Crónica / Sin Red en La Santa Sed

Plaza del Grano. © Fotografía: Antonio González Chamorro.

Plaza del Grano. © Fotografía: Antonio González Chamorro.

Concierto: Sin Red en La Santa Sed, plaza del Grano (León), el viernes 4 de marzo de 2016.

Por ANTONIO GONZÁLEZ CHAMORRO
[Texto y fotografías]

Sonnnnn, sonnnnn, sonnnnn. Repite Víctor M. Díez jugando con las palabras de uno de sus poemas. Jugando con su sonoridad como si de un ohm se tratara. Sonnnnnido.

Ruidosa la ciudad de los ventrílocuos. La menuda percusión de Chefa Alonso y la voz de Cova Villegas emulando atascos, voces, a veces pájaros, sonidos de esa ciudad ruidosa. Con el saxo de Ildefonso Rodríguez saltarín y juguetón.

Tras el atasco urbano un remanso de paz con la voz en solitario, con el amplio registro de la jazzísitica voz de Cova, del grave más profundo al agudo más alto. Con sonidos que me devuelven al campo, al paso del rebaño y al pastor con su flauta.

De ese campo el paisaje se torna astral y submarino, ecos del espacio y del océano.

Zumzumzumbando. La repetición de las sílabas de los poemas funcionan como una llamada a la que responden todos los instrumentos y la voz. Todo vale para hacer sonido: las patas de una cama antigua de hierro, los golpes de las teclas del saxo enmudecido, los juguetes, los juegos con la voz buscando todas sus posibilidades, una manguera conectada al saxo, el borde del tambor, el roce entre las baquetas, el celemín, el celemín de la voz, las carracas, el baticao, la craclkebox. Todo bien empastado entre poemas y música, como aderezando cada uno una buena conversación.

Durrrrrrrrruti. Rrrrrrrrrruido. Y la percusión menuda, ¡menuda percusión! y el virtuoso saxo de Ildefonso nos introducen en un ritmo de circo o feria antigua. Sucumbe, precipítate. Y el circo se vuelve cabaret alemán de los años 20. En el público alguien bailaba. Y los recuerdos de la música tradicional árabe te llevaban a un desierto infinito. Sin límites. Caos y orden, como en nuestra mente, como en el universo.

Tacto, tacto, tacto. Y tacto es el celemín, el tacto del cuerpo energético, no el de la piel. Tacto es la voz acariciando. Un maravilloso final. Luego el bis sería tribal, pletórico de percusión, de repetición, de sonidos a madera y a viento.

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Nota: En cursiva aparecen extractos de los poemas de Víctor M. Díez.

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