físico Paul Dirac en 1930. Su famosa ecuación viene a decir que el vacío no está vacío, dejando entrever que en él se está creando materia que obtiene la energía del futuro. Esta se crearía en forma de partícula y antipartícula –partícula con idénticas propiedades que su partícula pero con carga contraria–.

Parecería que este Mar de Dirac, conformado por los pares partícula-antipartícula, nos lleva a la deriva pero cuando nos hacemos un PET (Tomografía por Emisión de Positrones), están en juego los positrones y sus correspondientes aniquilaciones en el interior de nuestro organismo y todo comenzó con la ecuación de Dirac.

Lápida de Paul Dirac con su ecuación en la abadía de Westminster.

Lápida de Paul Dirac con su ecuación en la abadía de Westminster.

En el océano de Dirac

En el océano de Dirac
no hay caballitos de mar,
ni corales candelabro
ni estrellas de cinco puntas con la divina proporción.
Hay partículas enigmáticas como anguilas,
cambiantes como sepias,
falaces como peces de cabeza transparente.
En el océano de Dirac
las olas van a contracorriente,
sus crestas se hunden en el abismo
anegando los cementerios marinos
donde los argonautas toman baños de sombra
junto a la ecuación relativista del electrón,
cediendo siempre un hueco al vacío.
Orientadas por conjeturas
las tortugas laúd navegan
en la espuma del espacio-tiempo del océano de Dirac
junto a una compañera imaginaria
–otra laúd idéntica desplazándose en su estela al pasado–
guiadas por el magnetismo de los primeros instantes del universo.

Muchos llaman a Dirac el esteta de la física: “Una ley física tiene que poseer belleza ma­te­mática”. Este concepto de belleza matemática, incluso antes de disponer de pruebas experimentales, guió prácticamente toda su carrera científica.

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