El cuento de unos titiriteros y una democracia en ciernes

Títeres desde Abajo. / Imagen tomada de La Sexta,

Títeres desde Abajo. / Imagen tomada de La Sexta,

El ideólogo, fundador y director del Festival Titirimundi escribe un artículo de opinión para TAM TAM PRESS, en relación con la detención en Madrid de los dos integrantes de la compañía Títeres desde Abajo, quienes tras pasar cinco días y cuatro noches en prisión —por exhibir en un programa para niños una pancarta en la que se leía Gora Alka-ETA—, y serles incautadas sus marionetas y todo su material de trabajo, han sido puestos en libertad con cargos.

¿Hemos vuelto a los tiempos de aquella dictadura franquista donde la censura nos sobresaltaba diariamente? ¿Quién entiende a los señores de esta justicia que comete tropelías como meter en la cárcel, con urgencia, a dos comediantes por representar una historia de ficción y, sin embargo, deja libres a quienes roban a manos llenas? ¿Tan difícil es la convivencia de algunos políticos con la libertad de expresión?

Por JULIO MÍCHEL

No he visto el trabajo de los compañeros detenidos, pero, por la información que me llega, entiendo que se trata de un caso de instrumentación política de un hecho irrisorio.

Se está tergiversando la obra de “La bruja y Don Cristóbal” utilizando de manera sesgada, ¿involuntaria?, o premeditadamente –que de todo hay– algunas imágenes  para arremeter contra el gobierno municipal de Madrid. Los titiriteros son una mera excusa, aunque al mismo tiempo se comete un gravísimo atentado contra la libertad de expresión. En este punto radica la clave de todo este escándalo mediático, y, cualquier persona atenta a los avatares políticos de la capital, reconocerá en este asunto las mismas manos que convirtieron en asunto de alto interés mediático el traje azul de un rey mago de la Cabalgata de Reyes de Madrid, o los chascarrillos de un concejal novel.

Parece claro que se están manipulando los contenidos y la interpretación de la obra, por lo que entiendo que procedería interponer una denuncia contra todos aquellos que han contribuido a difamar a los titiriteros causándoles un gravísimo daño, entre ellos, ciertos medios de comunicación, el juez y el fiscal.

Si dejamos pasar este atropello, no volveremos a ver por estas tierras a Míster Punch, ni a Pulchinella, precursores de los títeres populares de cachiporra y peligrosísimos enemigos del orden establecido, que llevan siglos colgando de la horca al verdugo, servidor del juez y de su ley, entre otras muchas y divertidas maldades, para regocijo de un público que se parte de risa con sus tropelías de madera y de trapo.

Encerrar a esos muchachos en la cárcel por un inexistente delito de enaltecimiento del terrorismo y dejar en libertad a los que, está probado, han arruinado a España, es una medida que subleva.

Señor juez, el hueco en la cárcel que gracias a la presión popular han dejado los titiriteros, rellénelo con los auténticos delincuentes, ladrones y corruptos, que han dejado a este país al borde de la bancarrota, y que usted y todos conocemos bien. Los cargos ridículos que usted mantiene contra los titiriteros son un auténtico esperpento impropios de una justicia democrática.

Vivan los títeres de cachiporra, viva la sátira.

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*Julio Míchel es fundador y director de Festival Internacional de Títeres “Titirimundi” que se celebra en Segovia desde 1985.

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