Luis Miguel Rabanal reúne en un libro sus mejores relatos de sexo desmedido

Portada del libro.

Portada del libro.

Tras reunir su amplia obra poética en “Este cuento se ha acabado” (Renacimiento, 2015), Luis Miguel Rabanal regresa a la narrativa con “La verdadera historia de Montserrat C. y otros relatos no menos imposibles” (Eolas, 2016), una colección de cuentos en los que lo erótico se erige como hilo conductor de once historias de sexo desmedido, con perdón, pero acaso no tan inverosímiles como podría parecer.

“Autor de estilo a la vez pulcro y boscoso, en la cumbre de su capacidad fabuladora y dueño de una libertad expresiva propia de maestros, Rabanal da en La verdadera historia de Montserrat C… otra vuelta de tuerca a su trayectoria como virtuoso del lenguaje, esta vez de la mano de un erotismo aquí glosado con todo lujo de pormenores, numeroso y esperpéntico, desatado y carpetovetónico… Un compendio de variaciones sobre el mismo viejo tema, en el que no falta ningún doloroso gozo, ninguna tampoco de las hirientes y deliciosas ternuras que siempre se han procurado los amantes más intensos, que son también los más espléndidos”, apunta la nota editorial.

Pero si se le pregunta al autor por lo que hay en este libro, la respuesta será mucho más breve: “Desenfado, nostalgia, erotismo, incorrección política, ternura… Vamos, lo de siempre, rabanalidades”.

Sin embargo, aunque el poeta rojo de Riello también haya dicho en algún momento que él escribe “prosa de coña para que los poemas sean más creíbles”, en los relatos reunidos en este nuevo libro el lector hallará ecos de la verbosidad y el atrevimiento joyceano, pero también resabios de nuestra mejor tradición erótico-literaria, de La Celestina de Rojas, a los “cachondeos” de Cela, una tradición a la que Luis Miguel Rabanal ya se suma en calidad de grande de nuestras letras.

Nacido en Riello (León) en 1957, Luis Miguel Rabanal es autor de la novela Elogio del proxeneta (2009) y del libro de relatos Casicuentos para acariciar a un niño que bosteza (2010), así como de una amplia obra poética que incluye, entre otros, los títulos Obdulia azul (1980), O podríamos amarnos sin que nadie se entere (Premio Leonor, 1989), Cáncer de invierno (Premio Provincia, 1998), Fantasía del cuerpo postrado (2010) o Mortajas, editado por EOLAS en 2009. El conjunto de su poesía publicada ha sido recogido en el volumen Este cuento se ha acabado. Poesía reunida (2014-1977), aparecido en 2015. Desde 1989 reside en Avilés, Asturias.

Reproducimos a continuación un fragmento de “La Tata Carolina”, uno de los relatos de “La verdadera historia de Montserrat C…”.

LA TATA CAROLINA

Luego me senté ahí a escribir, imaginando en silencio
sonidos como los del amor después de larga abstinencia.

SEAMUS HEANEY

Dicen que no soy muy mayor todavía pero el próximo 17 de junio mis papis me van a tirar de las orejas once veces (con suavidad, eso sí, porque les partiré si no la cara a hostias). Pero a lo que iba. Resulta que ayer, lunes, chateando a las tantas de la madrugada con mis colegas de 6º C del Corazón de Jesús (sección repetidores), en concreto con Berti y la Vanessa, voy y me ponen al corriente de que el padre de él, todo un señor Abogado del Estado en paro desde hace veintiocho meses, guarda con celo en su portátil un surtido de fotografías eróticas antiguas, valiosas, muy valiosas. Hasta aquí nada extraordinario. Berti descubrió el tomate antes de ayer cuando el autor de sus días olvidó la puerta abierta del despacho y no se detuvo hasta conseguir meter en un lápiz de memoria la colección que ahora, de verdad, no sé por qué, nos empieza a dar que hablar. Nos emplazamos los tres anoche para visionar el contenido más adelante y pasárnoslo estupendo. No proseguiré sin antes presumir de que la franqueza escuece a las familias más que las brasas de un cigarro puro aplastadas en el ojo. ¿Por qué acabo de escribir tamaña tontería? Chi lo sa. A mis padres apenas los conozco. Intentan involucrarme en una serie de artimañas que solo de pensarlo ya me produce una diarrea estival de la leche el mero hecho de esperar a ver cómo será la próxima de estúpida. Con ellos no hay manera. Sin embargo Berti y Vanessa son mi mundo. Precisamente Vanessa me practica las mamadas los jueves y los viernes a la salida del colegio, en el ascensor, detenido el cacharro entre el octavo y el noveno, (a pesar de que haya muy poquito que chupar, ella corrobora que llegará el día, a fuerza de probar y de probar, en que no le cogerá en la boca, tal como admiramos a diario en las películas) y luego, ya en su habitación yo le miro extasiado la teta y media (sí, subrayo lo de teta y media porque tiene una un poquitín crecida y la otra apenas si se nota) y le toco lo de abajo con el dedo y huele bien y sabe rico, a una mezcla deliciosa de churros y margarina con atún. No obstante, cambiando de tema, mis progenitores no tuvieron ninguna ocurrencia mejor que la de ponerme el mismo nombre de mi difunta hermana Adriana el día del bautizo. En masculino, por supuesto. La pobre pequeña se fue derecha al cielo con diecisiete añitos, reiteran hasta la saciedad las paredes de mi casa. También se rumorea por ahí que si no habría sido víctima de una enfermedad de esas que últimamente los telediarios definen como raras. Desde entonces a mis padres se les plasmó en el rostro, y en otros sitios que me callo, una pinta de sonados de lo más característica. Y eso que los vecinos de escalera apostillan, me supongo que para darles más ánimos si cabe, que son un par de profesionales de la salud magníficos (de la dental ella y él de la mental, añado por mi cuenta y riesgo). En lo que atañe a su aspecto físico, me quedaré corto si cotejo lo siguiente, una belleza la de mi madre comparada con la jeta de viejo y alucinado de mi padre. No insisto más porque a mí plin, yo soy de Usera que suele repetir sin gracia la Hermana Luzdivina, mi profe de Sociales, que dicen los mayores tiene un polvo.

(…)

[Fragmento de: “La verdadera historia de Montserrat C. y otros relatos no menos imposibles”, Eolas Ediciones, Col. Caldera del Dagda, León 2016].

Luis Miguel Rabanal. © Fotografía: Amando Casado.

Luis Miguel Rabanal. © Fotografía: Amando Casado.

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

Un Comentario

  1. Pingback: La verdadera historia de Montserrat C. en Asperezas – Blog del poeta Luis Miguel Rabanal

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