“Deconstrucción XI”. Tensiones espaciales en la obra de Amancio González

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El profesor universitario de Historia del Arte envía un texto crítico sobre la instalación artística que presenta estos días el escultor Amancio González, dentro del proyecto “El Hall Transformado” de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de León que este profesor comisaría desde hace años.

Por ROBERTO CASTRILLO SOTO

El hall de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de León acoge desde el 26 de octubre hasta finales del mes de noviembre la vigésimo segunda edición del proyecto artístico “El Hall Transformado”. La instalación plástica de este año, titulada “Deconstrucción XI”, ha sido diseñada y ejecutada por el escultor leonés Amancio González, invitado a desarrollar esta propuesta anual de intervención plástica y consiguiente transformación del espacio del hall de la citada facultad del campus universitario leonés. El amplio vestíbulo cuadrangular que sirve cotidianamente como eje distribuidor de las diferentes instalaciones de la facultad, articulando una comunicación tanto horizontal como vertical, fusionando las tres alturas de que consta el edificio, se convierte en soporte y parte integrante de la obra artística, de manera que entre espacio y obra se establece una vinculación recíproca e indisoluble. Si, por una parte, el marco preexistente del hall condiciona la estructuración de las piezas, por otro estas efectúan un ejercicio de interpretación acerca de sus cualidades y connotaciones, bien sea desde el plano físico o bien desde el semántico.

Así, el espacio generado por la arquitectura del hall ha resultado determinante en el proyecto desarrollado por Amancio González. La estructura geométrica cúbica con aristas de hierro que colma el espacio procede de la proyección tridimensional de la medida de los cuatro grandes cuadrados que se dibujan simétricamente en el suelo del hall. Este módulo, al emplazarse en la intersección de los mismos, genera una nueva silueta cruciforme en el pavimento, un recinto de confluencia en la superficie que se extiende en altura hasta concretarse en un volumen regular. Es entonces cuando el escultor procede a fracturar estas relaciones estables y equivalentes. Como en gran parte de sus trabajos escultóricos anteriores, la figura humana es generadora de tensiones entre la aparente regularidad de un espacio abstracto y la organicidad de la naturaleza humana. Una figura suspendida en el punto central de una de las aristas superiores del cubo, en el clímax de la acción y el límite de la ingravidez, eleva el lado contrario del cubo al tirar de una soga que recorre el eje central del techo del hall, quebrando definitivamente cualquier estado previo de reposo y provocando en el espectador una experiencia de vértigo, incertidumbre y fragilidad. Los organismos que habitan los espacios compositivos de Amancio evidencian dramas que se entablan en su interior, iniciando o desarrollando acciones físicas, manifestando sus capacidades intelectuales o emocionales en lucha permanente e irresoluble con su recinto espacial. En esta lucha de contrarios se fundamenta para el autor la naturaleza del ser. Organicidad y geometría, lógica racional y experiencia emocional, ordenamiento conceptual y percepción sensible, son ámbitos que definen una condición en permanente estado de crisis o transformación, cualidad compartida tanto por la naturaleza humana como por la acción artística y que se manifiesta con especial intensidad en los ámbitos del conocimiento y la investigación representados por una Facultad universitaria vinculada con las Humanidades.

Esta figura en tensa suspensión ha sido construida mediante la soldadura de cientos de fragmentos de varilla de hierro. Una técnica con la que Amancio González ha venido trabajando en los últimos años con excelentes resultados tanto en obras de gran escala destinadas a espacios públicos como en piezas de pequeño formato. El hierro corrugado le permite articular figuras sólidas por la naturaleza de su material pero virtualmente frágiles en su apariencia celular y traslúcida. La dureza del material se vuelve orgánica en su fragmentación incorporándose de forma cristalina al recinto espacial donde adquiere su sentido.

“Deconstrucción XI” supone un nuevo ejercicio de experimentación en torno a los ejes sobre los que Amancio contempla la condición misma de posibilidad del lenguaje escultórico: la naturaleza de la materia, la configuración plástica del espacio y la expresión sensible de la forma. Todos ellos contenidos en los límites de un recinto previo al que se ajustan y, al mismo tiempo, desequilibran.

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